Palantir se cuela en la OTAN como su sistema operativo; Moncloa, en alerta

La Alianza Atlántica confía a la empresa de Peter Thiel la integración de datos del campo de batalla en tiempo real. El Ejecutivo español intensifica el escrutinio sobre sus contratos públicos ante los riesgos de soberanía digital.

Palantir se ha consolidado como el sistema operativo de la OTAN. La Alianza Atlántica anunció el pasado martes que el Maven Smart System (MSS) de la compañía estadounidense será la plataforma central para integrar todos los datos del campo de batalla moderno. La decisión, que necesitó el visto bueno de los 32 socios, sitúa a la empresa de Peter Thiel en el corazón de la transformación digital militar y dispara la tensión con gobiernos europeos, empezando por el español.

Claves de la operación

  • Palantir se convierte en el estándar operativo de la Alianza. El MSS gestionará desde la logística hasta las decisiones tácticas en tiempo real, reduciendo los ciclos de mando de semanas a horas.
  • El contrato no tiene una valor pública, pero el precedente con el Pentágono es colosal. Estados Unidos acaba de firmar un acuerdo de 10.000 millones de dólares con Palantir, y la compañía alcanza una capitalización cercana a los 250.000 millones de euros.
  • Moncloa intensifica el veto encubierto. Varios consejos de administración de cotizadas españolas aseguran que el Gobierno ha dado la orden de no contratar con la firma en empresas y organismos públicos, según El Confidencial.

La OTAN apuesta por la IA de Palantir mientras Europa busca una alternativa que no existe

Louis Mosley, vicepresidente ejecutivo de Palantir para el Reino Unido y Europa, fue rotundo en una conferencia con periodistas europeos: “Europa necesita estar preparada para la guerra para finales de esta década. Y eso significa sistemas militares que funcionen hoy”. La frase resume la urgencia que ha llevado a la Alianza a adoptar la plataforma que ya utilizan las fuerzas armadas de Estados Unidos y que ha sido clave en la resistencia de Ucrania durante más de cuatro años.

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El MSS, que aplica inteligencia artificial para fusionar datos de satélites, drones, radares y otras fuentes dispares, promete eliminar los silos de información que suelen paralizar las operaciones. “El dato solo es inteligencia accionable si está fusionado en un panorama operativo compartido y en tiempo real”, explicó Pierre Lucotte, viceconsejero delegado de Palantir Francia. Ningún otro actor —ni Thales, ni Airbus Defence, ni Indra— ofrece aún un producto capaz de competir a ese nivel de integración en todo el teatro de operaciones.

Moncloa activa el cordón sanitario: por qué España desconfía del gigante de Peter Thiel

Mientras la OTAN abraza la tecnología de Palantir, el Gobierno español mantiene una línea de distanciamiento que raya en el veto informal. Fuentes de varios consejos de administración de compañías cotizadas confirmaron a este medio que Moncloa ha dado instrucciones para que empresas y organismos públicos no contraten con la firma. El argumentario oficial no es público, pero pivota sobre dos ejes: la soberanía digital —no depender de un sistema estadounidense para la defensa— y el riesgo de que los datos sensibles queden expuestos a manos foráneas.

La compañía rechaza ambos puntos con insistencia. Mosley usó una analogía explícita durante el briefing: “Puedes escribir lo que sea en Microsoft Word, pero Microsoft no tiene acceso ni puede leer lo que hay en ese archivo. Palantir tiene la misma relación con sus clientes”. La firma insiste en que cada cliente controla su propia instancia del software, sin puertas traseras ni capacidad de revocación desde Estados Unidos.

La desconfianza en el entorno de la Moncloa se produce, además, en un clima de tensiones transatlánticas renovadas. La vuelta al poder de Donald Trump y el alineamiento de Thiel con sus políticas de control migratorio y militar han convertido a Palantir en un símbolo incómodo para los socios europeos que buscan una mayor autonomía estratégica. El manifiesto reciente de Alex Karp, CEO de la empresa, en el que parecía sugerir una jerarquía cultural entre países, tampoco ha ayudado a suavizar las relaciones.

Palantir no tiene ningún interés financiero en los datos que procesa, pero la desconfianza política sigue siendo su mayor barrera en Europa.

El dilema de la soberanía digital: ¿puede la UE prescindir de Palantir?

La decisión de la OTAN vuelve a poner sobre la mesa una contradicción europea profunda. Francia, Países Bajos y Dinamarca han anunciado o estudiado alternativas nacionales a Palantir, pero ninguna de ellas está madura. El propio Mosley recordó durante la sesión que el contrato con el servicio de inteligencia francés (DGSI) no se ha cancelado y que la compañía sigue prestando servicio allí, pese a los anuncios del primer ministro Sébastien Lecornu.

El problema de fondo es que desarrollar una alternativa europea viable requeriría dos décadas de trabajo y una inversión de varios miles de millones. La empresa fundada en 2004 ha acumulado una ventaja competitiva casi insalvable: su algoritmo para construir “ontologías” que armonizan datos heterogéneos es el núcleo de su propiedad intelectual. Mientras, Europa debate si debe primar la seguridad de la cadena de suministro tecnológico o la capacidad de respuesta operativa inmediata. El propio Lecornu destinó solo 655 millones de euros a inteligencia artificial militar, una cifra ínfima frente a los 10.000 millones del Pentágono.

Palantir intenta sortear el bloqueo con un discurso de cooperación: ofrece a las tecnológicas europeas que construyan sus propias aplicaciones de IA sobre la plataforma base. “Lo que tiene ahora la OTAN es su propia versión soberana del software. Nadie puede borrar nada desde Estados Unidos”, insistió Mosley. Pero en el trasfondo, la batalla no es solo técnica: es una pugna de modelos de gobernanza digital entre la velocidad de la empresa privada estadounidense y la cautela de los estados europeos que temen perder el control estratégico.

En España, la tensión se vive de manera especialmente aguda. El Ministerio de Defensa tuvo que responder el mes pasado a varias preguntas parlamentarias asegurando que Palantir “no tiene acceso a datos de ciudadanos españoles”. Esa respuesta, sin embargo, no ha disipado las dudas en un Ejecutivo que observa con recelo cómo la compañía amplía su huella en un sector tan sensible como el de la defensa nacional.

Mientras tanto, el reloj corre. La Alianza ya ha desplegado el sistema en ejercicios reales, y para los aliados europeos, la disyuntiva es clara: si quieren interoperar con Estados Unidos en un conflicto de alta intensidad, tendrán que usar la misma plataforma. O, como dejó caer un ejecutivo de la firma durante la presentación, “no es una diapositiva, no es una teoría, es algo que ya está desplegado hoy”.

La posición de España —entre el compromiso con la OTAN y el recelo político— refleja la esquizofrenia de una Europa que todavía está decidiendo quién escribe el código de su defensa.


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