El Banco Central Europeo (BCE) ha actualizado este martes su indicador salarial, que anticipa un crecimiento de los salarios negociados del 2,7% en el primer trimestre de 2026, según los convenios colectivos registrados hasta la primera semana de julio de 2026. La cifra, que se mantiene estable respecto a las últimas estimaciones, refuerza la tesis de que las presiones salariales se están normalizando en la zona euro, un factor clave para que Fráncfort siga recortando los tipos de interés.
El indicador, seguido de cerca por el Consejo de Gobierno, utiliza datos de convenios activos en nueve países de la zona euro —entre ellos España— y suaviza los pagos únicos para ofrecer una lectura de tendencia. Para 2026, el promedio se sitúa en el 2,3% con una cobertura de empleados del 44,3%, mientras que la proyección para el primer trimestre de 2027, aún con una cobertura menor (28,4%), muestra un repunte hasta ese 2,7% que, en realidad, apunta a una estabilización de las presiones salariales subyacentes.
Sin el suavizado, el crecimiento salarial negociado se sitúa en el 2,6% en 2026 y también en el 2,7% en el primer trimestre de 2027, mientras que excluyendo pagos únicos, la tasa es idéntica. La lectura sin suavizar muestra una senda descendente a lo largo de 2026 —2,9% en el primer trimestre, 2,6% en el segundo y 2,5% en el tercero y cuarto—, lo que evidencia que los pagos extraordinarios de 2024 están perdiendo efecto mecánico .
El propio BCE advierte que su indicador no es una previsión y que está sujeto a revisión a medida que se firmen nuevos convenios. De hecho, la cobertura de empleados para el primer trimestre de 2027 es todavía limitada, y la extensión del horizonte temporal a marzo de 2027 dependerá de la firma de nuevos acuerdos que se esperan para los próximos meses.
Cómo lee el BCE los salarios negociados
El banco central publica cuatro versiones de su rastreador, que se basan en una base de datos granular de convenios colectivos activos. El indicador principal suaviza los pagos únicos —como primas o atrasos— a lo largo de doce meses para evitar distorsiones puntuales. La versión sin pagos únicos refleja el componente estructural de las subidas salariales, mientras que la no suavizada ofrece una imagen más próxima a la metodología del indicador oficial de crecimiento de los salarios negociados.
La cobertura de empleados varía por país y a lo largo del tiempo, y es precisamente esa cobertura decreciente hacia finales del horizonte de proyección lo que obliga a tomar con cautela las señales adelantadas. Aun así, el BCE subraya que los nuevos acuerdos firmados no alteran de forma significativa la evaluación de las presiones salariales para 2026.
El indicador salarial se estabiliza en el 2,7%, una cifra que no enciende alarmas en Fráncfort, pero que aún queda lejos del objetivo de inflación del 2 % sin un crecimiento de la productividad.
La cifra que esperaba Fráncfort
Los salarios negociados son un termómetro adelantado de la evolución de los costes laborales y, por tanto, de la inflación subyacente, en particular la de los servicios. El BCE ya reflejó en sus proyecciones macroeconómicas de junio de 2026 un crecimiento de la remuneración por empleado del 3,2% en 2026, superior al 2,3% del indicador de salarios negociados, debido a otros componentes como las cotizaciones sociales y las horas trabajadas.
Esa diferencia explica por qué el Consejo de Gobierno no se conforma con una lectura aislada y prefiere esperar a que la dinámica salarial se confirme con datos más amplios. La vicepresidenta del BCE, Christine Lagarde, ha insistido en varias ocasiones en que la senda de desinflación salarial es una condición necesaria para seguir bajando los tipos sin poner en riesgo el objetivo del 2 % de inflación a medio plazo.
Análisis: estabilidad con interrogantes
Desde el punto de vista del mercado, la señal es positiva. El indicador salarial se mantiene en un rango compatible con una moderación ordenada de las tensiones inflacionistas, y no muestra signos de aceleración que pudieran forzar al BCE a pausar el ciclo de bajadas de tipos. Pero conviene no precipitarse.
La cobertura de apenas el 28,4 % para 2027 introduce un sesgo de selección que podría estar infrarrepresentando a sectores con mayores incrementos salariales, como los servicios intensivos en mano de obra. Además, el indicador no captura los incrementos salariales fuera de convenio, que en países como Alemania o Países Bajos son significativos. Tampoco recoge los efectos de la negociación individual, cada vez más relevante en algunas economías.
Por eso, la reunión de septiembre del BCE, cuando se publique la próxima actualización del indicador con horizonte ampliado hasta el segundo trimestre de 2027, será clave para confirmar si la desinflación salarial sigue su curso o si, por el contrario, el primer trimestre de 2027 esconde un repunte más persistente. La estabilidad parece asentada, pero con un margen de incertidumbre que impide cantar victoria.




