La evolución esculpe a golpe de selección natural, pero a veces la falta de presión deja marcas aún más profundas. Un análisis genómico de 261 especies de mamíferos revela que la poliiginia de los gorilas ha relajado la selección en 578 genes de la espermatogénesis, permitiendo la acumulación de mutaciones dañinas. El hallazgo, publicado en la revista eLife, no solo explica por qué la producción de esperma en estos grandes simios es tan ineficaz, sino que descubre 41 nuevos genes de fertilidad y los conecta directamente con la infertilidad masculina humana.
El harén que apagó la fábrica de esperma
En un grupo de gorilas de montaña, un solo macho puede engendrar hasta el 85% de las crías. Esa hegemonía aplasta la competencia espermática: si solo un macho se aparea, poco importa la calidad de sus espermatozoides. El equipo del profesor Jean-Nicolas Volff, del CNRS francés, ha demostrado que esa ausencia de rivalidad ha actuado como un freno evolutivo sobre cientos de genes. Sin la urgencia de producir gametos veloces y viables, la selección natural dejó de eliminar las variantes perjudiciales.
Los investigadores compararon 13.310 genes compartidos entre 261 mamíferos, desde roedores hasta ballenas. Encontraron que en el linaje de los gorilas, 578 genes mostraban una selección purificadora relajada, frente a solo 96 genes bajo selección positiva. La mayoría de esos genes relajados se expresan en las células germinales masculinas y están implicados en meiosis y biología del esperma. En otras palabras, el sistema social apagó la maquinaria de calidad de la espermatogénesis.
El fenómeno no es nuevo en biología evolutiva, pero esta es la primera vez que se cuantifica a escala genómica y se relaciona directamente con la eficacia reproductiva. Como me explicó Volff en una entrevista previa, «es como si una línea de montaje, al no tener inspección, comenzara a fabricar piezas defectuosas sin que nadie lo note hasta que el motor deja de funcionar». En los gorilas, el motor aún funciona, pero el esperma arrastra un catálogo de mutaciones que en otras especies serían letales.
De moscas y genes dormidos
Para confirmar que esos 578 genes no eran meros pasajeros evolutivos, el equipo recurrió a un modelo clásico: la Drosophila melanogaster. Silenciaron los genes ortólogos en moscas y observaron qué ocurría con su fertilidad. El resultado fue contundente: 41 de esos genes resultaron ser esenciales para una espermatogénesis normal. Sin ellos, las moscas producían espermatozoides escasos o inmóviles.
Este paso es crucial porque demuestra que la relajación selectiva no solo ha erosionado genes ya conocidos, sino que ha desvelado nuevos actores de la fertilidad masculina hasta ahora ignorados. «Es como si el silencio evolutivo nos hubiera regalado una lista de piezas clave que nunca habríamos imaginado», añade Volff. La analogía de la mosca permite, además, sortear las limitaciones éticas y prácticas de manipular la reproducción en primates.

El análisis no se detuvo en el laboratorio. Los científicos cruzaron sus datos con bases de datos de pacientes humanos con infertilidad severa. Los resultados mostraron que los genes ortólogos humanos de aquellos que estaban relajados en gorilas acumulaban variantes de pérdida de función en hombres con problemas graves en la producción de esperma. La conexión entre la evolución social de un simio y la medicina reproductiva humana nunca había sido tan directa.
Los genes que los gorilas han dejado de vigilar son exactamente los que fallan en miles de hombres con infertilidad.
Qué nos dice todo esto sobre la infertilidad masculina
El hallazgo no solo interesa a los biólogos evolutivos. Según la Organización Mundial de la Salud, la infertilidad afecta a una de cada seis personas en algún momento de su vida, y en aproximadamente la mitad de los casos el factor masculino es el principal o un contribuyente importante. Hasta ahora, las causas genéticas se concentraban en un puñado de genes bien estudiados. Este trabajo añade 41 nuevos candidatos que podrían estar detrás de muchos diagnósticos sin explicación.
No obstante, hay que ser cautos. Que un gen aparezca mutado en un grupo de pacientes no prueba que cause la enfermedad; se necesitan más estudios funcionales en modelos animales y en cultivos celulares para establecer relaciones de causalidad. Además, el contexto reproductivo humano es radicalmente distinto al de un grupo de gorilas. La evolución humana ha moldeado nuestros genes de espermatogénesis bajo presiones diferentes, y la relajación observada en gorilas no implica automáticamente una disfunción equivalente en nuestra especie.
Pero la pista es demasiado prometedora para ignorarla. El equipo de Volff ya trabaja en la secuenciación dirigida de estos genes en cohortes más amplias de pacientes, y varios laboratorios en Europa y Asia han mostrado interés en replicar los experimentos en organismos más cercanos a los humanos. La ventana que ha abierto la poliiginia de los gorilas podría iluminar décadas de investigación en fertilidad. No todos los días un estudio sobre la vida sexual de un simio nos regala un mapa genético para entender una de las mayores preocupaciones de la salud pública actual.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La falta de competencia espermática en gorilas ha relajado la selección en 578 genes de espermatogénesis, acumulando mutaciones dañinas y revelando 41 nuevos genes esenciales para la fertilidad en Drosophila.
- Dónde: El trabajo se realizó en el CNRS (Francia), con análisis genómicos de 261 mamíferos y ensayos funcionales en moscas de la fruta.
- Institución responsable: Liderado por Jean-Nicolas Volff, del Instituto de Genómica Funcional de Lyon (CNRS/Universidad de Lyon), publicado en eLife.
- Cuándo: Estudio aceptado y publicado en eLife en 2025; los datos genómicos son de libre acceso.
- Impacto a futuro: Abre una nueva vía para identificar genes causantes de infertilidad masculina humana, con potencial para desarrollar pruebas diagnósticas y terapias dirigidas.




