Mark Esper alerta: Hezbolá, el factor disruptivo del acuerdo nuclear Irán-EE.UU.

El ex jefe del Pentágono advierte que Hezbolá puede dinamitar cualquier avance entre Washington y Teherán, mientras el memorando preliminar esquiva las preguntas más difíciles sobre el programa nuclear iraní.

En un momento en que el frágil memorando de entendimiento (MOU) con Irán apenas echa a andar, el ex secretario de Defensa Mark Esper ha puesto el dedo en la llaga: Hezbolá es el gran spoiler capaz de hacer descarrilar cualquier avance diplomático. Durante una entrevista en Bloomberg Television, el antiguo jefe del Pentágono ofreció un análisis cargado de realismo y un mas que evidente escepticismo sobre la letra pequeña del preacuerdo.

El tráfico en el estrecho de Ormuz, lejos de la normalidad prebélica

Esper subrayó que, aunque el MOU se firmó el miércoles anterior en Ginebra y el Mando Central reportó el paso de 55 buques el viernes, la cifra dista mucho de los 135 a 150 que transitaban a diario antes de la guerra. La amenaza iraní de volver a cerrar el estrecho, lanzada tan solo un día después, mantiene en vilo a navieras y capitanes.

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Para el exsecretario, hará falta paciencia y una prueba diaria de que la vía marítima es segura. “Los armadores no se lanzarán hasta que confíen de verdad”, sostuvo, dejando claro que el regreso a los niveles previos se medirá en semanas, no en días.

Un memorando que evita los puntos más espinosos

Al examinar el documento, Esper fue contundente: el MOU dedica la mayor parte de su texto a lo que Irán recibe —venta de crudo sin sanciones, descongelación de activos— y apenas un párrafo al capítulo nuclear. Ese párrafo, explicó, solo habla de una “dilución o mezcla descendente” del uranio enriquecido, sin precisar volúmenes, niveles de partida ni el destino de las infraestructuras.

“¿De qué grado de enriquecimiento se parte y a cuál se quiere llegar? ¿Qué stock de material se permite conservar en el país? ¿Habrá inspectores? ¿Qué pasa con las centrifugadoras?”, enumeró Esper. Ninguna de esas preguntas halla respuesta en la página y media de marco general.

«El memorando habla mucho de lo que obtiene Irán —venta de petróleo sin sanciones, descongelación de activos— y apenas un párrafo sobre el expediente nuclear, que solo menciona una dilución mínima del uranio enriquecido. Deja todas las preguntas difíciles sin contestar.»

— Mark Esper, ex secretario de Defensa de EE.UU.

La ausencia de esos detalles, según el exjefe del Pentágono, no es casual: son justo los puntos que consumieron dos años de negociación durante la era Obama y que el equipo de Donald Trump sabe que debe mejorar respecto al JCPOA. Los expertos técnicos tendrán que volar a Ginebra —o adonde se trasladen las conversaciones— para desbrozar la parte más compleja del acuerdo en los próximos 60 días.

Hezbolá, el spoiler que puede reventar el diálogo

Esper fue aún más directo al hablar del Líbano. “Hezbolá va a seguir siendo el spoiler”, afirmó, recordando que la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que en 2006 exigía su retirada al norte del río Litani y su desarme, lleva años sin aplicarse. El grupo chií continúa atacando comunidades del norte de Israel y, si Teherán lograse alivio financiero, una parte de esos fondos podría rearmarlo.

Para el ex secretario, la dinámica es perversa: el mismo Irán que se sienta a negociar un alivio nuclear es quien sostiene a la milicia que mantiene la tensión permanente en la frontera israelí. Sin un freno real a Hezbolá, cualquier pacto nace con un agujero de credibilidad.

Israel, sin silla en la mesa pero con sus propias líneas rojas

La ausencia de Israel entre los firmantes del MOU es, a juicio de Esper, un lunar que complica el proceso. Aunque confía en que Washington haya consultado a su aliado, recordó que los intereses israelíes son distintos: “Israel ve a Irán y a Hamás como amenazas existenciales”. Mientras Hamás siga atacando, argumentó, el Estado judío no dejará de defenderse.

Esper no se mostró optimista sobre la posibilidad de que Irán presione a Hamás para que dé un paso atrás. “La historia del conflicto dice que no lo harán”, apuntó, subrayando que la presión debería recaer mucho más sobre la milicia palestina que sobre la respuesta israelí.

Misiles balísticos, la gran amenaza que el acuerdo ignora

Otro de los vacíos que Esper denunció es el programa de misiles balísticos iraní. Durante la entrevista, recordó que cuando él ocupaba el despacho del secretario de Defensa, la principal preocupación del Pentágono era el arsenal balístico de Irán, el más grande y diverso de la región. El presidente Trump, sin embargo, había sembrado la polémica días atrás al sugerir que si otros países de la zona poseen esos sistemas, no sería injusto que Irán también los tuviera “en proporción relativa”.

Esper fue tajante: “Irán es un paria internacional, un Estado patrocinador del terrorismo. Ha usado misiles, cohetes y drones contra vecinos que nunca le han atacado, como Omán o Catar. No se ha ganado el derecho a tener misiles balísticos”. A su juicio, las resoluciones de la ONU que prohíben el suministro de ese tipo de armamento a Teherán deberían hacerse valer.

La OTAN no está en crisis, pero necesita músculo y mirada hacia China

La conversación derivó hacia la presencia militar estadounidense en Europa y la próxima cumbre de la OTAN en julio. Esper defendió que la alianza atlántica está lejos de estar muerta, pese a los tirones de los últimos años. “Los informes sobre su defunción son prematuros; hemos visto augurios así durante décadas”, ironizó.

Con todo, abogó por una modernización que dé más autoridad a los mandos aliados y por mantener la presión para que los socios europeos gasten más en defensa convencional frente a Rusia. El foco, añadió, no puede quedarse solo en el flanco este: China es, en su opinión, la mayor amenaza estratégica de esta generación, y la OTAN debe pensarse también en clave global junto a Japón, Corea del Sur y Australia.

La entrevista completa de Mark Esper deja un reguero de advertencias que van mucho más allá de la letra del memorando con Irán. Mientras los enviados estadounidenses se preparan para las rondas técnicas, el verdadero termómetro estará en el comportamiento de los actores que no firman el papel: Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza y un programa balístico que sigue levantando ampollas en el Pentágono. El reloj ya corre.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television:

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