El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha encendido hoy las alarmas del mercado energético global al amenazar con imponer peajes en el estrecho de Ormuz a menos que Irán acepte un acuerdo de paz definitivo en un plazo de 60 días. La advertencia, lanzada a través de su red Truth Social, responde al anuncio iraní de cerrar el paso marítimo como represalia por los ataques de Israel en Líbano y convierte el tránsito diario de crudo —cerca del 20 % del suministro mundial— en la mayor prima de riesgo geopolítico desde la guerra de Ucrania.
Un ultimátum de 60 días y la verdadera capacidad de cierre
Las Fuerzas Armadas iraníes habían comunicado por la mañana el cierre del estrecho en repudio a los bombardeos israelíes y a la «mala fe» estadounidense. Sin embargo, el portavoz del Comando Central de Estados Unidos, el capitán Tim Hawkins, desmintió que Teherán ostente el control efectivo: «Irán no controla el estrecho de Ormuz. El tráfico continúa fluyendo, y las fuerzas estadounidenses están monitoreando la situación para garantizar que esto siga siendo así». Los datos respaldan la afirmación: este sábado 55 buques mercantes transitaron la vía con más de 17 millones de barriles de petróleo, según el Pentágono.
Trump vinculó la amenaza de peaje a la consecución de un acuerdo final en 60 días, un margen que califica como «Período de Alto el Fuego» sin coste alguno. Superado ese plazo sin pacto, Estados Unidos facturaría por «los servicios prestados como Ángel Guardián a los países de Oriente Medio», en palabras del propio mandatario.
«No habrá peajes en el Estrecho de Ormuz durante 60 días en el Período de Alto el Fuego, y no habrá peajes después de que haya expirado el período de 60 días, a menos que sean impuestos por y para los Estados Unidos de América, en caso de que el acuerdo no se complete», escribió Trump en Truth Social.
La mediación paquistaní y la venta libre de crudo iraní
Mañana, domingo 21 de junio, arrancan en el complejo suizo de Bürgenstock las conversaciones técnicas auspiciadas por Pakistán. La delegación estadounidense la encabeza el vicepresidente JD Vance, acompañado por Jared Kushner y el inversor Steven Witkoff. Enfrente tendrán al presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, al canciller Abás Araghchi y a altos cargos del banco central y del sector petrolero de la república islámica.
La negociación se produce en un contexto de inusual apertura: Estados Unidos ha levantado el bloqueo a los puertos iraníes y permite que Teherán venda su petróleo libremente, una concesión que está generando dudas en el Congreso. El ministro de Exteriores iraní exigió «el cumplimiento de los compromisos» del memorando provisional antes de avanzar hacia un acuerdo definitivo, mientras Vance reconocía ante la prensa que «solo podrá estar allí uno o dos días» y que «los dos temas principales son el nuclear y el alto el fuego en Líbano».
¿Por qué esta crisis pone en jaque al mercado petrolero global?
He seguido durante años los pulsos geopolíticos en el Golfo Pérsico y lo que hoy me parece distinto es la naturaleza explícitamente transaccional de la amenaza. No se trata de un bloqueo naval ni de una intervención militar clásica, sino de una tasa de paso que podría elevar el coste de cada barril que atraviese los 33 kilómetros de ancho del estrecho. El riesgo de que el Brent supere los 100 dólares por barril no es menor: en episodios anteriores de tensión en Ormuz, la prima geopolítica añadió entre 5 y 10 dólares en cuestión de horas.
Lo que está en juego no es solo el suministro de crudo. Una interrupción prolongada —o un gravamen que desvíe tráfico de forma caótica— trasladaría el shock inflacionario a los bancos centrales. La Reserva Federal y el BCE, que empiezan a vislumbrar margen para relajar sus políticas, verían frenada cualquier bajada de tipos si el IPC energético repunta por encima del 4 %. Y eso es, precisamente, lo que los mercados ya están empezando a descontar en los futuros del West Texas Intermediate.
🌍 El impacto en España y Europa
El consumidor español ya nota el nerviosismo en los surtidores. Un encarecimiento del crudo supondría un repunte de los precios de la gasolina y el gasóleo en plena temporada estival de desplazamientos, presionando al alza el IPC de la eurozona. Más relevante aún: si la prima de riesgo energético se mantiene, el Euríbor podría abandonar la senda de ligeros descensos con la que las hipotecas variables españolas empezaban a respirar en 2026. Las empresas exportadoras del IBEX que dependen del transporte marítimo —desde Inditex hasta la agroalimentación— verían aumentar sus costes logísticos si el tránsito por el Canal de Suez, ya alterado, sufre un nuevo factor de incertidumbre en el Ormuz. El BCE, que tiene previsto evaluar en julio su hoja de ruta, se vería obligado a posponer cualquier estímulo mientras los futuros del gas natural europeo (TTF) no den tregua.




