JPMorgan respalda regulación cripto en EE.UU. pero advierte sobre stablecoins y DeFi

Los responsables de pagos y activos digitales del banco piden una regulación clara que evite crear una banca en la sombra. La Ley de Claridad, que el Senado pretende aprobar antes del receso de agosto, debe cerrar la puerta a productos de depósito no regulados.

El banco de inversión más grande de Estados Unidos respalda la regulación del mercado de criptoactivos, pero su mensaje al Congreso es tan de apoyo como de advertencia. En una columna de opinión conjunta publicada este lunes, Umar Farooq, cocabeza de pagos globales de JPMorgan, y Peter Muriungi, director ejecutivo de activos digitales y soluciones blockchain, han pedido al Legislativo que apruebe la Ley de Claridad del Mercado de Activos Digitales (la Clarity Act) con salvaguardas sólidas, cerrando la puerta a lo que describen como una potencial “banca en la sombra” con envoltorio digital.

“La claridad regulatoria solo importa si va acompañada de salvaguardas duraderas”, escribieron Farooq y Muriungi. “La claridad con lagunas puede desplazar la actividad hacia canales poco supervisados y debilitar protecciones que llevan décadas construyéndose”. El artículo llega mientras el Senado de Estados Unidos intenta avanzar la ley antes del receso de agosto, con negociaciones atascadas en puntos como los incentivos de rentabilidad de las stablecoins, las normas éticas para funcionarios con vínculos cripto y la responsabilidad legal de los desarrolladores de plataformas DeFi.

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Advertencias con nombre propio: stablecoins y banca en la sombra

El banco no se limita a pedir una regulación genérica. Los ejecutivos dedican buena parte de su argumentario a señalar los peligros de las stablecoins que ofrecen rendimientos o incentivos como cashback sin cumplir con los requisitos de capital, liquidez y protección al consumidor propios de la banca tradicional. El temor es que los usuarios asuman que estos productos cuentan con las mismas garantías que un depósito bancario, cuando en realidad carecen de ellas.

Farooq y Muriungi hablan de un “riesgo de corrida” concentrado: la posibilidad de que una retirada masiva de fondos en momentos de tensión deje al descubierto la fragilidad de un sistema que opera al margen. El artículo lo resume con una frase que ya ha hecho fortuna en los pasillos del Capitolio: lo que empieza como innovación en pagos puede acabar convertido en banca en la sombra con otro nombre.

El consejero delegado de JPMorgan, Jamie Dimon, ya había expresado su oposición frontal a las disposiciones sobre rendimientos de las stablecoins incluidas en la Clarity Act. “Los bancos no lo aceptaremos”, dijo el mes pasado, y prometió luchar contra esa cláusula “hasta el final”.

Los autores también reclaman herramientas estrictas contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo en todo el ecosistema de activos digitales. Las exenciones amplias para infraestructuras que procesan transacciones, advierten, pueden facilitar acuerdos opacos que oculten la titularidad real, un riesgo tanto para la seguridad nacional como para la integridad del mercado.

Sin una regulación que abarque tanto los depósitos tokenizados como las stablecoins con incentivos, el Congreso estaría abriendo la puerta a una banca paralela con menos colchón y las mismas vulnerabilidades que vimos en 2008.

El tono del artículo de opinión es deliberadamente contenido: el banco habla de oportunidad, pero también de responsabilidad. “Estados Unidos tiene una oportunidad genuina de liderar las finanzas digitales”, escriben, “siempre que los legisladores emparejen la claridad con salvaguardas duraderas”. No es un sí incondicional. Es un sí con exigencias.

El trasfondo comercial: Kinexys, JPM Coin y un negocio que ya factura billones

La advertencia no llega sin contexto comercial. El mismo lunes, JPMorgan anunció la expansión de su plataforma de pagos basada en blockchain, Kinexys, a ocho divisas, sumando el dólar australiano, el dólar de Hong Kong, el yen japonés, el renminbi chino y el dólar singapurense a las ya soportadas (dólar estadounidense, euro y libra esterlina). La plataforma ha procesado más de cuatro billones de dólares en transacciones y mueve una media diaria de 7.000 millones. Payoneer y la comercializadora energética japonesa JERA Global Markets figuran entre los primeros clientes.

Además, Kinexys impulsa JPM Coin, un token de depósito creado para ofrecer a los clientes institucionales una liquidación casi instantánea las 24 horas del día sin salir del sistema bancario regulado. Opera sobre una red permisionada, donde los depósitos de los clientes se representan digitalmente y las transferencias se ejecutan dentro de ese entorno privado, no sobre cadenas públicas. En otras palabras: JPMorgan no se opone a la tokenización. La practica. Pero quiere hacerlo bajo sus propias reglas y con el paraguas de un regulador que impida que otros compitan sin las mismas exigencias de capital.

ley cripto EE.UU.

El reto regulatorio y el riesgo de repetir errores

Que el banco más grande de Estados Unidos pida regulación no es una sorpresa. Pero que lo haga señalando con tanta precisión los riesgos de las stablecoins y las plataformas DeFi demuestra que el sector financiero tradicional ha identificado en esos productos un terreno de competencia directa y, al mismo tiempo, una fuente potencial de inestabilidad. La historia reciente del cripto ofrece varios precedentes: la quiebra de TerraUSD en 2022, un stablecoin algorítmico que prometía estabilidad y arrasó decenas de miles de millones de dólares cuando perdió la paridad, mostró lo rápido que puede evaporarse la confianza en un producto que opera sin respaldo regulatorio.

Los defensores de la Clarity Act argumentan que la ley pondría orden sin asfixiar la innovación. Sus detractores, entre ellos algunos legisladores y grupos del sector DeFi, temen que los requisitos de licencia y responsabilidad para desarrolladores hagan inviable la actividad en Estados Unidos. JPMorgan se sitúa en un punto intermedio: ni demoniza las finanzas descentralizadas, ni les da un cheque en blanco. Exige que, si una plataforma opera como un bróker o una bolsa, cumpla las mismas normas de divulgación, custodia e integridad de mercado que rigen para Wall Street.

Las resistencias no son menores. El sector DeFi recurre a menudo al argumento del código abierto y la descentralización para eludir la responsabilidad sobre lo que ocurre en sus protocolos. El banco responde, sin mencionarlo explícitamente, al señalar que los nombres no cambian la función económica. Un activo que huele a valor mobiliario y se comporta como tal debe ser tratado como tal, se emita en una blockchain o en un papel registrado.

La mayoría de los inversores particulares que se acercan a las finanzas descentralizadas no analiza el código ni consulta los contratos inteligentes; confía en que la plataforma funcione como espera y que su dinero esté seguro. Cuando la confianza se quiebra, el daño es inmediato y, muchas veces, irreversible.

El debate sobre la Clarity Act se acelerará en las próximas semanas. Si el Senado logra un texto de consenso antes de agosto, Estados Unidos podría dotarse de una norma que sirva de referente global. Si no, el espacio seguirá ocupado por soluciones parciales y por una creciente tensión entre la banca tradicional y las finanzas descentralizadas que ninguna de las dos partes parece capaz de resolver sin intervención externa.

La advertencia de JPMorgan tiene un destinatario claro: los legisladores que aún creen que se puede regular el cripto con leyes pensadas para otra época. Y tiene también un subtexto: este banco ya está jugando su partida en el tablero de los activos digitales, y no quiere que le cambien las reglas a mitad del juego.


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