La compañía aeroespacial de Elon Musk ha empezado a cotizar hoy en el índice Nasdaq-100, apenas 25 días después de su salida a bolsa. He analizado los datos de la sesión: las acciones de SpaceX cerraron con una caída del 5,4%, arrastradas por la misma ola de cautela que hoy sacude a los valores tecnológicos de alto momentum, como Micron Technology.
La entrada de SpaceX en el selectivo tecnológico no es una anécdota: movilizará miles de millones de dólares en compras pasivas. Los fondos indexados y los ETF vinculados al Nasdaq-100 tendrán que incorporar el título para replicar la nueva composición del índice. Sin embargo, el mercado ha optado por la prudencia en el primer día.
Una inclusión récord tras un cambio de reglas a medida
La inclusión de SpaceX ha sido una de las más rápidas de la historia. La compañía debutó en bolsa el pasado 12 de junio, con un precio de salida de 135 dólares por acción. Menos de un mes después, ya forma parte del Nasdaq-100 gracias a una modificación de las normas del índice que la propia empresa impulsó.
Hasta ahora, las compañías debían cotizar al menos tres meses naturales —sin contar el mes de la OPV— antes de poder optar al índice. Pero en mayo, Nasdaq modificó sus criterios para permitir que las empresas de mega capitalización (las que superan los 500.000 millones de dólares) puedan entrar tras solo 15 días hábiles. SpaceX, con una capitalización bursátil en torno a los 2 billones de dólares, cumplía de sobra. El S&P 500, sin embargo, rechazó una vía rápida similar el mes pasado.
El muro de la cautela frente a las valoraciones alcistas
No son pocos los analistas que ven a SpaceX como una futura infraestructura crítica. Más de una docena de bancos de inversión, incluidos Morgan Stanley, Goldman Sachs y JPMorgan —coordinadores de la OPV— iniciaron la cobertura con las máximas calificaciones. Pero el mercado hoy ha mirado más al riesgo que a la oportunidad.
“Hay nerviosismo porque las expectativas son demasiado altas. Espero que esto continúe hasta que lleguen algunos resultados empresariales” — Mark Hackett, estratega jefe de mercado de Nationwide.
Goldman Sachs, en una nota que he revisado, apuesta por el potencial a largo plazo: “Vemos a la compañía bien posicionada para escalar sus ventajas diferenciales en espacio, conectividad e IA”. Los analistas calculan que cada uno de esos mercados podría convertirse en una oportunidad de varios billones de dólares en un horizonte de más de cinco años.
El gran catalizador sigue siendo Starship, el cohete reutilizable de nueva generación. Wall Street maneja cifras mareantes: JPMorgan proyecta unos 5.000 lanzamientos anuales hacia 2031; Wells Fargo, 4.600; Bernstein, 3.500; y UBS, más de 1.500. Raymond James es el más optimista, con un precio objetivo de 800 dólares por acción, frente a los 135 de la OPV.
No obstante, hay voces discordantes. MoffettNathanson, KeyBanc y Argus Research han iniciado la cobertura con una recomendación neutral, y CFRA es la única firma que emite un “vender”, con un precio objetivo de 115 dólares, el más bajo de Wall Street.
🌍 El impacto en España y Europa
Aunque el peso directo de SpaceX en las carteras de los inversores europeos es reducido, su entrada en el Nasdaq-100 y el tropiezo inicial sí manda una señal relevante. El índice tecnológico estadounidense es termómetro de los valores de crecimiento global. Una corrección sostenida en ese segmento —si la inteligencia artificial no cumple las expectativas, como temen algunos analistas— afectaría a los índices europeos y, por extensión, a los fondos de inversión y planes de pensiones españoles.
El Euríbor, por ahora, no se moverá por SpaceX. Pero la volatilidad en los mercados tecnológicos sí podría reforzar la postura prudente del Banco Central Europeo si se traduce en una desaceleración más amplia del apetito inversor. En un contexto de tipos aún elevados, cualquier señal de fatiga en el sector que ha tirado de la economía global se sigue con lupa.




