España se ha convertido en uno de los puntos rojos del planeta donde más ha aumentado el estrés térmico desde los años 70, según un estudio publicado en Nature Climate Change.
El calor que soporta el cuerpo humano no depende solo de la temperatura del aire, sino de una combinación de factores como la humedad, el viento y la radiación. Esa carga fisiológica ha crecido de forma más rápida y compleja de lo que sugieren los termómetros tradicionales, y la Península Ibérica destaca entre las zonas más castigadas del planeta.
El ‘verdadero’ calor que sufre el cuerpo
El estudio, liderado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo y encabezado por la investigadora Rebecca Emerton, analiza datos climáticos globales desde 1950 hasta 2024. La métrica de estrés térmico integra la temperatura junto a la humedad relativa, la velocidad del viento y la radiación solar, ofreciendo una imagen más fiel de lo que realmente siente el organismo.
El resultado es contundente: la exposición a al menos un día de estrés térmico extremo ha pasado de afectar al 16 % de la población mundial en los años 70 al 22 % en la actualidad, lo que equivale a mil millones de personas más expuestas a un riesgo severo para la salud.
50 días más de calor extremo al año
En el sur de Europa, la situación es especialmente preocupante. Respecto a la década de 1970, la región experimenta ahora hasta 50 días adicionales al año con estrés térmico de fuerte a extremo, con sensaciones térmicas que oscilan entre los 32 y los 46 °C. Estas jornadas, en las que el cuerpo lucha por mantener su temperatura interna, son cada vez más frecuentes en todos los continentes.
El incremento no es homogéneo. Además del sur de Europa, el continente americano y amplias zonas de África registran aumentos similares. Sin embargo, España, por su posición geográfica y sus patrones de calor y humedad, se sitúa entre los denominados puntos rojos del mapa térmico global.
El calor acumulado durante el día ya no encuentra tregua al caer el sol, y esa falta de descanso nocturno agrava el estrés fisiológico.

El peligro silencioso de las noches que no refrescan
Uno de los hallazgos más reveladores del trabajo es la aceleración del calentamiento nocturno. Las diez noches más cálidas de cada año se han calentado a un ritmo medio de 0,32 grados por década, frente a los 0,27 grados por década de los diez días más cálidos. El contraste es claro: las noches extremas se calientan más rápido que los días extremos, y eso amplifica la fatiga térmica del organismo.
Esa falta de tregua nocturna tiene consecuencias directas. Las noches cálidas reducen la capacidad del cuerpo para disipar el calor acumulado durante el día, lo que aumenta el estrés fisiológico y los riesgos para la salud durante los episodios prolongados. Los autores subrayan que ‘las diez noches más cálidas de cada año se han calentado más rápido que los diez días más cálidos’, un desequilibrio que se traduce en un mayor riesgo de golpes de calor, deshidratación y agravamiento de enfermedades cardiovasculares, sobre todo en ancianos y niños.
Por qué España está en el punto de mira
El estudio no se limita a constatar el aumento: recomienda integrar métricas de estrés térmico en los sistemas de alerta temprana y en los planes de salud pública. La temperatura del aire por sí sola puede subestimar el peligro en condiciones de alta humedad y baja ventilación, circunstancias frecuentes en el litoral mediterráneo español.
Las implicaciones para España son directas. El país, con una población envejecida y un modelo urbano denso en zonas costeras, presenta una elevada vulnerabilidad. La AEMET ya ha comenzado a complementar sus avisos con información sobre sensación térmica y umbrales de riesgo sanitario, pero el nuevo marco científico exige acelerar las medidas de adaptación: más sombra en las ciudades, edificios diseñados para disipar el calor y redes de refugios climáticos.
El desafío es especialmente agudo en las urbes. El efecto isla de calor urbana, que eleva las temperaturas nocturnas varios grados por encima de las zonas rurales circundantes, amplifica el estrés térmico en las grandes ciudades. Barcelona, Valencia o Madrid ya registran noches tropicales que superan los 25 °C con una frecuencia impensable hace medio siglo.
Una de las limitaciones del trabajo es que se basa en reanálisis climáticos, no en observaciones directas de la fisiología humana, por lo que las cifras de impacto en la salud son proyecciones estadísticas. Aun así, la tendencia es tan robusta que la comunidad científica coincide en la urgencia de actuar. Como señala el equipo, adaptar las ciudades al nuevo régimen térmico ya no es una opción a largo plazo, sino una necesidad inmediata.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El estrés térmico global se ha intensificado; el sur de Europa suma 50 días adicionales al año de calor extremo.
- Dónde: Especial incidencia en España, sur de Europa, América y África.
- Institución responsable: Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, liderado por Rebecca Emerton.
- Cuándo: Estudio publicado en Nature Climate Change el 22 de junio de 2026.
- Impacto a futuro: Obliga a repensar los sistemas de alerta por calor y acelerar la adaptación urbana para proteger la salud pública.




