El precio del crudo Brent, la referencia que determina lo que pagan los conductores españoles cada vez que llenan el depósito, se desploma esta semana hasta rozar los 80 dólares por barril. La caída semanal ronda el 9%, borrando de un plumazo las ganancias acumuladas durante más de tres meses de tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
La razón principal es un cóctel de exceso de oferta global y la expectativa de una tregua entre Estados Unidos e Irán que aliviaría las primas de riesgo que el mercado había incorporado desde el inicio de la guerra. La OPEP+, además, mantiene su plan de incrementar la producción de forma gradual, añadiendo barriles a un mercado que ya percibe un superávit.
A este escenario se suma una demanda global de crudo que no termina de despegar, lastrada por la ralentización de las economías asiáticas y un invierno moderado que ha contenido el consumo de calefacción en Europa. El resultado es una presión bajista que los operadores no esperaban hace apenas un mes.
El exceso de oferta global que presiona los precios
Los inventarios mundiales de petróleo están subiendo a un ritmo que no se veía desde principios de 2025. Varios países productores fuera de la OPEP, como Brasil y Guyana, han elevado sus extracciones, mientras que las exportaciones rusas se mantienen estables pese a las sanciones. La combinación de todos estos flujos ha creado un colchón de crudo que el mercado descuenta con rapidez.
Arabia Saudí y sus socios del Golfo insisten en que el reequilibrio llegará, pero los analistas consultados por esta redacción ven margen para correcciones adicionales. El barril de Brent podría tocar los 75 dólares si la tregua con Irán se confirma y la próxima reunión de la OPEP+ no sorprende con recortes adicionales de última hora. De hecho, ya hay fondos que están cerrando posiciones largas acumuladas durante la crisis del estrecho de Ormuz.
El contexto geopolítico ha cambiado de signo en apenas cinco días. Hace una semana, la amenaza de interrupción del tránsito marítimo mantenía al petróleo por encima de los 90 dólares. Ahora, las señales de distensión son suficientes para que los operadores reduzcan drásticamente la prima de riesgo. El mercado actúa, como casi siempre, por anticipación.
Estamos asistiendo a un ajuste severo que refleja más el miedo al exceso de oferta que la realidad de una demanda débil.
Consecuencias inmediatas en los surtidores españoles
Para el bolsillo de los ciudadanos, la traducción es directa. Los precios de la gasolina y el diésel en España, que ya venían moderándose en las últimas semanas, están a punto de registrar una bajada adicional que se materializará en los próximos siete a diez días, el plazo habitual en que los movimientos del Brent se trasladan a los surtidores.
Según los últimos datos del Boletín Petrolero de la UE, el litro de gasolina 95 ronda ya los 1,48 euros, lejos de los picos de 1,62 que se alcanzaron en abril. Si el Brent consolida su estancia por debajo de los 80 dólares, los expertos creen probable que veamos importes cercanos a 1,38 euros para la gasolina y 1,32 para el diésel antes de que termine junio.
Esta bajada supondría un alivio para los hogares y las empresas de transporte, que llevan meses lidiando con costes energéticos elevados. Sin embargo, conviene no lanzar las campanas al vuelo. La volatilidad del crudo sigue siendo extrema y cualquier sobresalto geopolítico podría revertir la tendencia en cuestión de horas.
¿Un respiro temporal o el inicio de un ciclo bajista?
Llevo años cubriendo los vaivenes del petróleo y pocas veces he visto un giro tan abrupto sin un detonante económico claro. Lo que ha ocurrido esta semana es, sobre todo, un desplome de las expectativas: el mercado ha pasado de temer una crisis de suministro a anticipar un excedente difícil de colocar. La pregunta ahora es si estamos ante el comienzo de un ciclo bajista estructural o simplemente ante un paréntesis que se cerrará en cuanto la geopolítica vuelva a calentarse.
Hay elementos para sostener ambas lecturas. Por un lado, la OPEP+ tiene margen para bombear mucho más crudo del que produce y su disciplina nunca ha sido eterna. Por otro, la transición energética sigue erosionando lentamente la cuota del petróleo en la generación eléctrica y el transporte, lo que a largo plazo reduce la presión sobre los precios. Pero mientras el motor de combustión siga siendo mayoritario en el parque automovilístico español, los vaivenes del Brent seguirán marcando el coste de llenar el depósito.
Mientras escribo estas líneas, el mercado descuenta una probabilidad superior al 60% de que EE.UU. e Irán alcancen un acuerdo preliminar antes del verano. Si eso ocurre, podríamos ver el Brent en los 70 dólares. Si fracasa, la reacción alcista será igual de rápida. Una vez más, la estabilidad en los surtidores depende de lo que decidan un puñado de líderes en Washington, Riad y Teherán.




