La Reserva Federal ha decidido mantener los tipos de interés en el 3,5% por quinta reunión consecutiva. La decisión, adoptada este miércoles, refleja el creciente temor a un repunte de la inflación derivado del conflicto armado en Irán. El banco central estadounidense dejó la puerta abierta a una flexibilización futura, pero condicionó cualquier movimiento a una mejora sustancial del escenario de precios.
El precio del crudo Brent, que lleva semanas rondando los 95 dólares por barril, se ha convertido en un termómetro diario de la presión sobre los precios. La guerra en Oriente Medio ha disparado el coste de la energía y ha encarecido los fletes, una combinación que la Fed no puede ignorar. El departamento de análisis de la Reserva lleva dos reuniones advirtiendo de que los riesgos inflacionistas están “sesgados al alza”, en un lenguaje que no se escuchaba desde los peores meses de 2022.
Para las empresas españolas con exposición al mercado estadounidense, el mensaje es claro: la financiación seguirá cara. Sin previsión de recortes a corto plazo, los costes de cobertura y los préstamos en dólares mantendrán un suelo elevado al menos hasta bien entrado 2027, lo que complica los márgenes de firmas industriales y exportadoras.
El mercado descuenta tipos altos hasta 2027 y el S&P 500 se enfría
Los futuros del S&P 500 registraban una ligera caída tras conocerse la decisión, mientras que los bonos del Tesoro a 10 años subían de precio, señal de que los inversores buscan refugio. La curva de tipos se mantiene invertida desde hace más de 700 días, uno de los episodios más largos de la historia moderna, un indicador de recesión que, paradójicamente, aún no ha llegado.
Los mercados de futuros descuentan ahora una primera bajada de tipos no antes de marzo de 2027, un calendario muy alejado del optimismo que se respiraba a principios de año. “Juega la pelota”, habría dicho Kevin Warsh, exgobernador de la Fed, en una entrevista reciente, aludiendo a la necesidad de que el banco central mantenga la iniciativa frente a los precios.
Las Bolsas europeas acusaron el tono cauto de la Reserva Federal. El Ibex 35 cerró con pérdidas moderadas, lastrado por los valores energéticos y los bancos, dos sectores que se mueven al compás de los tipos y del crudo.
Análisis: por qué la Reserva Federal se ve atrapada por la geopolítica
El doble mandato de la Fed —pleno empleo y estabilidad de precios— rara vez ha estado tan condicionado por un factor externo como ahora. La escalada militar sobre Irán ha dejado en papel mojado cualquier proyección de inflación elaborada hace solo seis meses. La pregunta ya no es cuándo bajarán los tipos, sino cuánto daño colateral causará este compás de espera.
Históricamente, los bancos centrales suelen equivocarse por exceso de celo. La Reserva Federal de 2018, por ejemplo, mantuvo los tipos en niveles restrictivos demasiado tiempo y aceleró el frenazo de 2019. Hoy, el riesgo es distinto: relajar la política demasiado pronto podría validar un repunte de los precios que ya no es solo energético, sino que se está filtrando a los servicios y a los salarios. El IPC subyacente se mantiene en el 4,2%, muy por encima del objetivo del 2%.
Yo mismo llevo meses defendiendo que la Reserva Federal está siendo acertadamente cautelosa. Recortar tipos ahora, con la economía aún caliente y el mercado laboral rozando el pleno empleo, sería un error. El verdadero peligro no es que la inflación se enfríe demasiado rápido, sino que se enquiste y obligue a subir los tipos de nuevo en pleno año electoral.
El riesgo geopolítico se ha convertido en el principal obstáculo para cualquier relajación monetaria en 2026.
El presidente Jerome Powell evitó mencionar explícitamente el conflicto en su comparecencia, pero las actas de la reunión desvelarán hasta qué punto Oriente Medio ha secuestrado la hoja de ruta del Comité Federal de Mercado Abierto. Si la guerra se prolonga y el petróleo supera los 100 dólares de forma sostenida, entraremos en un escenario en el que el banco central tendrá que elegir entre anclar la inflación o evitar una recesión, y esa disyuntiva no suele acabar bien.
Dejo una pregunta en el aire: ¿Ha llegado el momento de que los empresarios españoles reconsideren sus planes de inversión en Estados Unidos mientras el precio del dinero se mantenga en estos niveles? La respuesta no es sencilla, pero ignorar la pregunta es lo que de verdad sale caro.




