Claude Mythos: EEUU no apagó por miedo a jailbreak, lo hizo por espionaje chino vía SK Telecom

Según Wired, la Casa Blanca ya había revocado el acceso al operador surcoreano SK Telecom por sospechas de espionaje chino. La medida desata nuevas tensiones sobre el control de la inteligencia artificial avanzada.

La orden de la Casa Blanca para que Anthropic retirase el acceso a su modelo de inteligencia artificial más avanzado, Claude Mythos, no se debió a un simple fallo de seguridad. Detrás de la decisión subyace el temor a que China accediese a la tecnología a través de SK Telecom, el mayor operador de telecomunicaciones de Corea del Sur, según una investigación publicada por Wired. La revelación cambia el relato oficial y añade un nuevo capítulo a la guerra tecnológica entre Washington y Pekín.

Claves de la operación

  • Una decisión de urgencia que va más allá del jailbreak. La Casa Blanca revocó el acceso a Mythos tras detectar que SK Telecom podía ser un canal de fuga hacia China, incluso antes de que se conociera la vulnerabilidad en Fable 5.
  • SK Telecom: pasado de inversiones con Pekín y nexos empresariales. Aunque hoy su presencia en China es mínima, el operador surcoreano llegó a crear una joint venture con China Unicom y su conglomerado mantiene alianzas en semiconductores y energía.
  • El coste para Anthropic en plena guerra regulatoria. La compañía ya se enfrentaba al Gobierno de Estados Unidos por la negativa a liberar modelos sin salvaguardas para uso militar; este episodio añade tensión a una relación ya deteriorada.

La amenaza invisible: cómo SK Telecom se convirtió en el puente hacia China

El pasado sábado 13 de junio, la Casa Blanca ordenó a Anthropic que retirara inmediatamente el acceso a los modelos Fable 5 y Mythos a todos los usuarios extranjeros. La justificación inicial apuntaba a un aviso de jailbreak —un fallo que permitiría saltarse las salvaguardas del modelo— pero, según la investigación de Wired, Washington llevaba semanas inquieto por otro motivo. A principios de junio, el Departamento de Comercio ya había pedido a la empresa fundada por Dario Amodei que revocase el acceso al operador de telecomunicaciones surcoreano SK Telecom, una de las 150 compañías seleccionadas para probar el modelo original Mythos dentro del Project Glasswing.

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El ejecutivo estadounidense sospechaba que los vínculos históricos de SK Telecom con China representaban un riesgo de espionaje industrial. Aunque el operador apenas cuenta hoy con siete empleados en China y su facturación en el país es testimonial, en el pasado mantuvo una alianza muy estrecha con China Unicom. SK Telecom llegó a invertir hasta 1.000 millones de dólares en el operador chino y creó una empresa conjunta antes de vender sus participaciones en 2009. Además, el conglomerado SK Group, del que forma parte, tiene intereses en semiconductores y energía que sí mantienen alianzas activas con Pekín.

Fue el propio CEO de Amazon, Andy Jassy, quien telefoneó al secretario del Tesoro para advertirle sobre las vulnerabilidades encontradas en Fable 5, la versión recortada de Mythos lanzada al público. La llamada aceleró una decisión que, en realidad, ya estaba sobre la mesa. La gota que colmó el vaso no fue el riesgo de que cualquier individuo hiciera un mal uso del modelo, sino la convicción de que China ya estaba mirando dentro de Mythos.

SK Telecom había invertido 100 millones de dólares en Anthropic en 2023 con el objetivo de desarrollar modelos de IA enfocados a las telecomunicaciones, una relación que convirtió al operador en uno de los socios estratégicos del Project Glasswing. Sin embargo para la comunidad de inteligencia estadounidense, esa cercanía suponía una brecha potencial: si SK Telecom podía examinar Mythos sin restricciones, Pekín podía hacer lo propio a través de los canales empresariales del grupo surcoreano.

En la nueva geopolítica de la inteligencia artificial, un aliado con pasado en China es, para Washington, un vector de contagio antes que un socio de confianza.

La versión oficial —proteger al público de una herramienta peligrosa— queda, por tanto, en entredicho. La orden de retirada fue drástica: ningún extranjero, estuviera dentro o fuera de Estados Unidos, podía seguir accediendo a los modelos. Anthropic acató sin rechistar, pero el episodio ha abierto una herida adicional en su ya complicada relación con el Gobierno.

Implicaciones comerciales y el precedente de la desconfianza

La compañía liderada por Dario Amodei atraviesa una etapa de fuertes fricciones regulatorias. En marzo de 2026, Anthropic se negó a permitir el uso militar de sus modelos sin salvaguardas, lo que le valió ser incluida en una lista negra que limita su contratación con el Gobierno federal. La empresa respondió con una demanda que aún se dirime en los tribunales. Ahora, el caso Mythos añade un nuevo capítulo a ese culebrón y refuerza la imagen de un Gobierno dispuesto a cortar el acceso a la IA cuando la seguridad nacional está en juego, sin demasiados miramientos hacia los intereses comerciales de las tecnológicas.

Este movimiento sienta un precedente incómodo para la industria del cloud y los grandes modelos fundacionales. Empresas como Amazon Web Services, que aloja buena parte de la infraestructura de Anthropic, o Google, con su propia apuesta por Gemini, deberán evaluar hasta qué punto sus clientes y socios extranjeros pueden convertirse en una responsabilidad. La decisión de la Casa Blanca implica, de facto, que cualquier operador de telecomunicaciones con lazos históricos con China, por tenues que sean, puede ser vetado de golpe en el acceso a la IA más avanzada.

SK Telecom ha negado tajantemente mantener vínculos actuales con China, pero la desconfianza de Washington no se sustenta en pruebas concretas de espionaje, sino en la mera posibilidad. Esa lógica, aplicada al mercado global, puede desencadenar una cascada de restricciones que fragmente aún más el desarrollo de la inteligencia artificial a lo largo de líneas geopolíticas.

SK Telecom Anthropic

Una partida geopolítica que pesa sobre Europa y el tablero español

El aislamiento de Mythos no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia más amplia de contención tecnológica que ya ha llevado a la Administración estadounidense a restringir la exportación de semiconductores avanzados y a presionar a sus aliados para que sigan su estela. En este contexto, la Unión Europea y España en particular se ven atrapadas entre dos fuegos: dependen de la IA estadounidense para sus procesos de digitalización, pero carecen de alternativas soberanas con capacidad real de competir.

Operadores españoles como Telefónica, que históricamente han colaborado con fabricantes chinos como Huawei en el despliegue de redes 5G, han debido reequilibrar sus alianzas para sortear el escrutinio de Washington. Una situación similar podría repetirse si llegaran a acceder a modelos avanzados de IA bajo contratos con proveedores estadounidenses. La sombra de la desconfianza se alarga más allá del Pacífico y condiciona las decisiones estratégicas de empresas que, como Telefónica, operan en mercados globales.

Desde Bruselas, el enfoque ha sido diferente: la AI Act busca regular por capas de riesgo y garantizar la soberanía digital europea, pero carece del músculo de ejecución unilateral que demuestra Washington. El episodio de Mythos y SK Telecom muestra la distancia que separa ambas aproximaciones. Mientras Europa legisla y debate, Estados Unidos actúa y corta accesos sin esperar consensos.

La pregunta que sobrevuela es si las empresas europeas, incluyendo las españolas, podrán seguir accediendo a la vanguardia de la IA sin generar suspicacias en los despachos de Washington. En un mundo donde un modelo fundacional se considera tan sensible como un arma, la confianza se ha convertido en la divisa más escasa del mercado tecnológico.


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