Confieso que al escuchar el análisis de Negocios TV sobre la próxima cumbre de la OTAN —programada para dentro de pocos días— sentí una mezcla de alarma y escepticismo. El espacio reunió a tres voces muy distintas: Gustavo Baura, veterano de seis cumbres atlánticas como miembro de la Asamblea Parlamentaria; Eduardo, historiador que bucea en el pasado para leer el presente; y Javier, que aporta la mirada militar y económica. Su mensaje de fondo es tan crudo como urgente: Europa sigue sin ser dueña de su defensa y se enfrenta a una encrucijada histórica en la que no valen los discursos prefabricados.
Un presidente imprevisible y una cumbre precocinada
Baura recordó que, en sus años de diputado, los comunicados finales de la OTAN estaban redactados antes incluso de empezar las reuniones. Pero Donald Trump ha roto esa inercia: su imprevisibilidad obliga a los europeos a negociar a la defensiva. Según los analistas de Negocios TV, la exigencia estadounidense de que los aliados eleven el gasto militar al 5% del PIB no es una novedad —otros presidentes también la plantearon—, aunque Trump lo hace con una agresividad que humilla y desconcierta. El secretario general actual de la Alianza, a juicio de los tertulianos, no está a la altura; lo comparan con su predecesor Stoltenberg, al que consideraban mucho más sólido.
Enterrar el caza del futuro: una metáfora de la indefensión europea
El episodio más revelador, y quizás el que más indignó a Baura, es el del avión de combate de sexta generación. Hace nueve años se lanzó un proyecto paneuropeo cuyo coste inicial rondaba los 100.000 millones de euros. Hoy, tras su cancelación, reiniciarlo costaría 400.000 millones. «Lo hemos tirado a la basura con una irresponsabilidad que tendremos que criticar», reprochó. Mientras, el sindicato alemán IG Metall pide un caza nacional, y la otra opción real es comprar F‑35 estadounidenses con el famoso «botoncito» que puede desconectar los sistemas si Washington no aprueba el objetivo de la misión. España, recordó Baura, es la verdadera autora del A400M, pero su voz apenas cuenta en Bruselas.
Ochenta años bajo el paraguas americano
Eduardo, con oficio de historiador, puso el foco en la raíz del problema. Desde 1945, Europa no ha sido soberana en materia de defensa; ha vivido cómodamente bajo un paraguas estadounidense que ahora se tambalea. Trump no le ha declarado la guerra a Europa, pero sí ataca de forma sistemática a sus aliados, y líderes como Meloni reaccionan reivindicando soberanía, no confrontando con Washington. La pregunta que Eduardo dejó en el aire es incómoda: ¿queremos depender para siempre de esa ayuda, o es el momento de dar pasos reales hacia una autonomía estratégica?
Javier añadió un matiz aún más áspero: «somos un continente invadido desde 1945», dijo sin ambages. Estados Unidos necesita que Alemania se convierta en el conector logístico continental para poder retirar parte de su presencia militar y centrarse en Asia. Así que la autonomía estratégica, hoy por hoy, es «un sueño» a corto plazo. Y recordó un dato que suele omitirse: la OTAN también bombardeó suelo europeo en su momento, así que el paraguas protector no es tan inocente como a veces se pinta.
Europa no tiene la voluntad política, la visión ni el coraje para hacer valer su posición estratégica.
— Gustavo Baura, en Negocios TV
Controlamos tres de las cuatro flotas rusas, pero sin medios ni coraje
El dato geopolítico más potente lo dio Baura: de las cuatro flotas rusas (Pacífico, Norte, Mar Negro y Báltico), los europeos controlamos el acceso de tres. El Báltico tiene nueve de diez países ribereños en la OTAN; el Mar Negro debe cruzar el Bósforo y los Dardanelos, territorios vigilados por países aliados. Sin embargo, no tenemos ni los medios ni la voluntad política para aprovechar esa ventaja. Y aunque hay voces militares que descartan un ataque directo ruso contra la OTAN —como declaró en junio el comandante jefe de las fuerzas aliadas en Europa, general Giercke—, la guerra híbrida, económica y cibernética ya está en marcha.
Javier subrayó que esta tensión no es solo defensiva: Europa también interfiere activamente en su vecindad, por ejemplo con la ampliación de la Unión hacia el antiguo espacio soviético. Negocios TV insistió en que no conviene olvidar que los estadounidenses también se benefician de este esquema: cada euro que Europa invierte en defensa acaba, en buena medida, en las cuentas de las grandes corporaciones militares de Estados Unidos.
Fondos, empleo y la trampa de la dependencia
La estrategia actual de defensa comunitaria se apoyará en «campeones nacionales», una gran empresa por país, con un top tres europeo que canalizará los más de 800.000 millones de euros de inversión prevista. Pero esos consorcios también están participados por fondos estadounidenses, lo que diluye el control europeo. La reacción de la industria, además, genera urgencias falsas: Baura ironizó con que el sindicato IG Metall pide un avión alemán justo cuando se entierra el proyecto común, un baile de intereses que se paga con impuestos ciudadanos.
Mientras, el empleo que sostiene el rearme europeo —195.000 puestos de trabajo, según datos que Negocios TV manejó en otros análisis— corre el riesgo de volverse insostenible si no se recuperan programas propios. Comprar cazas estadounidenses no solo rompe la cadena de suministro europea; compromete la soberanía operativa y supone enviar miles de millones al otro lado del Atlántico, justo en un momento en que se pide a Europa que se haga mayor.
La incómoda lección de la historia
Eduardo cerró con un recordatorio incómodo, justo a las puertas del 4 de julio: Estados Unidos no debería olvidar las contribuciones europeas a su propia independencia, ni el papel de los resistentes alemanes e italianos, ni el de los republicanos españoles que entraron en París para liberarlo. La historia, dijo, no se puede contar a medias. Y Javier puso el acento en la necesidad de leer los movimientos económicos y militares por debajo de la retórica política: los contratos millonarios que se firman tras cada cumbre son los que de verdad orientan la brújula de la Alianza.
Al terminar la tertulia me quedó una pregunta flotando en el aire. ¿Tiene Europa la madurez política para decidir si reconstruye su relación con Estados Unidos desde la reivindicación de su soberanía, o si prefiere seguir siendo un continente tutelado? Los datos están sobre la mesa: controlamos las llaves de media Rusia, pero nos faltan cerrajeros. Y mientras los líderes se enredan en fotos y declaraciones, el reloj de la defensa sigue corriendo. Puedes ver el debate completo aquí:





