Indra acelera su desembarco en Estados Unidos con un contrato de 75 millones de dólares (65 millones de euros) para renovar los terminales de billetes del metro de Washington DC. La tecnológica española, que ya había ganado terreno en el tráfico aéreo norteamericano, suma ahora un encargo estratégico en movilidad urbana que le abre la puerta a la mayor economía del mundo.
Claves de la operación
- Contrato base de 38,9 millones de dólares con opción de ampliación hasta 75 millones para instalar 450 nuevas máquinas en las 98 estaciones de la red. La Washington Metropolitan Area Transit Authority (WMATA) ha elegido a Indra para sustituir los equipos actuales, unos terminales que llevan años en servicio y que la agencia quiere modernizar con tecnología de pago sin contacto.
- Fabricación en Olathe (Kansas) y mantenimiento durante 15 años. Indra no solo diseñará y entregará los equipos: se encargará del soporte técnico durante una década y media. Parte del ensamblaje se realizará en la nueva planta que la compañía acaba de inaugurar en el área metropolitana de Kansas City, lo que refuerza su huella industrial en EE. UU.
- Una apuesta que consolida a Indra como rival de gigantes globales. Tras adjudicarse un contrato de 300 millones con la FAA para modernizar el control de tráfico aéreo y otro con Nav Canada para la gestión de drones, este encargo en el metro de Washington la sitúa en la primera línea de la movilidad estadounidense, un mercado donde compite con pesos pesados como Thales, Cubic o Siemens.
La oportunidad de 75 millones en una red que mueve medio millón de viajeros al día
El metro de Washington transporta a más de 500 000 personas cada jornada laboral. El proyecto de Indra, cuyo valor puede oscilar entre los 38,9 millones iniciales y los 75 millones con las ampliaciones previstas, contempla la sustitución de las antiguas Fare Vending Machines por 450 terminales de última generación. Los nuevos dispositivos incluirán pantallas táctiles de alta resolución, pago con tarjeta, móvil y monederos digitales (tecnología EMV y ABT) y una interfaz en 15 idiomas. Además, cumplirán con la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA), con audio asistido y elementos táctiles.
El contrato no es un pico de trabajo puntual. Indra se compromete a mantener los equipos durante 15 años, lo que garantiza ingresos recurrentes y presencia prolongada en el corazón político de Estados Unidos. «La inversión moderniza una parte crítica del sistema», explicó Randy Clarke, consejero delegado de Metro de Washington. La agencia busca adaptarse a unos usuarios que exigen cada vez más agilidad en los pagos, y la solución de Indra responde a esa demanda con una experiencia similar a la de los teléfonos móviles.
El diseño y la instalación correrán a cargo de la propia Indra, pero el montaje final de los equipos se llevará a cabo en la factoría que la compañía ha abierto en Olathe (Kansas). Esa planta, pensada para dar servicio al mercado norteamericano, se convierte así en la punta de lanza de su estrategia industrial en la región.
Olathe, la fábrica que ancla a Indra en Estados Unidos
La planta de Kansas City no es una simple línea de ensamblaje. Simboliza la voluntad de Indra de producir localmente y sortear posibles barreras proteccionistas. Al fabricar en territorio estadounidense, la empresa gana credibilidad ante las agencias públicas, que valoran el contenido local en sus adjudicaciones. El de Washington es el primer gran contrato ferroviario que aprovechará esa capacidad, y no será el último si Indra logra replicar el modelo en otras ciudades.
Raúl Ripio, director general de Mobility & Technology de Indra Group, confirmó que la compañía «lleva tiempo apostando de forma decidida por Estados Unidos». En ese sentido, el metro de Washington se suma a los proyectos de tráfico aéreo y vehículo conectado que ya tiene en marcha. Estados Unidos representa para Indra un mercado de contratos públicos que mueve cientos de miles de millones de dólares al año, y la movilidad es una de las patas donde la firma española quiere crecer.
Con este contrato, Indra no solo reemplaza máquinas: instala su bandera en la capital estadounidense y amplía su huella en un mercado que factura miles de millones en movilidad.
De San Luis a Washington: un contrato que consolida la referencia en ticketing
Indra no aterriza en Estados Unidos sin experiencia previa en el sector ferroviario. Ya instaló las dos últimas generaciones de máquinas de autoventa en el metro de San Luis (Missouri), una referencia modesta pero que le sirvió para foguearse. Ganar en Washington DC supone un salto cualitativo: la WMATA es una de las agencias de transporte público más grandes del país y su red es un escaparate inmejorable para futuros concursos.
El movimiento recuerda al megacontrato que Indra se adjudicó meses atrás en Londres, valorado en unos 1.000 millones de euros, para modernizar los accesos al transporte público de la capital británica. El de Washington es más modesto en cifras, pero tiene un valor estratégico similar: mete a la empresa de lleno en la infraestructura de movilidad de la capital de Estados Unidos. Ambos encargos confirman que Indra ha dejado de ser un actor puramente ibérico en el sector del ticketing y la gestión del tráfico.
En el mercado español, la compañía compite con gigantes como Thales o Siemens en proyectos de señalización y sistemas de pago. Fuera de casa, su principal baza es la capacidad para ejecutar contratos complejos con un componente tecnológico alto, como demuestra la inclusión de interfaces multilingües y accesibilidad total. La planta de Olathe y la cartera de proyectos en Norteamérica pueden convertir a Indra en un interlocutor habitual para las agencias de transporte del país.
La pregunta ahora es si la compañía logrará convertir este éxito en un flujo estable de adjudicaciones. El mantenimiento a 15 años le da una ventana larga para demostrar su fiabilidad, pero también la expone a las exigencias de un cliente tan escrutado como la WMATA. Si el despliegue es impecable, Washington puede ser la tarjeta de presentación que le abra las puertas de Nueva York, Chicago o Los Ángeles. Si surgen problemas, el coste reputacional sería alto en un mercado donde las referencias lo son todo.




