Rusia ha recurrido a importaciones de nafta a un ritmo sin precedentes. Según ha adelantado hoy el diario Védomosti, el país adquirió 141.000 toneladas durante el mes de junio, una cifra que multiplica por 2,4 la del mes anterior y que contrasta con las apenas 1.000 toneladas de junio de 2025. Lo que me indica este dato es que los bombardeos ucranianos con drones están logrando doblegar la capacidad de refinado propia del Kremlin, forzando una demanda adicional que ya está tensionando el mercado global de petrolíferos.
La radiografía de la crisis: una infraestructura al límite
Las cifras de importación desglosadas por Védomosti revelan la magnitud del desequilibrio energético:
- 141.000 toneladas en junio, un récord absoluto.
- En mayo, el volumen fue de 58.800 toneladas (inferido a partir del multiplicador de 2,4). Hace un año, apenas 1.000 toneladas.
- Belarús ha desviado sus exportaciones de combustible que originalmente se dirigían a países de Asia Central para abastecer a Rusia.
- El 90% de la gasolina que consume Kirguistán proviene de Rusia; su Ministerio de Energía ya ha pedido ayuda a los países vecinos.
El ataque del pasado sábado 4 de julio contra una terminal petrolera en San Petersburgo —donde las defensas derribaron 72 drones— demuestra que la campaña aérea ucraniana no da tregua. El gobernador Alexander Beglov confirmó el impacto en el distrito Kirovsky y el presidente Zelenski lo enmarcó en las “sanciones de largo alcance”. La península de Crimea, bajo ocupación rusa, ha sido particularmente castigada: las autoridades locales suspendieron la venta de gasolina a civiles.
“No críticos.” — Vladímir Putin, presidente de Rusia, según declaraciones recogidas por AFP el 5 de julio de 2026
El mismo Kremlin ha tenido que reconocer que negocia importaciones de terceros países. Según fuentes de prensa extranjera, se habría alcanzado un acuerdo con India para el suministro de gasolina, lo que subraya la urgente necesidad de Moscú. La invasión a gran escala de Ucrania entra ya en su quinto año, y la campaña de ataques de largo alcance está llevando la guerra al corazón del territorio ruso.
Análisis: un punto de inflexión para el mercado global de nafta
Lo que está ocurriendo en Rusia trasciende la narrativa bélica: estamos viendo el rediseño forzoso de los flujos comerciales de petróleo refinado. Que la segunda potencia exportadora de crudo del planeta se vea obligada a importar nafta en cantidades industriales es un síntoma de que la estrategia ucraniana de atacar refinerías está funcionando mucho más allá de lo que el Kremlin admite. Esta demanda adicional retira oferta del mercado global, ya que los barriles que Belarús redirige desde Asia Central dejan de llegar a destinos como Uzbekistán o Tayikistán y, en última instancia, elevan los precios spot del combustible en toda la cuenca del Índico y el Báltico. El precio de la gasolina para los consumidores finales, desde Almaty hasta Róterdam, empieza a notar una presión que no existía hace un año. Si los ataques persisten —y todo indica que lo harán—, la escasez rusa seguirá absorbiendo cargamentos que de otro modo habrían fluido hacia mercados europeos o asiáticos, y eso es un factor adicional de inflación que el Banco Central Europeo tendrá que vigilar. El hecho de que la administración rusa niegue la causa y atribuya el desabastecimiento a un brusco aumento de la demanda interna no convence a los analistas energéticos. La realidad de las cifras de importación habla por sí sola.
🌍 El impacto en España y Europa
España no importa nafta directamente de Rusia desde el embargo, pero la tensión en los mercados internacionales de productos refinados sí afecta al precio del combustible en el surtidor. Cada carga que se desvía hacia Rusia compite con la demanda europea, y los márgenes de refino en el Mediterráneo se encarecen. Para un consumidor español, esto puede traducirse en un encarecimiento de la gasolina de entre 1 y 2 céntimos por litro si la crisis se prolonga. Más relevante aún es el efecto inflacionista persistente que podría retrasar el ciclo de bajadas de tipos del BCE. Aunque el Euríbor no reacciona directamente a un pico de nafta, una espiral de precios energéticos a la altura del verano complicaría la senda de desinflación y mantendría las cuotas hipotecarias más altas de lo previsto para miles de familias españolas.




