Descubren el queso más antiguo del mundo en una tumba china de hace 3.600 años

El análisis genético de la sustancia blanquecina hallada en las momias de Xiaohe desvela restos de kéfir con 3.600 años de antigüedad. El hallazgo, publicado en Cell, adelanta en más de un milenio la evidencia de producción de queso en Asia.

Un equipo de arqueólogos ha identificado el queso más antiguo del mundo en el cementerio de Xiaohe, China, con una antigüedad de 3.600 años. Lo que parecía una extraña sustancia blanquecina esparcida sobre las cabezas y cuellos de momias de la Edad del Bronce resultó ser restos de kéfir, un producto lácteo fermentado que se utilizaba como ofrenda funeraria. El hallazgo, publicado esta semana en la revista Cell, adelanta en más de un milenio la evidencia de producción quesera en Asia y desafía la idea de que esta práctica surgió exclusivamente en Europa.

Un hallazgo que estuvo a punto de pasar desapercibido

El cementerio de Xiaohe, situado en la árida cuenca del Tarim, en el noroeste de China, es conocido por sus enigmáticas momias y sus ataúdes con forma de barco. La extrema sequedad y la salinidad del suelo crearon un ambiente que detuvo el reloj biológico de los materiales orgánicos durante más de tres milenios. En 2014, los arqueólogos se toparon con algo inusual: una sustancia blanquecina depositada de forma deliberada sobre los difuntos.

Publicidad

«Claramente, no era un derrame casual», explica el equipo en el artículo. La disposición sugería un ritual. Creían que ese alimento —conservado de forma impecable— debía nutrir a los muertos en su viaje al más allá. La idea no es descabellada: otras culturas de la estepa también incluían víveres en los ajuares, pero nunca se había encontrado queso tan antiguo y en un estado que permitiera analizar su genoma.

Así se convirtió la leche en queso en la Edad del Bronce

Los investigadores extrajeron material genético de las muestras recogidas en tres tumbas distintas. La secuenciación confirmó la presencia de ADN de vaca y de cabra, pero no mezclados: cada lote de producción se elaboraba con leche de una sola especie. Este detalle sorprendió a los expertos, porque en Oriente Medio o Grecia, las culturas lácteas contemporáneas solían combinar distintos tipos de leche. En Xiaohe, en cambio, había una clara especialización.

Pero el verdadero golpe de suerte llegó con los microorganismos. El queso no era simplemente leche cuajada: contenía Lactobacillus kefiranofaciens y Pichia kudriavzevii, las mismas bacterias y levaduras que hoy forman los granos de kéfir modernos. «Es como encontrar la masa madre de un pan de hace 3.600 años», comenta un investigador. El análisis filogenético muestra que la cepa bacteriana ancestral está emparentada con la que aún se usa en el Tíbet.

El queso de Xiaohe es la evidencia más antigua de una alianza entre humanos y microorganismos que aún perdura.

queso de 3600 años

Un golpe a las teorías clásicas sobre el origen del kéfir

El hallazgo no solo bate el récord de antigüedad: cambia el mapa de la domesticación bacteriana. Hasta ahora, se asumía que el kéfir —y su cultura simbiótica de bacterias y levaduras— se originó en las montañas del Cáucaso, en la actual Rusia. Los restos de Xiaohe demuestran que, en paralelo, en Asia Central ya se dominaba la fermentación láctea con una sofisticación inesperada. La separación de lotes sugiere la existencia de pastores especializados que controlaban los rebaños y los procesos de fermentación con una precisión casi industrial.

Además, el estudio genómico comparativo entre las bacterias antiguas y las modernas revela una evolución adaptativa: a lo largo de los siglos, el microbio «aprendió» a mitigar la respuesta inmunitaria del intestino humano, volviéndose más estable y eficiente. Este dato fascina a los biólogos, porque muestra cómo un alimento y un microorganismo han coevolucionado con nuestra especie.

Sin embargo, queda una pregunta abierta: ¿cómo llegó la cultura del kéfir a Xiaohe? La cuenca del Tarim fue un corredor migratorio; probablemente, las rutas ganaderas conectaron el Cáucaso con el Asia interior, difundiendo el conocimiento de fermentación. Este queso milenario, por tanto, no es solo un alimento: es un testigo de las migraciones prehistóricas que tejieron el mapa genético y cultural de Eurasia.

Los entornos desérticos como este podrían preservar restos orgánicos similares en otras tumbas. El equipo espera que futuras excavaciones en Asia Central arrojen más luz sobre el origen de los productos probióticos. Por ahora, este hallazgo deja claro que, hace 3.600 años, alguien decidió que un trozo de queso era lo bastante valioso como para acompañar a sus muertos en la eternidad.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Restos de queso de kéfir de 3.600 años de antigüedad esparcidos como ofrenda funeraria en momias.
  • Dónde: Cementerio de Xiaohe, cuenca del Tarim, noroeste de China.
  • Institución responsable: Equipo de arqueólogos chinos, estudio publicado en Cell.
  • Cuándo: Descubrimiento en 2014; análisis genético publicado en junio de 2026.
  • Impacto a futuro: Adelanta en más de un milenio la evidencia de producción de queso en Asia y reescribe el origen de la fermentación láctea.

Publicidad