Por primera vez, el telescopio espacial James Webb ha captado la firma espectral más completa de lo que los astrónomos denominan una ‘estrella agujero negro’. El objeto, bautizado como GLIMPSE-17775, brillaba en el universo temprano, apenas 1.800 millones de años después del Big Bang. El espectro obtenido no solo confirma que allí crecía un agujero negro supermasivo envuelto en un capullo de gas denso: encaja con una precisión casi forense con los modelos teóricos que describen cómo nacieron los primeros gigantes gravitacionales del cosmos.
La pista de los ‘puntitos rojos’ que intrigó a los astrónomos
Desde hace varios años, una población de objetos débiles y extremadamente rojos detectados por el Webb —los apodados little red dots— había desconcertado a la comunidad científica. El equipo liderado por Vasily Kokorev, de la Universidad de Texas en Austin, consiguió el espectro más profundo jamás tomado de uno de estos puntos. Utilizando los instrumentos NIRCam y NIRSpec del Webb, los investigadores desmenuzaron la luz de GLIMPSE-17775 hasta revelar la firma de un núcleo activo rodeado por una envoltura de gas parcialmente ionizado.
“Creo que parte de la comunidad está convergiendo hacia una imagen única: los puntos rojos diminutos se explican mediante modelos de estrellas agujero negro”, explicó Kokorev. “Pero ninguno de los anteriores mostraba todas las piezas de la evidencia en un mismo lugar. Con GLIMPSE-17775 podemos poner a prueba esos modelos gracias a la profundidad y calidad de su espectro”.
El objeto se encuentra a un corrimiento al rojo cosmológico de 3,5, lo que lo sitúa en una época en la que el universo tenía menos de la mitad de su edad actual. Para entender la escala: si comprimimos toda la historia del cosmos en un año calendario, GLIMPSE-17775 existió a finales de marzo, cuando las primeras estructuras aún estaban tomando forma.
Un capullo de gas bajo la lupa gravitacional de Abell S1063
La observación tuvo un golpe de suerte. GLIMPSE-17775 apareció de forma casi fortuita en el campo del cúmulo de galaxias Abell S1063, que el Webb estaba escrutando en busca de estrellas de Población III y galaxias primordiales. El cúmulo actúa como una lente gravitacional: su enorme masa curva y amplifica la luz de los objetos situados detrás, lo que permitió al telescopio captar detalles que de otro modo habrían sido invisibles.
Ese aumento de brillo facilitó que los astrónomos distinguieran las líneas espectrales clave. “Cuando vimos el espectro por primera vez, fue como tener todas las piezas de un puzle esparcidas por el suelo”, recordó Kokorev. “Al principio algunas piezas no parecían encajar, pero luego un par de ellas se unieron y nos dimos cuenta de que allí había algo importante”.

Los datos recogidos muestran múltiples hilos de evidencia que respaldan la hipótesis de la estrella agujero negro: un agujero negro en rápida acreción, rodeado por un denso capullo de gas que reprocesa la luz emitida cerca del horizonte de sucesos. Esa luz reprocesada es la que dibuja las características espectrales observadas.
El encaje perfecto que desvela el origen de los agujeros supermasivos
El hallazgo aborda una de las preguntas más persistentes de la cosmología: ¿cómo pudieron formarse agujeros negros de millones de masas solares tan solo unos cientos de millones de años después del Big Bang? El modelo de la estrella agujero negro propone que, en el universo primitivo, colosales nubes de gas colapsaron directamente en estrellas de decenas de miles de masas solares, cuyo núcleo terminó convirtiéndose en un agujero negro sin pasar por una explosión de supernova. El capullo de gas denso sería la reliquia observable de ese proceso.
Todo encaja, no hay nada roto, y eso hace que el puzle que es nuestro universo sea aún más bello.
Las observaciones de GLIMPSE-17775 no cierran el debate de forma absoluta. El propio Kokorev admite que existen otras teorías interesantes sobre lo que alimenta los motores centrales de los puntos rojos diminutos. “Quizá en uno o dos años tengamos la respuesta definitiva”, señaló. El estudio se publica esta semana en The Astrophysical Journal y supone la primera validación observacional contundente de un escenario hasta ahora puramente teórico.
La pieza, sin embargo, encaja con una claridad inédita. Mientras el Webb sigue escudriñando el cielo profundo, la identidad de estos enigmáticos puntos rojos se va perfilando. De confirmarse con más espectros, la existencia de estrellas agujero negro reescribiría el capítulo inicial de la formación de galaxias y ofrecería un puente directo entre las primeras luces del cosmos y los monstruos gravitacionales que hoy anidan en sus centros.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La evidencia espectral más sólida de una estrella agujero negro, un agujero negro supermasivo envuelto en un capullo de gas denso, en el universo temprano.
- Dónde: Galaxia GLIMPSE-17775, situada detrás del cúmulo Abell S1063, amplificada por lente gravitacional.
- Institución responsable: Universidad de Texas en Austin, con datos del telescopio espacial James Webb (NASA/ESA/CSA).
- Cuándo: Espectro obtenido en 2025-2026; resultados publicados en 2026 en The Astrophysical Journal.
- Impacto a futuro: Resuelve el enigma de cómo los primeros agujeros negros supermasivos pudieron crecer tan rápido, abriendo la puerta a confirmar el modelo con futuras observaciones del Webb.




