Fed: se mantienen en el 3,5% pero Warsh abre la puerta a subidas este año

La decisión, ampliamente esperada, fue la cuarta pausa del año. Sin embargo, el nuevo presidente avisó de que la inflación sigue por encima del objetivo y los gobernadores prevén al menos un alza tras el verano.

La Reserva Federal mantuvo en su reunión de junio los tipos de interés en el rango del 3,5% al 3,75%, confirmando la cuarta pausa del año y la primera bajo la nueva presidencia de Kevin Warsh. Sin embargo, la decisión, ampliamente esperada, vino acompañada de un giro en el tono: el banco central abrió la puerta a posibles subidas antes de que termine 2026.

Los mercados reaccionaron con caídas moderadas. El Nasdaq cedió un 0,34%, mientras que el S&P 500 y el Dow Jones retrocedieron un 0,44% y un 0,17%, respectivamente. Wall Street ya descontaba el mantenimiento, pero las proyecciones de los gobernadores dibujaron un escenario más agresivo de lo anticipado.

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La inflación marca el paso

La economía estadounidense sigue mostrando fortaleza: el desempleo se mantiene en el 4,3% y el crecimiento no da señales de agotamiento. Pero la inflación es la sombra que lo empaña todo. En mayo, el IPC repuntó hasta el 4,2%, su nivel más alto en tres años, impulsado en buena medida por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. El encarecimiento del crudo se ha filtrado a los precios al consumo, y la Fed considera que el impacto tardará meses en disiparse.

“No descubro nada si digo que estoy preocupado por la situación en Oriente Próximo”, admitió Warsh en su comparecencia. Su mensaje, deliberadamente contenido, escondía la hoja de ruta que ya manejan los gobernadores: al menos una subida después del verano.

Los gobernadores se inclinan por endurecer

El diagrama de puntos (dot plot) de la reunión revela un giro notable. De los 18 miembros del Comité Federal de Mercado Abierto que participaron en las proyecciones, solo uno contempla todavía un recorte de tipos en 2026. Nueve de ellos prevén al menos un incremento de un cuarto de punto antes de que termine el año. El resto apuesta por el mantenimiento.

Warsh, que se abstuvo de intervenir en las previsiones para preservar la neutralidad de su cargo, se encontró con un comité mucho más halcón de lo que él mismo había anticipado. Llega a la Reserva Federal de la mano de Donald Trump, que lo eligió precisamente por su historial favorable a una política monetaria más laxa. Pero el nuevo presidente no tardó en demostrar que la realidad macroeconómica manda.

De hecho, Warsh ha aterrizado en en el cargo en un momento complejo. La presión política es evidente, pero la independencia de la institución se está reafirmando con cada declaración.

Warsh estrena mandato con reformas de calado

Más allá de la decisión de tipos, el nuevo presidente aprovechó la comparecencia para anunciar cambios profundos en el funcionamiento de la Reserva Federal. Creará varios grupos de trabajo independientes que revisarán los distintos departamentos del banco central y propondrán medidas para ganar eficiencia. Entre los objetivos, según fuentes internas, está explorar nuevos indicadores que incorporen el impacto de la inteligencia artificial en la economía.

El primer síntoma de ese giro se notó ya ayer: el comunicado oficial fue tres veces más breve que los habituales en la era Powell. Warsh defendió la decisión: “Los mercados son menos eficientes cuando están pendientes de las orientaciones de la Fed”. La intención es que los inversores no dependan tanto de las palabras del banco central y tomen decisiones más autónomas.

La Fed ya no guía, avisa. Y ese aviso llega con el manual de instrucciones bajo el brazo.

Un giro forzado en el manual de la Reserva Federal

El aterrizaje de Warsh en la Reserva Federal es cualquier cosa menos suave. Llega con un presidente que esperaba recortes y se topa con una inflación que le obliga a plantear el endurecimiento. La independencia del banco central, tan defendida por Jerome Powell, se pone ahora a prueba bajo un liderazgo que no teme acortar los comunicados ni redefinir los indicadores.

La apuesta por simplificar los mensajes tiene lógica si se busca que el mercado no navegue exclusivamente por las expectativas que la propia Fed genera. Pero también puede interpretarse como un intento de reducir la transparencia. Warsh lo niega, pero el recorte de pistas deja a los inversores con menos anclas. En un entorno con el IPC en el 4,2% y la guerra con Irán como telón de fondo, cualquier error de cálculo en el ritmo de endurecimiento podría lastrar el crecimiento sin doblegar los precios.

Mientras, los mercados asimilan que el precio del dinero podría subir antes de Navidad. El Nasdaq, especialmente sensible a los tipos, ya ha empezado a descontarlo. La era Warsh arranca con un mensaje claro: estabilidad por encima de estímulo. Y eso, en un ciclo que amenaza con ser más largo de lo previsto, es toda una declaración de intenciones.


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