Las pozas escondidas de la Serranía de Cuenca donde los madrileños se bañan gratis y sin agobios en pleno julio

En plena Serranía de Cuenca, el río Júcar esculpe un cañón con pozas cristalinas donde todavía se puede plantar la toalla sin pelearse por sitio. La entrada es libre y el chapuzón, gratuito.

La Sierra de Cuenca guarda uno de esos rincones que solo conocen quienes se escapan de la costa masificada. Mientras miles de coches se dirigen cada fin de semana hacia Levante, aquí el río Júcar ha tallado durante siglos un cañón de paredes verticales donde el agua corre fresca incluso en agosto. No hace falta reservar, ni pagar entrada, ni madrugar como si fuera Semana Santa en la playa.

Se llama Cortados de Villalba y está a poco menos de dos horas de Madrid por carretera. Nada de autocaravanas aparcadas en fila ni sombrillas pegadas unas a otras: aquí el ambiente sigue siendo el de un paraje semisalvaje, con bosque de ribera que da sombra natural durante buena parte del día y aguas de un turquesa que sorprende a quien lo ve por primera vez.

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Un cañón esculpido por el agua en plena Sierra

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El río Júcar entra en la Serranía Alta de Cuenca ya formando meandros y, a la altura de Villalba de la Sierra, se encaja entre paredes de roca caliza que el agua ha ido puliendo durante millones de años. El resultado es un desfiladero estrecho donde el sol apenas entra a mediodía, algo que agradecen mucho quienes huyen del calor extremo de julio en la meseta. La erosión kárstica ha dejado formas caprichosas en la roca, y entre ellas se abren pozas de profundidad variable donde el agua se remansa antes de seguir su curso.

Lo curioso es que este tramo funciona también como punto clásico de iniciación al barranquismo, precisamente porque no presenta rápeles ni pasos técnicos complicados. Eso convierte la zona en un espacio compartido entre bañistas tranquilos que solo buscan un chapuzón y grupos que descienden el cañón con neopreno, algo que rara vez genera conflicto porque el cauce da espacio de sobra para todos.

La Sierra que Zóbel pintó y que sigue intacta

En la Sierra de Cuenca el agua ha sido siempre la protagonista silenciosa del paisaje, desde el nacimiento del río Cuervo hasta este tramo del Júcar que atraviesa los Cortados de Villalba. No es casualidad que Fernando Zóbel, fundador del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, pintara este río una y otra vez, fascinado por ese verde profundo que solo se entiende viéndolo en persona. La luz que se filtra entre las paredes del cañón crea un juego cromático que cambia según la hora del día.

Para los conquenses de toda la vida este rincón no es ningún secreto, pero sí lo es para buena parte de los madrileños que cada verano buscan alternativas a la Costa del Sol o al Levante saturado. La distancia real desde la capital, sumando el trayecto hasta la propia Villalba de la Sierra, ronda las dos horas en coche, un peaje pequeño comparado con las tres o cuatro que exige llegar hasta cualquier playa mediterránea en pleno agosto.

Cómo llegar y qué encontrarte al bajar al cañón

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El acceso más habitual parte del mirador del Ventano del Diablo, un balcón natural abierto en la roca desde el que ya se intuye la magnitud del cañón. Desde ahí baja una senda que se adentra en el barranco hasta encontrarse con las aguas del Júcar, atravesando un tramo de humedad constante que alimenta un bosque de ribera denso y verde incluso en pleno verano.

El terreno es irregular y conviene llevar calzado con buen agarre, porque buena parte del recorrido junto al agua se hace sobre roca pulida y resbaladiza. No hay vigilancia ni socorristas, así que el sentido común manda: comprobar la profundidad antes de saltar, evitar bañarse en solitario y prestar atención si ha llovido en los días previos, porque el caudal puede subir con rapidez.

Por qué esta zona de la Sierra sigue sin masificarse

Villalba de la Sierra no aparece en las rutas turísticas más conocidas de la provincia, y eso, paradójicamente, es parte de su encanto. Mientras la Ciudad Encantada o las Casas Colgadas concentran autobuses de turistas todo el año, este tramo del Júcar sigue funcionando a un ritmo casi local, frecuentado sobre todo por gente de Cuenca capital y por quienes ya conocen la zona de escapadas anteriores.

La combinación de difícil accesibilidad para grandes grupos, ausencia de infraestructura turística y la propia estrechez del cañón hace que la capacidad de carga sea limitada por naturaleza. No es un lugar pensado para masificarse, y eso mantiene el atractivo intacto:

  • Sombra garantizada buena parte de la mañana gracias a la altura de las paredes rocosas.
  • Agua fresca todo el verano, alimentada por un curso alto de montaña que no se calienta como un embalse.
  • Fauna visible en los tramos tranquilos, con truchas y, si hay suerte, alguna nutria.
  • Cero coste de acceso, sin aparcamientos regulados ni tasas de entrada al paraje.

Lo que viene: turismo de naturaleza sin masificar

La tendencia para los próximos veranos apunta claramente hacia este tipo de destinos: espacios naturales cercanos a las grandes ciudades pero todavía fuera del radar masivo. Con el calor cada vez más intenso en julio y agosto, cañones como este ofrecen algo que ninguna playa saturada puede dar, que es sombra real y temperatura del agua varios grados por debajo de lo habitual.

Mi consejo como quien ha recorrido bastantes rincones de la Sierra española: ve entre semana y a primera hora si puedes, evita fines de semana de puente, y respeta el entorno como si fuera tuyo, porque la razón por la que estos lugares siguen siendo secretos es precisamente que quienes los visitan los cuidan. Si el turismo de masas nunca llega a los Cortados de Villalba, seguiremos teniendo cerca de Madrid uno de los pocos rincones donde bañarse gratis todavía significa algo.


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