He analizado el informe anual de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), presentado ayer, y los números no admiten matices: el extremismo de derechas en Alemania alcanza cifras récord, con 58.700 personas identificadas, de las cuales 15.600 están consideradas dispuestas a la violencia. El documento, de 460 páginas, llega en un momento de máxima tensión política, a pocos días del congreso federal de Alternativa para Alemania (AfD), el partido ultraderechista que lidera las encuestas nacionales con un 28% de intención de voto.
Los datos dibujan una tendencia preocupante. En 2025 se registraron 1.395 actos violentos atribuibles a la ultraderecha, un 8,9% más que el año anterior, y los delitos de propaganda ultra ascendieron a 23.122. Las autoridades alemanas subrayan que el perfil de los extremistas se rejuvenece y que los vínculos con AfD son cada vez más estrechos.
Las cifras que confirman la tendencia récord
- Extremistas de derecha: 58.700, máximo histórico desde la fundación de la RFA.
- De ellos, 15.600 tienen disposición a ejercer la violencia.
- Actos violentos en 2025: 1.395, con un incremento interanual del 8,9%.
- Delitos de propaganda: 23.122 casos.
- AfD lidera los sondeos nacionales con un 28%, seis puntos por delante de la CDU/CSU del canciller Merz; en los länder orientales podría alcanzar el 41% en las elecciones regionales de septiembre.
Un dato adicional subraya la urgencia: los servicios de inteligencia constatan un rejuvenecimiento de la militancia ultraderechista. Esta radicalización de las generaciones más jóvenes supone un pasivo a largo plazo para la cohesión social y, por extensión, para un mercado laboral que necesita atraer y retener talento diverso. El ministro federal de Interior, Alexander Dobrindt (CSU), ha reconocido que «la ultraderecha representa la mayor amenaza para la estabilidad democrática», tanto por su dimensión estadística como por su capacidad de infiltrar las instituciones si AfD accede al poder en algún estado federado.
«Si la AfD accede al poder regional, existe el peligro real de que filtre información de inteligencia a Rusia.» — Georg Maier, ministro del Interior de Turingia, 30 de junio de 2026
El debate sobre la ilegalización de AfD vuelve a la mesa. Un reciente dictamen jurídico de la Sociedad para los Derechos de la Libertad concluyó que el partido persigue objetivos anticonstitucionales y vulnera la dignidad humana, pero el Gobierno de Berlín y los parlamentos del Bundestag y el Bundesrat evitan solicitar la prohibición ante el Tribunal Constitucional. El temor compartido es que una derrota judicial envalentone aún más a los ultras.
El coste económico de la inestabilidad política
Lo que me llama la atención al analizar este informe no es solo el peligro para la democracia, sino el impacto directo sobre la economía alemana y europea. Alemania es el motor industrial de la eurozona y el principal mercado para las exportaciones de muchos países del sur, entre ellos España. Cualquier señal de inestabilidad institucional, de ruptura del consenso democrático o de acercamiento a postulados prorrusos que cuestionen las sanciones de la UE, tiene consecuencias sobre la confianza empresarial y los flujos de inversión.
Los mercados financieros ya empiezan a descontar una prima de riesgo político en los activos alemanes, algo insólito en la historia reciente. Si la incertidumbre persistiera, el spread de los bonos periféricos podría ampliarse y el Euríbor, referencia para las hipotecas variables en España, podría repuntar aunque el BCE mantuviera una postura dovish. Las acciones de bloqueo convocadas para este fin de semana contra el congreso federal de la AfD añaden un componente de alteración del orden público que puede disuadir temporalmente el turismo y las reuniones de negocios en la ciudad de Riesa (Sajonia), sede del evento.
En mi opinión, el verdadero riesgo reside en que el auge de AfD erosione el consenso europeísta que ha permitido a la UE articular respuestas comunes frente a crisis sucesivas. Alemania, sin un liderazgo firme, deja un vacío que otras potencias podrían aprovechar y que debilita la capacidad de Europa para negociar acuerdos comerciales o sanciones. El próximo congreso de AfD y las elecciones regionales de septiembre serán, por tanto, un termómetro no solo de la salud democrática alemana, sino de la resiliencia económica del euro.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el lector español, este fenómeno tiene implicaciones muy concretas:
- Euríbor e hipotecas: si la inestabilidad política empuja al alza las rentabilidades de los bonos alemanes (Bund) por la desconfianza, el Euríbor a 12 meses podría subir entre 10 y 20 puntos básicos adicionales, encareciendo las cuotas hipotecarias variables.
- Comercio exterior: Alemania absorbe alrededor del 12% de las exportaciones españolas. Una desaceleración del consumo y la inversión germana lastraría sectores como el automóvil, la maquinaria o los productos agroalimentarios.
- Confianza inversora: los grandes grupos del IBEX 35 con exposición al mercado alemán —desde constructoras hasta energéticas— se enfrentan a un entorno regulatorio imprevisible si en los länder orientales se implantan políticas hostiles a la integración europea o favorables a Rusia.
- Política monetaria: el BCE podría verse forzado a retrasar los recortes de tipos si el riesgo político eleva las expectativas de inflación vía depreciación del euro, un escenario que perjudicaría a los países más endeudados del sur.
En definitiva, que Alemania dé señales de fragmentación interna no es una cuestión lejana: afecta al coste de la vida, al empleo y a la estabilidad del proyecto común europeo del que España forma parte.




