El mercado de coches eléctricos chinos vive una paradoja. Las ventas de nuevos no paran de crecer, pero cuando toca revender, los propietarios se llevan una sorpresa. Según los datos que maneja el sector, los modelos procedentes de China pierden hasta un 10% más de valor que sus equivalentes europeos en el primer año. Una brecha que frena su aceptación en el mercado de ocasión y que plantea dudas sobre la estrategia de precio de las marcas orientales.
La diferencia de depreciación: el dato clave
En concreto, los turismos eléctricos chinos se deprecian una media cercana al 28% en los primeros doce meses, frente al 18% que pierden marcas como Volkswagen, Renault o Stellantis en el mismo periodo. La cifra, recogida por varios portales de compraventa y asociaciones del sector, coloca al comprador de un eléctrico chino ante una realidad incómoda: si decide venderlo al año, habrá perdido unos 3.000 euros más en términos porcentuales que si hubiera elegido un modelo europeo equivalente.
La depreciación, no obstante, no es homogénea. Modelos como el MG4 Electric o el BYD Atto 3 sufren caídas algo más pronunciadas, mientras que los SUV de tamaño medio mantienen mejor el tipo. Pero la tendencia general es clara: el comprador español aún no confía en la reventa del producto chino.
Por qué los coches chinos pierden valor más rápido
Las razones son múltiples y van más allá de la calidad del producto. En primer lugar, las marcas chinas están practicando políticas de descuento muy agresivas en el canal nuevo, lo que arrastra a la baja los precios del mercado de ocasión. Si un BYD se vende con 3.000 euros de promoción en concesionario, el que ya está matriculado pierde atractivo.
En segundo lugar, persiste una percepción de riesgo tecnológico. Los compradores temen que la rápida evolución de las baterías y los sistemas de infoentretenimiento deje obsoletos los modelos de hace dos años. Eso, unido a una red de servicio postventa todavía en construcción, reduce el interés por el vehículo usado.
Los compradores españoles, que tradicionalmente han valorado la fiabilidad, ahora se enfrentan a un mercado en el que los coches chinos ofrecen tecnología avanzada pero a costa de un desplome en la tasación cuando quieren venderlo. Aquí es donde entra la psicología: el miedo a no recuperar la inversión empuja a muchos hacia el renting o la compra de segunda mano de marcas consolidadas.

Análisis: ¿una amenaza para el despegue chino en Europa?
Llevo meses siguiendo los movimientos de los fabricantes chinos y creo que este fenómeno no es un accidente. La estrategia de desembarco ha sido clara: ganar cuota de mercado a toda costa, aunque eso signifique sacrificar el valor residual. MG, BYD y Omoda están inundando los concesionarios con modelos asequibles y campañas de financiación muy ventajosas. Pero ese camino tiene un coste.
El riesgo es que se cree un círculo vicioso: la caída del valor de segunda mano hace que los concesionarios ofrezcan menos dinero por el vehículo a cambio, lo que a su vez disuade a los particulares de comprarlo nuevo, a menos que se acojan al renting con todo incluido. De hecho, las operaciones de renting con coches chinos han aumentado un 30% en lo que va de año, según datos de GANVAM. La gente prefiere no jugársela con la depreciación.
Desde mi punto de vista, el problema no es irremediable, pero sí exige un cambio de guion. Las marcas chinas tendrán que invertir en programas de vehículos de ocasión certificados, ampliar sus redes de talleres y, sobre todo, construir una imagen de marca sólida. En China, donde el fenómeno es similar pero menos traumático porque el ciclo de renovación del parque móvil es más corto, los fabricantes han logrado sortear la depreciación a base de garantías kilométricas. En Europa, eso aún no ha calado.
El verdadero lastre no es la tecnología, sino la confianza. Y la confianza en el valor residual no se compra con descuentos, se gana con años en el mercado.
La cuestión de fondo es si el consumidor europeo está dispuesto a asumir una pérdida de valor tan acusada a cambio de un precio de entrada más bajo. Para mí, la respuesta dependerá de lo que hagan los fabricantes en los próximos dos años. Si no atajan la sangría, el chollo del coche chino nuevo terminará pasando factura en el momento de la reventa.
Mientras tanto, las cifras hablan por sí solas. La próxima vez que veas un SUV chino con un precio imbatible en el escaparate, recuerda que la factura real puede llegar cuando quieras venderlo.





