Lagarde marca el ritmo: el BCE puede seguir subiendo tipos sin provocar tensiones financieras

La presidenta del BCE defiende en Sintra la trayectoria de subidas de tipos sin que la estabilidad financiera esté en riesgo. El mensaje llega en un momento de presión sobre las hipotecas variables en España.

El BCE no levanta el pie del acelerador. La presidenta del organismo, Christine Lagarde, ha salido del foro de Sintra con un mensaje tan claro como incómodo para los hipotecados: el endurecimiento monetario puede continuar sin que la estabilidad financiera esté en peligro. «Fue una decisión sólida y nada de lo observado lo ha puesto en duda», afirmó ante la plana mayor de la banca central europea, refiriéndose al último ajuste de tipos.

La declaración, lejos de ser una mera defensa de lo ya hecho, marca el ritmo para los próximos meses. Lagarde considera que la resiliencia económica de la zona euro —con un mercado laboral robusto y balances bancarios saneados— permite al BCE centrarse en devolver la inflación al 2 % sin temor a desatar una crisis de crédito. El tono hawkish de la entidad no se lo discute nadie en Fráncfort.

Publicidad

La hoja de ruta de Lagarde en Sintra

El foro anual del BCE en la localidad portuguesa suele ser la cita en la que se fijan las grandes líneas de la política monetaria. Este año, sin embargo, el discurso de Lagarde llegó cuando los mercados ya descuentan más movimientos al alza. El conflicto en el estrecho de Ormuz —casi extinguido, aunque con los precios de la energía aún sensibles— no ha bastado para enfriar las expectativas de una nueva vuelta de tuerca.

La presidenta vinculó la confianza en la ausencia de tensiones financieras a tres factores concretos: los colchones de capital de la banca, la baja morosidad y la rápida transmisión de las subidas a los tipos de depósito. «Podemos subir tipos sin preocuparnos de desatar tensión financiera», insistió, recogiendo un argumento que ya había esbozado en comparecencias anteriores. La novedad es que ahora lo dice después de dos trimestres con la actividad económica prácticamente estancada.

El impacto directo sobre las hipotecas españolas

En España, las palabras de Lagarde tienen un eco muy distinto al que resuena en los despachos de la capital alemana. El euríbor, indicador de referencia para la mayoría de las hipotecas variables, lleva meses instalado por encima del 3,8 % y las previsiones apuntan a que podría superar el 4,2 % antes de que termine el verano. Cada décima extra supone unos 100 euros más al año en la cuota de una hipoteca media de 150.000 euros.

La banca española ha acelerado la concesión de hipotecas fijas, pero el 30 % del parque sigue indexado a un tipo variable que se revisa con el euríbor de los meses anteriores. La subida acumulada desde julio de 2022 ya ha restado poder adquisitivo a más de 3,7 millones de hogares. Familias que, en muchos casos, no aparecen en los informes de estrés financiero que maneja el BCE porque sus balances bancarios aún no muestran impagos generalizados. Pero la presión está ahí.

La clave no es cuántas subidas más hará el BCE, sino cuánto tiempo mantendrá los tipos altos sin que el crédito hipotecario se contraiga de forma brusca.

El empeoramiento del contexto macro —el INE acaba de revisar a la baja el crecimiento del primer trimestre— añade una capa de incertidumbre. Los analistas empiezan a preguntarse si el BCE está calibrando bien el momento de la pausa. En en las últimas reuniones, algunos miembros del Consejo han expresado dudas sobre la velocidad del ajuste, pero Lagarde ha logrado mantener la cohesión del governing council con un discurso que prioriza la inflación subyacente, aún en niveles incómodos por encima del 4 %.

Lagarde tipos interés

El equilibrio imposible entre inflación y crédito

El debate de fondo no es baladí. El BCE heredó del pasado la tarea de ser el ancla de la estabilidad financiera y, al mismo tiempo, el guardián de la inflación. Ambas funciones, que durante años parecieron compatibles, están ahora en tensión. La trampa es conocida: subir tipos lo suficiente para doblegar los precios sin estrangular la inversión productiva ni disparar la morosidad en los países periféricos. España, con una deuda privada todavía elevada y un mercado hipotecario a medio camino entre el tipo fijo y el variable, es el eslabón que más inquieta fuera de los informes oficiales.

A diferencia de la crisis de deuda soberana de hace quince años, esta vez no hay un cuello de botella en la prima de riesgo. La fragmentación financiera no está en los bonos soberanos, sino en la capacidad de los hogares para absorber el coste del dinero. Y ese es un indicador que el BCE no monitoriza con la misma granularidad. «Los modelos apuntan a que la resiliencia es suficiente», vienen a decir desde Fráncfort. Pero la historia enseña que los hogares aguantan hasta que dejan de hacerlo.

En el foro de Sintra se respiró cierta autocomplacencia. El mensaje de Lagarde fue aplaudido por la banca alemana y acogido con frialdad por los sindicatos europeos. Yo lo veo con cautela: creo que la credibilidad del BCE exige que mantenga el pulso, pero la credibilidad se construye también con acierto en el calendario. Cada mes que los tipos siguen subiendo, el euríbor se adelanta y las familias ven cómo la letra de la hipoteca se come la subida salarial pactada en los convenios colectivos. El límite no está en los balances de los bancos; está en los bolsillos de los hipotecados.

Nadie espera que el BCE dé marcha atrás este verano. El consenso del mercado apunta a una pausa en otoño, quizá después de un último repunte de 25 puntos básicos en septiembre, si la inflación subyacente no cede. Pero la pausa será eso: una pausa, no un recorte. Y ahí reside el verdadero riesgo para la economía española, que necesita tipos más bajos para oxigenar el consumo. La pregunta que deja Sintra es si el BCE sabrá frenar antes de que el remedio se convierta en el problema. Por ahora, Lagarde ha puesto la música, pero la letra la escribirá el euríbor.


Publicidad