El 19% de las solicitudes de conexión a la red eléctrica para centros de datos en España no se materializan. Son lo que los técnicos llaman ‘solicitudes fantasma’: peticiones de potencia que nunca llegan a convertirse en un consumo real, pero que mientras tanto ocupan un espacio que otros proyectos viables necesitan. El dato, extraído de los registros del operador del sistema, revela un cuello de botella que amenaza con frenar el despliegue de la inteligencia artificial en el país.
La fiebre de los centros de datos, impulsada por el entrenamiento y despliegue de modelos de IA, ha disparado la demanda de electricidad. Las previsiones más conservadoras apuntan a que el consumo de estos complejos se multiplicará por tres de aquí a 2030, alcanzando el 6% de la demanda eléctrica total de España. En los últimos dos años, las peticiones de acceso a la red han crecido un 40%, según estimaciones del sector. Pero no todas son legítimas. Muchos promotores solicitan capacidad sin tener aún el proyecto asegurado, como una forma de reservar sitio por si la inversión sale adelante.
Una quinta parte de las peticiones no se materializa
El fenómeno de las solicitudes fantasma no es exclusivo de España, pero la proporción detectada en la península ibérica es especialmente elevada. Casi una de cada cinco peticiones carece de un plan de negocio firme. Los desarrolladores, ante la certeza de que la capacidad eléctrica será un recurso escaso en los próximos años, optan por acaparar potencia en previsión de futuros proyectos, aunque muchos de ellos nunca vean la luz.
Esta práctica distorsiona la planificación de Red Eléctrica. El gestor del sistema debe dimensionar las infraestructuras de de transporte y distribución tomando como base todas las solicitudes recibidas, incluidas las que nunca se ejecutarán. El resultado es una sobreinversión en kilómetros de cable y subestaciones que, en parte, quedan infrautilizados, encareciendo el coste final del servicio para todos los consumidores. Cada euro malgastado en activos sobredimensionados termina repercutiendo en la factura de la luz de hogares y empresas.
El cuello de botella eléctrico frena la expansión de la IA en España
El auge de la inteligencia artificial requiere una potencia eléctrica ingente. Un solo centro de datos de entrenamiento puede consumir tanta energía como una ciudad de 50.000 habitantes. Si las solicitudes especulativas bloquean los nudos de la red, los operadores serios que disponen de financiación y contratos se encuentran con un tapón.
Algunas comunidades autónomas, como Aragón o Castilla-La Mancha, se han convertido en polos de atracción por su disponibilidad de suelo y de energía renovable. Sin embargo, la saturación de los nudos de evacuación está ralentizando la materialización de proyectos ya anunciados. De acuerdo con fuentes del sector, hay al menos 1.200 MW de potencia concedida pero no utilizada en esas zonas, lo que equivale a la demanda de 400.000 hogares.

El sistema eléctrico español no puede planificar su futuro con un lastre especulativo del 19%.
¿Especulación o planificación deficiente?
El debate no es tanto si la especulación es mala, sino por qué el sistema permite que ocurra. Los procedimientos de acceso a la red en España no exigen acreditaciones firmes de viabilidad en las fases iniciales. Basta con una solicitud y el pago de un aval relativamente bajo para reservar una capacidad que puede mantenerse durante años sin ejecutarse.
Red Eléctrica y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) han iniciado consultas para reformar los criterios de acceso. La propuesta pasa por exigir hitos de avance comprobables —obras iniciadas, financiación cerrada— antes de consolidar la reserva de potencia. De aprobarse, muchas de esas solicitudes fantasma caducarían en meses, liberando capacidad para quienes realmente la necesitan.
Sin embargo, la reforma enfrenta resistencia de algunos desarrolladores que argumentan que la incertidumbre del mercado de la IA justifica mantener opciones abiertas. Ese debate recuerda al que se vivió con las renovables hace una década, cuando también proliferaron solicitudes sin proyecto y se tuvo que establecer un sistema de concurrencia competitiva.
El reloj corre. España aspira a convertirse en un hub de datos del sur de Europa, pero sin una red eléctrica que responda con agilidad, corre el riesgo de perder inversiones frente a competidores como Portugal o el sur de Francia. La buena noticia es que el 81% restante de las solicitudes sí son reales, lo que indica un interés inversor sólido. El desafío está en separar el trigo de la paja sin enfriar ese impulso.





