Los Siete Magníficos —Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla— han borrado 2,3 billones de dólares de su valor conjunto en el segundo trimestre de 2026, según datos de Expansión. Se trata del peor mes de junio para el grupo desde 2022 y un revés contundente para los valores que han liderado el rally de la inteligencia artificial.
La caída se ha sentido con fuerza en el Nasdaq Composite, que retrocedió más del 8% en el trimestre. Las siete compañías, que representan cerca del 30% de la capitalización del índice S&P 500, habían acumulado hasta marzo una revalorización media del 35% en el año, impulsada por expectativas de que la IA generativa multiplique sus ingresos en los próximos ejercicios. Eso cambió en abril.
El detonante inmediato ha sido el recrudecimiento de la retórica arancelaria entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales, que amenaza con encarecer componentes clave para los centros de datos y los semiconductores. Pero el verdadero temor es otro: que las valoraciones actuales descuenten un crecimiento de beneficios que no se va a materializar al ritmo esperado.
Nvidia, que llegó a valer más de 4 billones de dólares en marzo, ha cedido un terreno considerable. Apple y Microsoft, los otros dos gigantes con un pie firme en la nube y la inteligencia artificial, también han visto cómo los inversores retiraban apuestas. Tesla, por su parte, sigue lastrada por el enfriamiento del mercado de vehículos eléctricos y las dudas sobre su robotaxi.
Mi lectura es que el castigo no sorprende tanto por el importe como por el momento. Los Siete Magníficos llevaban desde octubre de 2022 acumulando ganancias de tres dígitos, y el mercado necesitaba una excusa para recoger beneficios. Junio de 2026 se la ha dado.
El mercado está descontando que la inteligencia artificial no monetizará al ritmo que prometían los múltiplos de 40 veces beneficios.
¿Burbuja de IA o simple corrección?
Bautizar cualquier revés como “burbuja” es tentador, pero conviene afinar el diagnóstico. Las siete compañías no son una masa homogénea: Alphabet y Meta siguen generando flujos de caja sólidos con márgenes de publicidad digital que superan el 30%, mientras que Nvidia depende de que el gasto en GPUs se mantenga en los niveles actuales. El riesgo, por tanto, está concentrado.
Los datos recogidos por Expansión apuntan a que la desinversión ha sido más intensa en los fondos que replican índices ponderados por capitalización, donde el sobrepeso de estas tecnológicas es máximo. Eso amplifica las caídas y, al mismo tiempo, contagia al resto del mercado. No es un fenómeno nuevo: ya ocurrió en el desplome de las puntocom y, en menor medida, en la corrección de 2022.
El debate ahora es si la inteligencia artificial logrará justificar sus inversiones en el corto plazo. Los proyectos de Copilot de Microsoft, los chatbots de Meta o los nuevos motores de búsqueda de Alphabet aún no han disparado los ingresos como se anticipaba. Y mientras tanto, el coste de entrenar modelos de lenguaje sigue siendo altísimo.

El efecto arrastre sobre el Nasdaq y el inversor particular
El Nasdaq 100 ha sido el principal damnificado, pero el S&P 500 también ha registrado pérdidas superiores al 4% en el mismo periodo. La corrección está afectando a los planes de pensiones y a los inversores particulares que habían incrementado su exposición a tecnología en los últimos dos años, muchos de ellos a través de ETFs temáticos o productos apalancados.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) española no ha emitido ninguna alerta específica, aunque fuentes del supervisor reconocen que las posiciones en derivados sobre el Nasdaq han crecido un 15% en el primer semestre. Eso añade un punto de tensión: si la corrección se acelera, los ajustes automáticos de márgenes podrían amplificar la caída.
Para el inversor español, el batacazo tiene un componente adicional. La debilidad del euro frente al dólar —ayer cotizaba en torno a 1,03— ha suavizado el golpe de los que tenían posiciones sin cubrir, pero quienes compraron ETFs denominados en euros están asumiendo la pérdida completa. Son matices que conviene no perder de vista.
Lo que me preocupa de verdad (más allá del ruido de junio)
El riesgo que veo no está en el valor de mercado de los Siete Magníficos, sino en el coste de capital que necesitan para mantener su ritmo inversor. Si los tipos de interés se mantienen altos —y la Reserva Federal no ha dado señales de bajarlos antes de 2027—, esas compañías tendrán que elegir entre recortar recompras de acciones o ralentizar sus planes de expansión en IA.
Elige mal cualquiera de ellas y el castigo será inmediato. El mercado ya ha demostrado en este junio negro que la paciencia con las tecnológicas que consumen caja pero no dan beneficios se ha agotado. La próxima oleada de resultados, que arrancará a finales de julio, será la prueba de fuego. Si las guías de Nvidia, Microsoft o Amazon no convencen, el segundo semestre puede ser peor que el primero.
No creo que estemos ante un estallido definitivo de la burbuja de la inteligencia artificial, pero sí ante el final del “todo gratis”. Los inversores van a exigir pruebas, y eso es sano. El problema es que los Siete Magníficos llevan años acostumbrados a que el mercado les perdone todo. Junio de 2026 puede recordarnos que ni siquiera ellos son inmunes a la realidad de un balance.




