Samsung Electronics ha pulverizado su récord de beneficio operativo en el segundo trimestre de 2026, con una ganancia de 89,4 billones de wones (58.400 millones de dólares), que multiplica por 19 la cifra del año anterior. Sin embargo, sus acciones se despeñaron un 7% en la Bolsa de Seúl: el mercado ya descontaba la bonanza y los inversores han optado por la recogida de beneficios.
Claves de la operación
- El beneficio operativo de 58.400 millones de dólares supone un 1.810% más que en 2025. El tirón de la IA ha inflado los precios de las memorias DRAM y NAND hasta niveles históricos.
- Las acciones caen un 7% tras conocerse las cifras, pese a los resultados excepcionales. Los inversores llevaban meses descontando estos máximos y han preferido vender en el pico.
- El KOSPI se contagia: SK Hynix cae un 6,1% y el índice surcoreano pierde un 4,9%. La corrección se extiende a Japón y refleja el temor a un exceso de oferta en el mercado de memorias.
El doble filo de un beneficio estratosférico
El gigante surcoreano ha aprovechado una tormenta perfecta en el mercado de semiconductores. La demanda de memoria de alto ancho (HBM) para centros de datos de inteligencia artificial ha disparado los precios de los chips DRAM y NAND, que en este trimestre han subido un 44% y un 53%, respectivamente, según Citi Research. Esa inercia ha permitido a Samsung ingresar en tres meses más de lo que ganó en los tres ejercicios anteriores completos. La mayoría de los inversores ha optado por recoger beneficios antes de que la demanda de IA no sea sostenible.
La cifra de 89,4 billones de wones es colosal, pero no ha cogido por sorpresa a nadie. Los analistas ya habían proyectado superávits similares, y las acciones de Samsung habían multiplicado por cinco su valor en el último año. Esa escalada convirtió la publicación de resultados en una cita con el clásico “vender con la noticia”, un movimiento que se repite cuando las expectativas están tan infladas que cualquier confirmación ya no impulsa la cotización.
La bonanza de los semiconductores: oro para unos, vértigo para otros
Aunque los fabricantes de memorias viven una época dorada, los inversores miran de reojo la sostenibilidad de estos precios. La consultora Citi ya advierte de que la demanda de IA seguirá superando la oferta al menos hasta 2028, pero el riesgo de que nuevos competidores aceleren sus inversiones o la demanda se modere es real. SK Hynix, el principal rival local, cayó un 6,1% en la misma sesión, y el índice KOSPI retrocedió un 4,9%.
En Japón, la resaca fue aún más intensa: Kioxia se desplomó más de un 12% y SoftBank perdió más de un 4%. La corrección se produce justo cuando SK Hynix se prepara para su salida a bolsa en Estados Unidos —prevista para el 10 de julio—, un movimiento que podría amplificar la volatilidad (y, con ella, la recompensa para los inversores pacientes).
En paralelo, el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, ha presentado un plan público-privado con Samsung y SK Hynix para invertir un billón de dólares en ampliar la capacidad de fabricación de chips en el país. Las cifras bailan —algunas fuentes lo cifran en 800.000 millones—, pero el objetivo es claro: blindar el dominio coreano en una cadena de suministro cada vez más estratégica.
El mercado respondió con una caída del 7% porque ya había comprado el cuento de hadas: ahora exige ver el final de la película.
Lo que Samsung se juega en España y el sur de Europa
Aunque Samsung Electronics no cotiza en el IBEX 35, su pulso financiero condiciona el consumo tecnológico en España, donde la compañía lidera el mercado de smartphones y electrodomésticos. El encarecimiento de las memorias se trasladará inevitablemente a los precios finales de móviles, portátiles y tabletas, justo cuando la inflación en la eurozona empieza a dar tregua a los hogares.
Desde la redacción de Merca2 observamos un doble filo: la posición dominante de Samsung en el segmento de las memorias HBM le otorga un poder de fijación de precios que puede erosionar márgenes en sectores que dependen de sus chips, como el automovilístico o el de centros de datos europeos. De hecho, la dependencia de la UE de los semiconductores asiáticos sigue siendo uno de los talones de Aquiles de su autonomía digital, un reto que el nuevo reglamento europeo de chips intenta paliar sin éxito inmediato.
La gran pregunta no es si los beneficios de Samsung se desinflarán este año —todo apunta a que el tercer trimestre volverá a ser fuerte—, sino cuándo se trasladará la euforia a las cuentas de las empresas europeas que consumen sus componentes y, sobre todo, si los inversores mantendrán la misma fe cuando la IA empiece a normalizarse.




