Modi y Trump anuncian progresos en el acuerdo comercial EE.UU.-India y amenazan la hegemonía china en cadenas de suministro

El entendimiento entre Washington y Nueva Delhi podría desviar flujos comerciales y de inversión que durante décadas tuvieron a Pekín como destino natural. La industria europea observa con atención el avance de un pacto que redibuja el mapa del 'China+1'.

El acuerdo comercial EE.UU.-India está más cerca de lo que el mercado descuenta. Los líderes se reunieron ayer, 17 de junio, al margen de la cumbre del G7 en la localidad francesa, y el comunicado oficial habla de “avances significativos” hacia un pacto comercial bilateral de carácter provisional.

El presidente estadounidense fue aún más explícito: preguntado por los periodistas si el trato está próximo, respondió que están “muy cerca”. La instrucción dada a los equipos negociadores es cerrar un acuerdo “comercialmente significativo cuanto antes”. De hecho, el representante de Comercio Exterior de EE.UU., Jamieson Greer, viajará la próxima semana a Nueva Delhi para la última ronda de conversaciones.

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Los términos del entendimiento: cifras, plazos y obstáculos superados

El telón de fondo es ambicioso. Washington y Nueva Delhi se han fijado la meta de elevar el comercio bilateral hasta los 500.000 millones de dólares en 2030, una cifra que multiplica por más de tres el intercambio actual. Para alcanzarla, ambos gobiernos han mantenido múltiples rondas de negociación que han sorteado varios escollos:

  • El ministro de Comercio indio, Piyush Goyal, afirmó a principios de junio que el primer tramo del acuerdo está “al 99 %”.
  • Las conversaciones se ralentizaron después de que el Tribunal Supremo estadounidense anulara los amplios aranceles de Trump, pero la nueva administración ha iniciado investigaciones sobre prácticas comerciales desleales y mantiene un arancel general del 10 %, aplicable también a India.
  • Pese a ello, el tono es inequívocamente constructivo. La declaración del ministerio indio detalla que Modi y Trump “ordenaron a los funcionarios trabajar para lograr un acuerdo comercialmente significativo lo antes posible”.

“Los líderes observaron con particular satisfacción los significativos progresos realizados en las negociaciones hacia un Acuerdo Comercial Bilateral provisional.” — Comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de India, 18 de junio de 2026

Este entendimiento preliminar busca resolver disputas de acceso a mercados y aranceles que han frenado durante años el potencial de la relación económica más prometedora del Indo-Pacífico.

El ascenso de India como alternativa real a China

Lo que veo aquí es un movimiento que va mucho más allá de las cifras de intercambio. El acercamiento comercial entre EE.UU. e India amenaza directamente la hegemonía china en las cadenas de suministro globales. En un contexto en el que gigantes tecnológicos como Apple y Samsung ya han trasladado parte de su producción a suelo indio, un marco arancelario preferente con Washington consolidaría a India como el eslabón más fiable de la estrategia China+1.

Durante años, Pekín ha funcionado como la fábrica del mundo porque nadie podía igualar su escala y la previsibilidad de su entorno comercial integrado con Estados Unidos. Pero si Nueva Delhi ofrece ahora condiciones de acceso privilegiadas y un mercado interno de 1.400 millones de consumidores, el cálculo de cualquier director de cadena de suministro cambiará. El riesgo es que Europa quede atrapada en un fuego cruzado: sin un acuerdo propio con India, las empresas del Viejo Continente podrían enfrentarse a un doble coste —aranceles más altos que los de su competidor estadounidense y una dependencia estratégica de China que no remite—.

No obstante, el camino no está exento de contradicciones. India sigue siendo un país con barreras regulatorias internas, una infraestructura logística que exige inversiones masivas y una política de sustitución de importaciones a veces errática. El pacto con Washington tendrá que sortear sensibilidades domésticas indias —como la protección del sector agrícola y farmacéutico— y la presión de los sindicatos estadounidenses. La próxima visita de Greer servirá para medir cuánto de ese “99 %” se puede convertir en papel firmado.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El avance de las negociaciones se filtrará de inmediato en tres planos para los mercados europeos:

  • Reconfiguración de flujos comerciales: si EE.UU. obtiene condiciones ventajosas, las exportaciones europeas a India —maquinaria, bienes de equipo y productos químicos— perderán competitividad frente a los productos estadounidenses, lo que perjudica especialmente a Alemania y, en menor medida, a España (donde el mercado indio aún es marginal pero de rápido crecimiento).
  • Presión sobre el BCE y la inflación: una India que atrae inversión productiva puede contener los precios globales de manufacturas al ofrecer costes laborales más bajos que China; sin embargo, si la UE no logra acuerdos similares, la desviación de comercio podría encarecer algunos componentes importados e introducir volatilidad en el Euríbor en un escenario de tipos ya ajustados.
  • Oportunidades para empresas españolas: compañías del IBEX con presencia en India —como Inditex o las firmas de infraestructuras— podrían beneficiarse de un entorno de mayor certidumbre, aunque el sesgo proteccionista de la era Trump obliga a leer el acuerdo con prudencia.

El dato que monitorizaré de cerca es la visita de Greer a Nueva Delhi. Si la primera fase del acuerdo se cierra en las próximas semanas, el ruido en los consejos de administración de las multinacionales europeas será inmediato: la deslocalización desde China acaba de ganar un andamio jurídico de primer orden.


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