Pocas cosas definen el desmoronamiento de un régimen como verlo renunciar a su propia ideología fundacional. Cuba acaba de hacerlo. Con 176 medidas, la dictadura castrista ha decretado el fin de la Revolución de 1959, abriendo paso a una economía de mercado que incluye banca privada, criptomonedas y propiedad inmobiliaria. Juan Ramón Rallo, en su reciente análisis, desgrana el paquete de reformas que, a su juicio, transitan del socialismo al capitalismo, aunque advierte que la oligarquía criminal que gobierna la isla no se moverá de su sitio.
Banca privada y criptomonedas: el fin del monopolio financiero estatal
La medida más simbólica es, sin duda, la autorización de bancos privados. Recordemos que la nacionalización bancaria fue uno de los pilares de la revolución cubana; el propio Che Guevara presidió el Banco Nacional. Ahora, explica Rallo, se permitirá a entidades privadas captar depósitos y conceder créditos a ciudadanos y empresas. Y no solo eso. También podrán operar con criptomonedas, incluyendo Bitcoin. Un Estado que se define marxista-leninista dando luz verde a los criptoactivos. Rallo lo presenta como una ironía que simboliza el desmontaje ideológico.
Privatización y quiebra: el mercado decide quién sobrevive
Otra transformación radical es la conversión de empresas públicas en sociedades anónimas, en las que podrán invertir cubanos emigrados, especialmente el capital del exilio de Miami. Pero más impactante aún: el nuevo marco permite que esas empresas quiebren. Rallo subraya que en el socialismo real las empresas no desaparecen aunque sean ruinosas, porque no hay pérdidas ni ganancias que actúen como termómetro. Con la reforma, quien lo haga mal liberará recursos para que otros los aprovechen. El mercado dicta sentencia.
Adiós a los precios fijados y a la escala salarial única
El tercer pilar desmontado es el control centralizado de precios. A partir de ahora los precios los fijará el mercado. Y lo más llamativo es cómo se ha justificado: el propio dictador Miguel Díaz‑Canel ha reconocido, según cita Rallo, que los topes de precio fracasaron estrepitosamente. Junto a ello se elimina la escala salarial única de 32 niveles; cada empresa podrá diferenciar salarios en función del valor añadido por cada trabajador. Se abandona el igualitarismo ramplón que, en palabras del analista, aherrojaba la creatividad y la productividad.
Propiedad inmobiliaria, comercio exterior y fin de la libreta de abastecimiento
En el ámbito inmobiliario, el paquete otorga derechos de propiedad con plazos definidos. Si compras suelo para construir vivienda o locales comerciales, obtienes un derecho de propiedad durante 99 años; puedes explotarlo o venderlo a terceros, lo que recuerda al modelo de concesiones chino‑vietnamita. Si adquieres un inmueble ya edificado, el derecho de uso y disfrute se extiende a 50 años. Y lo decisivo: se permite también al capital extranjero, algo que Rallo califica como un guiño a la inversión foránea sin renunciar al control político.
Simultáneamente, se pondrá fin a la libreta de abastecimiento, esa cartilla de racionamiento universal que funciona desde 1962. Se elimina el subsidio generalizado y se pasa a un sistema de ayudas focalizadas en los más necesitados. Para Rallo, es un golpe simbólico directo al corazón de la Revolución.
“Los topes de precio no lograron contener la inflación; provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios y menos recaudación de impuestos.”
— Miguel Díaz‑Canel, según cita Juan Ramón Rallo
Capitalismo sin libertad no basta: la advertencia de Rallo
A pesar de estas reformas, Rallo es tajante: la mafia criminal y sangrienta del castrismo seguirá al frente de Cuba. La oligarquia extractiva que lleva décadas extorsionando y encarcelando a millones de cubanos sobrevivirá a cualquier cambio económico. El capitalismo puede coexistir, advierte, con una falta absoluta de libertad económica, como demuestra el caso argentino, donde las élites peronistas han destrozado una economía formalmente capitalista con regulaciones asfixiantes y corrupción. Sin liberalismo, insiste, el capitalismo se convierte en una trampa de amiguetes donde los mismos de siempre se reparten el botín.
La crisis que ha precipitado este giro es monumental: apagones diarios, producción agrícola incapaz de alimentar a la isla, industria paralizada. Durante años, la planificación central ha generado escasez y dependencia de importaciones que el Estado ya no puede pagar. La presión de Washington, con un bloqueo petrolero y sanciones financieras desde enero de 2026, ha sido el detonante que obligó a la dictadura a hacer lo impensable. Para los cubanos, la reforma ofrece una ventana de oportunidad —la posibilidad de emprender, de comerciar con el exterior, de acceder a crédito— pero, como subraya Rallo, sin un Estado de derecho y sin el fin de la extorsión política, esa ventana puede convertirse en un espejismo.
La pregunta que flota en el aire es si estas 176 medidas son una rendición del régimen o una estratagema para perpetuarse bajo otro disfraz. El tiempo dirá si Cuba transita realmente hacia la prosperidad o si simplemente cambia el color de sus grilletes. Solo cuando el país recupere plena libertad política y jurídica podrá hablarse de un verdadero renacimiento económico.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.





