La dimisión de Keir Starmer hunde la libra y desata la carrera por Downing Street

El séptimo inquilino de Downing Street en diez años deja una libra bajo presión y al Partido Laborista en busca de un líder capaz de frenar el ascenso de Nigel Farage.

He visto la libra desplomarse en las pantallas de Bloomberg mientras Keir Starmer se despedía ante la famosa puerta negra de Downing Street. Su dimisión fulminante, este 22 de junio, ha pillado a los mercados con el pie cambiado y hunde a la divisa británica a niveles que no veíamos desde la crisis de los gilts de 2022. En apenas dos años, el laborismo ha pasado de una mayoría histórica a una rebelión interna que ha forzado la salida del que será el séptimo primer ministro en una década.

La rebelión interna que fulminó a Starmer

La presión se había vuelto insostenible durante las últimas semanas. Varios ministros de su propio gabinete le habían transmitido en privado que su liderazgo estaba agotado y que el partido necesitaba un relevo urgente para frenar el ascenso imparable de Reform UK, el partido populista de Nigel Farage, que ya lidera algunas encuestas de cara a las generales de 2029. Starmer, que hasta el viernes insistía en que lucharía «hasta el final», terminó cediendo ante la aritmética parlamentaria.

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Frente al número 10, su voz se quebró al mencionar a su familia, pero antes reconoció la realidad sin rodeos. Sus palabras resumen bien la crudeza del momento.

«He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario y la acepto con deportividad.» — Keir Starmer, primer ministro saliente del Reino Unido, 22 de junio de 2026

La sucesión se acelera ahora con las nominaciones formales previstas para el 9 de julio. El exministro de Sanidad Wes Streeting ha retirado su candidatura este mismo lunes y ha dado su apoyo a Andy Burnham, el alcalde de Gran Manchester, que la semana pasada logró una victoria aplastante en las elecciones parciales de Makerfield. Aquel escaño, en pleno Muro Rojo del norte de Inglaterra, se había teñido de color Reform UK en las locales de mayo. Burnham demostró que podía recuperar a los votantes que han desertado del laborismo.

Burnham, el favorito, y la incógnita de su programa

Todas las quinielas de Westminster apuntan a que Burnham será el próximo inquilino de Downing Street. Sus aliados preferirían que el relevo se materializase en septiembre, coincidiendo con el congreso anual laborista, pero la urgencia de los mercados y la presión de Farage podrían acelerar los plazos. Burnham ha prometido «estabilidad, seriedad y una atención continua a los asuntos que más preocupan al país», pero nadie sabe exactamente cuál es su plan para un Reino Unido que sigue buscando su lugar en el mundo tras el Brexit.

Y los gilts lo reflejan con crudeza. La deuda soberana británica ha sufrido ventas masivas esta mañana, elevando el yield del bono a diez años por encima del 5,5% y ensanchando el spread con el bund alemán. La libra, mientras tanto, se depreciaba un 1,8 % frente al dólar en la sesión europea, tocando mínimos que no se registraban desde la tormenta de los fondos de pensiones de hace cuatro años. El coste de asegurar la deuda británica contra impago (CDS) se ha disparado intradía, una señal de que los inversores institucionales empiezan a descontar un riesgo político persistente.

Diez años después del Brexit, el Reino Unido busca su brújula

Lo que veo en esta crisis va más allá de una simple dimisión. Se cumplen diez años justos del referéndum que decidió la salida de la Unión Europea por un estrecho 51,9 % frente al 48,1 %. Aquella fractura no solo reconfiguró las relaciones comerciales del país; fragmentó el sistema de partidos, erosionó la lealtad electoral y convirtió a Downing Street en una puerta giratoria. David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak, Keir Starmer y ahora, probablemente, Burnham. Siete líderes en una década es la prueba más palpable de que la política británica ha entrado en una fase de inestabilidad crónica que recuerda a la de algunas economías emergentes.

Esta secuencia erosiona la credibilidad institucional y encarece el coste de financiación del Tesoro británico. La prima de riesgo política se está instalando en los gilts como un componente estructural, no coyuntural. Y mientras Farage agita el fantasma de un nuevo referéndum sobre inmigración o incluso sobre el propio Brexit, los inversores se preguntan si el Reino Unido puede ofrecer la previsibilidad que exige el capital a largo plazo. La respuesta del mercado hoy ha sido un no rotundo.

🌍 El impacto en España y Europa

El terremoto político británico tiene consecuencias directas para los hogares y las empresas españolas. La libra esterlina se muestra cada vez más debil, lo que abarata las importaciones británicas pero reduce el poder adquisitivo de los turistas y compradores británicos en España, un sector que representa más del 5 % del PIB turístico español. Además, el nerviosismo en los gilts presiona al alza la rentabilidad de la deuda europea y, por extensión, al Euríbor. Con la libra en caída y la prima de riesgo del Reino Unido disparada, los bancos españoles con exposición al mercado británico —Santander, Sabadell o BBVA— podrían ver un deterioro en sus carteras de crédito y una mayor volatilidad en sus resultados.

Para el BCE, la inestabilidad en la City añade un argumento adicional para mantener una postura prudente en la próxima reunión de julio. Los exportadores españoles, especialmente los del sector agroalimentario, también temen que una parálisis política en Londres retrase las negociaciones comerciales post-Brexit que aún están pendientes. La dimisión de Starmer no es solo una noticia de política británica; es un recordatorio incómodo de que las heridas del Brexit siguen abiertas y de que el riesgo de contagio financiero no ha desaparecido.


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