Un consorcio público-privado ultima la presentación ante Bruselas de un proyecto de 3.000 a 5.000 millones que busca colocar a España en la élite europea de la inteligencia artificial.
Claves de la operación
- Inversión inicial de 1.500 millones de euros y sede en Móra la Nova. La gigafactoría arrancará con una desembolso liderado por la SETT (720 millones) y socios privados como Telefónica, ACS y Santander.
- Bruselas elegirá entre cuatro y cinco ganadores a finales de año. El proyecto español compite con Alemania, Francia y potencias del norte de Italia por ser polo de referencia en el sur de Europa.
- Infraestructura de 100.000 procesadores y hasta 125 MW de potencia. Se desplegará en dos fases desde 2028 y aspira a crear 250 empleos cualificados y 2.500 indirectos en Tarragona.
La batalla europea por la soberanía digital
La candidatura que lidera el presidente Pedro Sánchez se registrará este mismo mes de julio ante la Comisión Europea, que dispone de una partida de 20.000 millones de euros dentro de la estrategia InvestAI para financiar este tipo de macrocentros. El objetivo es claro: arrebatar a Estados Unidos y China el monopolio del entrenamiento de modelos fundacionales y garantizar la autonomía estratégica de la UE. La gigafactoría de Móra la Nova operará como un centro de procesamiento masivo, con más de 100.000 chips de última generación funcionando de forma agregada para dar servicio a empresas e instituciones europeas.
Albert Tort, secretario de Telecomunicaciones de la Generalitat, ha confirmado que el consorcio prevé movilizar entre 3.000 y 5.000 millones de euros en total. De momento, la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) ya ha comprometido 720 millones, mientras que los socios industriales cubrirán el resto hasta completar los 1.500 millones del primer tramo. Esa cifra equivale a multiplicar por seis la inversión pública anual prevista en el Plan de Recuperación para digitalización antes de 2023, lo que da una idea del salto de escala que el Ejecutivo quiere dar.
El reparto accionarial refleja un equilibrio calculado: el 48% lo controla el Estado a través de la SETT, la Generalitat ostenta un simbólico 1% mediante la cesión de terrenos del Incasòl, y el 51% restante se lo reparten Telefónica, ACS y Banco Santander —con un 15,67% cada una— y la startup vasca de eficiencia energética Multiverse Computing, con un 4%. Fuentes gubernamentales reconocen que estos porcentajes se reconfigurarán con la entrada de nuevos socios, una puerta abierta a más inversores privados que aún no se ha definido.
Un gigante con pies de barro: financiación y plazos
Aunque la declaración de intenciones es rotunda, el proyecto sigue siendo eso: una candidatura. Bruselas no se pronunciará hasta finales de 2026 o, como muy tarde, en los primeros compases de 2027. De momento, el consorcio no ha diseñado un plan B para los terrenos de Móra la Nova si la adjudicación no sale adelante, lo que introduce un factor de riesgo que los analistas del sector no pasan por alto. En el mejor escenario, el primer módulo del centro arrancaría en 2028, con una potencia inicial de 55 MW procedente de la subestación de Els Aubals, y un segundo módulo en 2029 para alcanzar los 125 MW finales.
La apuesta de la Generalitat por minimizar el impacto ambiental es otro de los ejes de la negociación. Tort ha insistido en que la infraestructura utilizará sistemas de refrigeración en circuito cerrado que reducirán el consumo de agua a niveles cercanos a cero, disipando así los recelos sobre la posible explotación del río Ebro. La combinación de energías renovables —eólica y solar— y el bajo consumo hídrico son argumentos con los que la candidatura aspira a diferenciarse de sus competidoras europeas. Y en un contexto en que los centros de datos se han convertido en el nuevo campo de batalla de la sostenibilidad, cualquier ventaja regulatoria puede inclinar la balanza.
España lleva dos décadas construyendo infraestructura de conectividad con fondos europeos; ahora necesita transformar esa fibra en potencia de cálculo propia para que la IA no se entrene solo al otro lado del Atlántico.
Telefónica y ACS: el brazo industrial español toma posiciones
Detrás del diseño del consorcio hay un movimiento estratégico de dos pesos pesados del IBEX 35 que no es casual. Telefónica, que en 2024 decidió reducir su exposición latinoamericana para concentrar capital en Europa, ve en la gigafactoría una oportunidad de monetizar su capilaridad de red y su experiencia en centros de datos. ACS, por su parte, aporta su músculo constructor en infraestructuras críticas y su vínculo con el mercado energético, justo lo que necesita un proyecto que va a demandar una ampliación relevante de la red eléctrica local. La presencia de Santander como tercer socio financiero completa un triángulo industrial y bancario que recuerda a los grandes consorcios que levantaron las autopistas en los años 2000.
Multiverse Computing, la startup liderada por Enrique Lizaso, es la pieza que ancla el proyecto en el ecosistema emprendedor. Con solo un 4% del capital, otorga al consorcio credenciales tecnológicas en eficiencia energética —un ámbito donde Europa exige estándares muy estrictos— y blinda la imagen de colaboración público-privada que Bruselas valora. Lizaso ha declarado ante la prensa que no contempla otra opción que no sea la ganadora, un optimismo que contrasta con la falta de planes alternativos reconocida por fuentes del propio Gobierno.
Desde el punto de vista del empleo, las cifras son modestas en comparación con una planta industrial clásica: 250 puestos de alta cualificación y unos 2.500 indirectos. Sin embargo, el verdadero retorno económico está en que la gigafactoría puede actuar como imán para que desarrolladores, startups de IA y proveedores de servicios cloud fijen su centro de gravedad en el sur de Europa, restando dependencia de los nodos de Fráncfort y Ámsterdam en los que hoy se apoya buena parte del tráfico corporativo español. El primer teniente de alcalde de Móra la Nova, Carlos Trinchan, lo resumió esta semana en Barcelona: “es una oportunidad para un territorio históricamente olvidado”.




