La subida de la gasolina en julio ha alcanzado el nivel más alto en cuatro meses, superando la barrera de los 1,68 euros por litro en la gasolina 95, según los últimos datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea. Llenar un depósito medio de 50 litros cuesta ahora más de 84 euros, frente a los 78 euros que costaba en Semana Santa.
Los conductores que reposten gasolina 95 en estaciones de servicio de grandes ciudades como Madrid o Barcelona han visto cómo el precio roza los 1,70 euros en algunos surtidores, mientras que el gasóleo A también ha repuntado hasta situarse en el entorno de 1,52 euros. En provincias como Salamanca, el incremento mensual supera el 5%, según los registros de la patronal de estaciones de servicio.
La tensión en el mercado mayorista ha contagiado al diésel, que se acerca de nuevo a los 2 euros en zonas tensionadas como Baleares o Canarias. Repsol y Naturgy han advertido en sus últimos informes de coyuntura que las reservas europeas de gasóleo y gas se están tensionando a un ritmo más rápido del previsto.
Precios en escalada: cuánto cuesta llenar el depósito en verano
El impacto directo en el bolsillo de las familias es notable. Un hogar medio que utilice el coche a diario ha pasado de gastar unos 120 euros al mes en combustible en mayo a más de 140 euros en julio. La cuesta estival se ha empinado justo cuando las medidas fiscales de apoyo empezaban a surtir efecto: la bonificación de 20 céntimos por litro aprobada por el Gobierno apenas consigue amortiguar un encarecimiento que ya la ha superado.
El desplazamiento masivo por vacaciones agrava la factura. Con un llenado semanal, la diferencia respecto a abril es de unos 10 euros por depósito, un sobrecoste que se acumula rápido en un mes de julio que ya suma tres semanas consecutivas de subidas.
La subida ha devorado el alivio fiscal en menos de dos meses; la guerra en Irán es el nuevo impuesto que pagan los conductores.
La guerra en Irán y su impacto directo en el surtidor
El detonante principal es la escalada bélica en Oriente Medio. El conflicto en Irán ha elevado la prima de riesgo geopolítico sobre el crudo, llevando al barril de Brent a cotizar por encima de los 90 dólares. La inestabilidad en el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo, ha disparado los seguros de los buques cisterna y encarecido el transporte marítimo de combustible.
La Agencia Internacional de la Energía ya había advertido en junio de que un recrudecimiento de las hostilidades podría tensar aún más los mercados. De hecho, la OPEP+ ha mantenido sin cambios su política de recortes de producción, lo que deja poco margen para absorber picos de demanda estacional como el del verano.
Análisis: qué esperar para el resto del verano y más allá
La combinación de un conflicto armado sin visos de solución inmediata y una oferta restringida dibuja un horizonte incómodo para los automovilistas españoles. A corto plazo, no hay señales de que el barril de Brent vaya a relajarse por debajo de los 85 dólares, lo que mantendrá los precios de los carburantes en la zona alta durante agosto. Algunas casas de análisis como Rystad Energy sitúan el umbral de los 1,65 euros como suelo, y no como techo.
Creo que estamos ante un cambio de tendencia que no se corregirá hasta que se clarifique el conflicto iraní. La dependencia europea del diésel ruso ya había tensado los diferenciales, y ahora el riesgo de suministro en Ormuz añade una prima que los mercados mayoristas trasladan casi en tiempo real. Los márgenes de refino en el Mediterráneo también han subido, lo que encarece aún más el producto final en las gasolineras.
El resto del verano será cuesta arriba. Si la guerra se enquista y la OPEP no afloja, podríamos ver la gasolina 95 coqueteando con los 1,80 euros en septiembre. No es una profecía, pero la lógica del mercado apunta en esa dirección. Y mientras, los hogares tendrán que seguir ajustando sus presupuestos de movilidad.




