BNP dispara la previsión del precio del oro: la demanda de inversores impulsará más subidas

El metal precioso registra su mayor salto desde febrero mientras BNP Paribas revisa al alza sus pronósticos. La debilidad del dólar, las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz y las compras de bancos centrales dibujan un escenario favorable para los inversores.

El oro ha vuelto a recuperar ese brillo que parecía perdido en los últimos meses, y en Bloomberg Television no han tardado en ponerle cifras al rebote. Esta mañana, durante el programa Insight with Haslinda Amin, los analistas han desgranado los motivos que explican por qué el metal precioso registró su mayor salto desde febrero. La previsión de BNP Paribas, revisada al alza, añade ahora más leña a un fuego alcista que ya venía avivado por la demanda de inversores institucionales y el contexto geopolítico en Oriente Medio.

El oro rompe la inercia bajista

Durante meses, el comportamiento del oro había sido plano y hasta decepcionante para quienes esperaban que la inestabilidad global disparara su cotización. La fortaleza del dólar y el temor a nuevas subidas de tipos —el oro no paga intereses, recuerden— habían lastrado el precio. Pero el giro de este 6 de agosto cambia el tono. Shali Sachdev, responsable de servicios de inversión en Asia de BP Wealth Management, explicó en Bloomberg que las fuerzas que frenaban el metal se están diluyendo. Un dólar que empieza a ceder, tensiones inflacionarias que no desaparecen y la búsqueda de refugio en activos que no están respaldados por deuda alguna forman un cóctel favorable al repunte.

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El factor geopolítico: Estrecho de Ormuz

Parte de esa chispa la ha puesto el acuerdo entre Irán y Omán para una ruta de navegación temporal por el Estrecho de Ormuz. El anuncio, transmitido por la portavocía del ministerio de Exteriores iraní, se interpretó como un primer paso para aliviar el cuello de botella energético que asfixia los flujos de crudo. Sin embargo, tanto en Bloomberg como en los despachos de Teherán se moderó el optimismo: la televisión estatal iraní rebajaba las expectativas de una reapertura inmediata, y el vicepresidente estadounidense JD Vance apuntaba a las divisiones internas dentro del régimen iraní como un obstáculo. El Brent apenas se movió, pero el oro sí reaccionó. No es casualidad: cualquier escalada en la zona, o cualquier esperanza de desescalada, mueve el péndulo del riesgo y el apetito por coberturas defensivas.

El papel de los bancos centrales y la diversificación

Sachdev recordó que las compras de oro por parte de los bancos centrales han sido un motor clave en los últimos años, aunque en los últimos trimestres se ha notado una ralentización. La gran pregunta que flotaba en el plató era si esa pausa se revertirá en la segunda mitad de 2026. La respuesta de la experta fue prudente: las entidades oficiales suelen moverse por criterios de largo plazo, y un entorno de tipos todavía altos en algunas economías podría mantenerlas cautas. No obstante, para el inversor particular, el oro sigue siendo un diversificador clásico, ‘la moneda sin deuda’, en palabras de Sachdev. Su verdadera utilidad, añadió, se manifiesta cuando el resto del portfolio sufre, y es ahí donde cobra sentido para cualquiera que esté preocupado por la relación deuda/PIB de las grandes divisas.

‘El oro es esa moneda donde no hay deuda ni obligaciones. Por eso resulta un lugar más seguro cuando te preocupan los ratios de endeudamiento de los grandes países.’

— Shali Sachdev, responsable de inversiones en Asia de BP Wealth Management

BNP sube la apuesta: ¿hasta dónde puede llegar?

En este contexto, el movimiento de BNP Paribas —destacado durante la emisión de Bloomberg— de elevar su previsión del precio del oro añade munición al argumento alcista. No se trata de una casa cualquiera; su revisión refleja la convicción de que la demanda de inversores, tanto institucionales como minoristas, seguirá creciendo mientras las incertidumbres macroeconómicas y geopolíticas persistan. El oro cotizó hoy al alza un 0,8%, impulsado además por una sesión en la que las bolsas asiáticas cedían y los chips tecnológicos arrastraban a Wall Street a la baja.

La renta variable china, con el Hang Seng perdiendo casi un 2%, y la fragilidad de las negociaciones comerciales entre Pekín y Washington —donde la hegemonía de los drones chinos se ha convertido en un nuevo campo de batalla— también refuerzan ese apetito por activos refugio. Si el dólar sigue debilitándose, como anticipa BP Wealth, el camino hacia nuevos máximos anuales del metal no parece descabellado.

Lo que importa para el inversor

Conviene no caer en euforias simplistas. El acuerdo Irán-Omán, si prospera, podría relajar las primas de riesgo en el corto plazo y enfriar momentáneamente al oro. Pero los fundamentos de fondo —inflación persistente, divergencia en la política monetaria y un mapa de deuda soberana cada vez más tenso— juegan a favor del metal. La previsión de BNP no es una profecía, pero sí un termómetro de hacia dónde miran las carteras más sofisticadas. Que la fiebre del oro se mantenga dependerá de cuánto tardemos en ver un horizonte de tipos reales claramente a la baja. Mientras, la diversificación sigue siendo la palabra más repetida entre quienes gestionan patrimonios en Asia.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television:

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