La economía de Taiwán se dispara por los semiconductores de IA, con Trump y China como riesgo latente

El PIB de Taiwán creció un 13,7% en el primer trimestre y un 12,9% en el segundo, un ritmo impulsado por las exportaciones de semiconductores para inteligencia artificial a Estados Unidos. Sin embargo, la dependencia de Washington y las tensiones con Pekín amenazan la sostenibili

He analizado los últimos datos de crecimiento de Taiwán y la conclusión es clara: la isla vive un boom económico sin precedentes recientes impulsado por la inteligencia artificial. El PIB taiwanés creció un 13,7 % interanual en el primer trimestre de 2026 y, según los datos publicados el pasado viernes 31 de julio, el segundo trimestre —cerrado en junio— ha marcado un 12,9 %. Una aceleración que se apoya en un año 2025 en el que la economía ya había avanzado un 8,6 %.

La causa es tan concreta como abrumadora: los semiconductores avanzados. Taiwán produce alrededor del 90 % de los chips más sofisticados que alimentan los grandes modelos de IA, y Estados Unidos se ha convertido en su principal comprador. En 2025, las importaciones estadounidenses desde Taiwán alcanzaron los 201.000 millones de dólares, casi el doble de los 116.000 millones de 2024. Tanto que, en mayo de este año, la isla superó a China como tercer proveedor de bienes a EE.UU., solo por detrás de México y Canadá.

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Los datos del ‘boom’: PIB, exportaciones y mercado bursátil

La radiografía del momento taiwanés se resume en tres indicadores que ningún analista puede ignorar:

  • PIB en velocidad de crucero: 8,63 % en 2025, 13,69 % en el primer trimestre de 2026 y 12,92 % en el segundo. Son ritmos propios de una economía emergente en plena industrialización, no de una isla madura de 23 millones de habitantes.
  • Balanza comercial con EE.UU.: el superávit roza los 200.000 millones de dólares. Una cifra que, como veremos, empieza a generar inquietud incluso entre los aliados de Washington.
  • Bolsa: el parqué taiwanés se ha convertido en el quinto del mundo por capitalización bursátil, por delante de Reino Unido, Canadá e India. Un rally que debe casi todo a la fiebre de la IA.

La administración Trump no ha tardado en mover ficha para asegurarse el suministro. Ha firmado un acuerdo por el que Taiwán se compromete a invertir 500.000 millones de dólares en suelo estadounidense, la mitad en inversión directa de empresas como TSMC y el resto en garantías de crédito. A cambio, las firmas taiwanesas podrán importar 2,5 veces la capacidad de sus fábricas en EE.UU. sin aranceles punitivos. Un pacto que, en paralelo, ha llevado a Taipéi a rebajar aranceles al 99 % de las exportaciones estadounidenses.

“La inteligencia artificial ayuda a explicar la creciente importancia de Taiwán.” — Chad Bown, senior fellow del Peterson Institute for International Economics.

Las sombras del modelo: un crecimiento en forma de K y una relación desequilibrada con Washington

A pesar de las cifras, varios analistas alertan de que la isla está construyendo un crecimiento de ‘K’: los sectores vinculados a los chips y a la IA disparan sus ingresos, mientras el resto de la economía se estanca. Solo unas 350.000 personas trabajan en la industria de semiconductores, de una población activa que supera los 11 millones. La mayoría de los jóvenes taiwaneses no está en la alta tecnología, y los sectores tradicionales —textil, plásticos— pierden fuelle. Mientras, TSMC representa por sí sola el 40 % de la capitalización bursátil y aporta el 4 % del PIB. Una concentración que, según Reza Hasmath, académico de la Universidad de Alberta, es “insostenible” a largo plazo.

“Es una relación desequilibrada y no favorece a Taiwán a largo plazo.” — Reza Hasmath, asesor académico en The China Institute, Universidad de Alberta.

Hasmath y otros expertos apuntan a la vulnerabilidad que supone el enorme superávit bilateral con Estados Unidos. Con Donald Trump, cuyo mandato expira en enero de 2029 —y que no puede presentarse a una tercera reelección—, cualquier déficit comercial abultado es una invitación a nuevos aranceles o renegociaciones. “Trump es voluble”, recuerda Dexter Tiff Roberts, del Atlantic Council. “Eso implica incertidumbre”. A ello se suma una demografía envejecida —uno de cada cinco taiwaneses tiene más de 65 años—, una fuerte dependencia energética de las importaciones de petróleo y episodios recurrentes de escasez de agua.

Y luego está China. Pekín considera a la isla parte de su territorio y ha intensificado las maniobras de presión. Un portavoz gubernamental ya ha advertido de que la creciente integración de Taiwán en la cadena de valor tecnológica estadounidense “drenará los intereses económicos de Taiwán” y “vaciando su industria principal”. La lectura de Hasmath es tajante: si el boom de la IA acaba volviéndose en contra de la isla, todo ello se traducirá en “un cambio de gobierno en Taipéi”.

chips inteligencia artificial

🌍 El impacto en España y Europa

El ‘milagro taiwanés’ tiene una lectura directa para el Viejo Continente. La UE depende de los semiconductores avanzados de Taiwán para sus propias industrias —automoción, telecomunicaciones, defensa— y cualquier interrupción de ese flujo dispararía los costes de producción. De momento, el pacto preferencial entre Washington y Taipéi reduce el riesgo de una escasez global de chips, pero introduce una asimetría: Europa se queda sin acuerdos equivalentes que blinden su acceso a la tecnología de vanguardia. Para España, el efecto de corto plazo es limitado: nuestras empresas no compiten directamente en la fabricación de chips de IA, aunque sí pueden sufrir un encarecimiento de componentes electrónicos si la tensión geopolítica escala. El verdadero riesgo es sistémico: una desestabilización profunda entre EE.UU. y China acabaría golpeando el comercio mundial y, con él, el Euríbor, las hipotecas variables y la cartera de pedidos de las empresas exportadoras españolas. Por ahora, el boom de Taiwán es una historia de éxito; pero con un guion que puede cambiar en cualquier momento.


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