La tarifa regulada de la luz (PVPC) agrupa ya a menos de tres de cada diez hogares. El precio mayorista de la electricidad ronda los 140 euros por megavatio hora (MWh), un 80% más que hace un año, según los datos del Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE).
El verano de 2026 ha vuelto a poner el foco en el mercado diario, pero cada vez menos consumidores domésticos dependen directamente de sus vaivenes. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) cifra el peso del precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC) en el 27,4% del total de consumidores domésticos a cierre de 2025, el nivel más bajo desde que arrancó el trasvase masivo hacia el mercado libre.
El regulador contabiliza 8,2 millones de consumidores en la tarifa regulada a finales del pasado ejercicio, con un consumo anual ligeramente superior a 17 teravatios hora (TWh). Esa energía equivale a alrededor del 22% de la electricidad demandada por los hogares, un porcentaje inferior al de clientes porque el PVPC concentra suministros de menor tamaño y viviendas con consumos más ajustados.
El trasvase comenzó a perfilarse en 2013, pero no ha sido lineal. En 2023 el ritmo se frenó coincidiendo con la caída de los precios mayoristas, que hizo más atractiva la permanencia en la tarifa regulada. La desaceleración se revirtió en 2024, y el cambio hacia ofertas del mercado libre volvió a intensificarse en 2025, en un contexto de encarecimiento general del suministro y de mayor presión comercial por parte de las eléctricas.
El trasvase al mercado libre no es lineal y se acelera con la inflación
El panel semestral de la CNMC retrata la distribución actual del mercado doméstico. El 37,4% de los hogares tiene una tarifa libre con el mismo precio a todas las horas, el 17,3% dispone de dos o tres tramos horarios y el 21,4% reconoce que no sabe qué modalidad tiene contratada.
El PVPC ya no es el refugio asequible de otros años: en 2025 el recibo regulado subió cuatro veces más que el libre.
La lectura del regulador matiza dos lugares comunes. Ni el PVPC es hoy una tarifa vinculada exclusivamente al precio diario del mercado, ni un contrato en el mercado libre equivale siempre a un precio fijo de la electricidad. La reforma aplicada tras la crisis energética introdujo referencias de los mercados a plazo para reducir la exposición del consumidor regulado a los picos del pool. En 2026, el 55% de la señal de precio del PVPC procede de referencias a más largo plazo y el 45% restante de los mercados diario e intradiario.
Esa menor exposición al precio diario no evitó que en 2025 la diferencia de coste entre ambos mundos fuera contundente. Según la CNMC, el precio medio final facturado, impuestos incluidos, subió un 13% en el suministro a PVPC, frente al 3% del mercado libre. Se trata de una brecha inusual en un año en el que muchos consumidores dieron por hecho que la tarifa regulada volvía a ser una opción barata.
La explicación está en la composición de la factura. En el mercado libre, el incremento estuvo relacionado principalmente con la recuperación de los tipos impositivos y con el aumento medio de peajes y cargos, que compensaron la reducción del coste de la energía. En el precio regulado aumentaron todos los componentes del coste, incluido el correspondiente a la energía. Dicho de otro modo, la tarifa regulada absorbió el golpe completo del encarecimiento mayorista, mientras que muchas tarifas libres lograron neutralizarlo.
La diferencia de diez puntos entre el incremento del PVPC y el del mercado libre no solo es coyuntural. Refleja una asimetría de partida: el consumidor regulado asume la evolución del mercado mayorista sin la capacidad de fijar precio, mientras que una parte creciente de los hogares ha comprado estabilidad a cambio de perder exposición a los precios bajos. Esa elección, razonable en un verano de máximos, no está exenta de coste.
La estabilidad se convierte en el argumento comercial y el PVPC pierde masa crítica

En un contexto de precios elevados, las grandes comercializadoras han hecho de la estabilidad su principal reclamo. Iberdrola, Naturgy, Endesa y EDP ofrecen contratos que permiten conocer de antemano el coste de la energía durante periodos prolongados, de forma que una subida puntual del mercado mayorista —por una crisis geopolítica o un episodio de calor extremo— no modifica automáticamente el precio pactado con el cliente.
El trasvase, sin embargo, desplaza el riesgo hacia otras zonas del sistema. Un hogar con precio fijo no nota los picos diarios del pool, pero tampoco se beneficia de los días valle. La pérdida de masa crítica del PVPC reduce su función de referencia y deja en una posición más débil a los consumidores que no pueden negociar, justo cuando el debate sobre el diseño del mercado minorista sigue abierto.
El precio fijo protege del susto diario, pero no del encarecimiento estructural de peajes, impuestos y cargos.
El retroceso del PVPC deja sin señal horaria a la electrificación residencial
Encajar estos datos en el ciclo energético español obliga a leerlos junto a la electrificación de la demanda. El consumidor doméstico será cada vez más relevante para el sistema por la expansión del autoconsumo, la bomba de calor y el vehículo eléctrico. Que el PVPC agrupe ya solo al 27,4% de los consumidores domésticos reduce la señal horaria que recibe el segmento residencial y complica uno de los objetivos declarados de la reforma: desplazar consumo hacia las horas de mayor generación renovable.
El riesgo más evidente es que el mercado libre premie solo a quien negocia bien. El 21,4% de hogares que no sabe qué tarifa tiene queda al margen de cualquier optimización. Si los peajes y cargos vuelven a subir, como ocurrió en 2025, la brecha entre consumidores activos y pasivos puede ensancharse todavía más. En el PVPC, además, el hecho de que aumentaran todos los componentes del coste sugiere que su promesa de protección se ha debilitado.
El retroceso del PVPC no invalida su papel de referencia de transparencia ni su condición de colchón para los hogares vulnerables. Sin embargo, obliga a preguntarse si la política energética puede esperar a una nueva crisis de precios para revisar los incentivos. Con la demanda eléctrica llamada a crecer por el coche eléctrico y la climatización, la tarifa regulada necesitará más de una capa de estabilidad para no desaparecer del todo. El próximo panel semestral de la CNMC ofrecerá una pista sobre si el goteo se detiene o si el mercado libre completa su conquista del suministro doméstico.




