Iberdrola ha renunciado a construir su gran planta de metanol verde en Begonte (Lugo) y traslada el proyecto Green Meiga a la provincia de Huelva. La compañía presidida por Ignacio Sánchez Galán moverá 500 millones de euros de inversión hacia el polo industrial andaluz, un giro que deja en el aire los 250 empleos previstos en Galicia y que refuerza la pujanza energética onubense.
La decisión se conoció este viernes a través de la documentación remitida por la propia energética, y supone un varapalo para la Xunta de Galicia, que había declarado la iniciativa proyecto de interés estratégico. Green Meiga iba a ser un buque insignia de la transición en el norte peninsular. Ahora lo será en el sur.
500 millones, 100.000 toneladas y tres socios
El proyecto Green Meiga contempla una inversión total de 500 millones de euros, a los que se suman 122,9 millones en financiación específica. La planta tendrá capacidad para producir hasta 100.000 toneladas anuales de metanol verde, un combustible limpio que se utiliza en la fabricación de plásticos, tableros de madera, disolventes y carburantes sintéticos.
La entrada en funcionamiento está prevista para 2029. Durante la fase de construcción, Iberdrola estima que se crearán unos 6.000 empleos, una cifra que se estabilizará en 426 puestos entre directos, temporales e inducidos cuando la factoría esté a pleno rendimiento.
Al consorcio se ha sumado Magnon, la filial de renovables de Ence, que participará junto a Iberdrola y Foresa en el desarrollo del complejo. La inclusión de Magnon aporta músculo industrial y un socio con experiencia en la gestión de biomasa, una pieza relevante para la cadena de suministro del metanol verde.
La ubicación onubense no es casual. Huelva lleva años tejiendo un ecosistema de hidrógeno verde, biocombustibles y química industrial que ahora recibe un proyecto de primer nivel. Iberdrola ha justificado el cambio tras completar los trabajos de ingeniería básica y evaluar los resultados técnicos y económicos. Las conclusiones, según la empresa, obligaban a introducir modificaciones para garantizar la viabilidad a largo plazo.
El traslado de Green Meiga no es solo un revés para Galicia, sino la confirmación de que Huelva concentra ya la masa crítica necesaria para ser el epicentro del metanol verde en el sur de Europa.
Lugo dice adiós; Huelva se frota las manos
El desenlace es un mazazo para Begonte, una localidad de poco más de 3.000 habitantes que había puesto muchas esperanzas en el proyecto. La Xunta le había otorgado la declaración de iniciativa estratégica, un trámite que agiliza la burocracia y que se reserva para inversiones de alto impacto. Ahora ese blindaje administrativo se desvanece.
En términos de empleo, la pérdida estimada ronda los 250 puestos que se habían proyectado para la zona. No son cifras menores en una comarca donde la industria escasea y donde cada inversión se mide en oportunidades de fijar población.
En el otro lado de la balanza, Huelva suma un nuevo inquilino de peso a su ya nutrido mapa energético. La provincia alberga proyectos de Cepsa, Fertiberia y Enagás, entre otros, y ahora añade a Iberdrola con una planta de combustibles renovables. La competencia entre territorios por atraer estas inversiones es feroz, y esta vez ha ganado el sur.
Conviene recordar que Andalucía ha creado una unidad aceleradora de proyectos que ha sido clave para desatascar trámites. La agilidad administrativa y la disponibilidad de suelo industrial junto al puerto de Huelva han inclinado la balanza.
El metanol verde y la pugna por el liderazgo industrial
El metanol verde se ha convertido en uno de los vectores más disputados de la nueva economía descarbonizada. No es solo un combustible: es una molécula base para infinidad de procesos industriales. Quien controle su producción a gran escala tendrá ventaja en la química, los plásticos y los combustibles sintéticos de las próximas décadas.
La decisión de Iberdrola revela algo más que un cambio de ubicación. Las empresas energéticas están priorizando la integración vertical con puertos, hubs de hidrógeno y clústeres químicos ya existentes. Huelva ofrece todo eso. Galicia, pese a su enorme recurso eólico, no ha conseguido articular un ecosistema equivalente, y pierde un proyecto que había sido declarado estratégico.
Hay quien interpreta el movimiento como un síntoma de saturación de proyectos en el norte. Si la demanda eléctrica o los permisos de conexión se endurecen, las empresas redibujan el mapa. Iberdrola no ha detallado las razones técnicas, pero el mensaje es claro: no basta con tener viento, hace falta un tejido industrial que absorba y multiplique la inversión.
Personalmente, creo que este episodio va a repetirse. La lucha por el metanol y el hidrógeno verde no se juega solo en los megavatios, sino en los polígonos, las desaladoras, los puertos y las alianzas empresariales. Huelva ha entendido esa lógica antes que otros territorios.
La pregunta abierta es si Galicia podrá retener otros proyectos similares o si verá cómo se escurren hacia el arco mediterráneo y el sur atlántico. La Xunta tendrá que mover ficha si no quiere que Green Meiga sea el primero de una lista.





