Colombia elecciones: Rallo alerta sobre la negativa a reconocer la derrota y el riesgo de un golpe

El presidente saliente acumula excusas sin fundamento mientras el estrecho resultado facilita su estrategia deslegitimadora. Rallo advierte del peligro de un golpe institucional similar al venezolano y pide a los colombianos que cuiden sus votos.

La segunda vuelta de las elecciones colombianas nos ha dejado un triunfo incontestable de Abelardo de la Spriya y, sin embargo, lo que debería ser una noche de normalidad democrática se convierte en un polvorín. El presidente saliente, Gustavo Petro, se niega a aceptar la derrota y su retórica, mezcla de dilación y conspiración, hace saltar todas las alarmas. En su último análisis, Juan Ramón Rallo desmenuza las maniobras de Petro y advierte de un riesgo real: un golpe de Estado institucional que instrumentalice tanto el aparato estatal como la movilización callejera.

Un margen que alimenta la negación

De la Spriya ganó la Presidencia por menos de un punto porcentual, apenas 250.000 votos de diferencia sobre el heredero de Petro, Iván Cepeda. Rallo recuerda que el ahora presidente saliente ni siquiera ha reconocido los resultados de la primera vuelta, pese a que eran definitivos y la diferencia fue mayor. La pregunta es obvia: ¿por qué iba a hacerlo ahora, cuando el margen es aún más estrecho y la tentación de voltear el recuento oficial está al alcance de la mano?

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El analista recuerda que el llamado preconteo, esa agregación rápida que se publica la misma noche electoral, ha coincidido históricamente con el escrutinio definitivo al 99,9 %. En la primera vuelta de estas mismas presidenciales, la diferencia fue del 0,06 %; en las elecciones que ganó Petro en 2022, apenas del 0,1 %. En la práctica, De la Spriya es presidente electo, pero Petro se aferra a la ficción de que solo el escrutinio lento y solemne puede proclamar a alguien.

El guión golpista en los tuits de Petro

La noche del triunfo ajeno, Petro publicó en X que «no se puede proclamar ningún presidente» porque el preconteo no es el resultado final. Rallo considera que, aunque guardar las formas pudiera ser una pataleta de mal perdedor, la jugada de Petro va más lejos: ya está construyendo la narrativa que justifique un vuelco en el recuento.

En un segundo mensaje, el presidente aseguró tener «evidencia de un cambio de direcciones IP de varios servidores de la registraduría nacional» y, sin prueba alguna, sentenció que «el único con capacidad de hacer eso en el mundo es el Estado de Israel». Para Rallo, esta conspiración delirante, montada a toda prisa, solo busca deslegitimar unos datos del preconteo que nunca han fallado. La conclusión es clara: «Para ese viaje no hacen falta tantas alforjas».

«Gustavo Petro se está agarrando a un clavo ardiendo para no reconocer los resultados electorales», sostiene Rallo, y advierte de que hay un autócrata que puede intentar secuestrar la democracia colombiana.

— Juan Ramón Rallo

Venezuela como espejo y la urgencia penal

El analista vincula esta estrategia con la hoja de ruta que el propio Petro avaló en Venezuela: legitimar un fraude masivo cuando las urnas son adversas. «¿Por qué deberíamos pensar que Gustavo Petro, como animal acorralado que es, no va a intentar en Colombia lo que ya legitimó en Venezuela?», se pregunta. Y el acorralamiento tiene un motor concreto: los varios casos de corrupción que lo investigan. Si los suyos dejan el poder, el horizonte penal se complica dramáticamente.

Rallo insiste en que la secuencia es conocida: primero, generar dudas sin fundamento; después, presionar durante el escrutinio oficial para que las actas se «corrijan»; y, finalmente, presentar cualquier discrepancia como prueba del supuesto hackeo. La ciudadanía colombiana, dice, debería estar en guardia: el mayor riesgo no está en los servidores, sino en un presidente que no se va.

Un país partido que no puede descuidarse

Petro ha bautizado a De la Spriya como «fascista y neonazi» y ha pedido tranquilidad mientras exige un recuento total del voto con auditoría del software, sin que exista indicio de irregularidad. El propio Rallo cierra su análisis con un mensaje directo: «Ciudadanos colombianos, cuidad vuestros votos porque hay un autócrata que os puede intentar secuestrar la democracia». Son palabras que, tras once minutos de argumentos demoledores, pesan más que cualquier editorial.

Resulta difícil no leer en este episodio un espejo de otras crisis latinoamericanas donde la negativa a aceptar la derrota desencadenó parálisis institucional. Que el principal interesado en mantener el poder sea quien controla el aparato del Estado es un cóctel explosivo. Y Colombia, con un país tan partido por la mitad, se asoma a semanas decisivas.


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