Mercado del arte David Hockney: fallece a los 88 años y anticipa repunte en demanda

Con la desaparición de David Hockney, el mercado del arte contemporáneo anticipa una presión alcista sobre sus obras. La escasez definitiva de producción y el prestigio del artista empujan a inversores a analizar su entrada en este segmento como activo refugio.

Esta mañana el mercado del arte contemporáneo ha recibido la noticia que todo coleccionista teme y que todo inversor analiza con calculadora en mano: David Hockney ha fallecido a los 88 años en su residencia de Londres. Lo confirmaba su publicista, Erica Bolton. El artista que marcó un punto de inflexión en la cotización del arte vivo —su icónica obra Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) alcanzó 90,3 millones de dólares en Christie’s en 2018— abandona el mercado dejando un legado pictórico y una pregunta inmediata: ¿hasta dónde pueden escalar ahora las obras que quedan en manos privadas?

Llevo años siguiendo la evolución del arte contemporáneo como clase de activo alternativa y pocas noticias tienen un impacto tan inmediato y predecible como la muerte de un artista de primer nivel. El caso Hockney, sin embargo, añade un matiz propio: ya era uno de los pintores vivos más cotizados, con precios de martillo que solo cedían ante los grandes maestros de la posguerra. Su desaparición no lo eleva a leyenda —ya lo era— sino que transforma un mercado líquido en un mercado de oferta estanca.

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El efecto Hockney en el mercado secundario del arte

La reacción del segmento high-end a la muerte de un artista es relativamente predecible si se analizan los precedentes. Cuando falleció Lucian Freud en 2011, su obra Benefits Supervisor Sleeping se vendió dos años después por 56,2 millones de libras, un 67 % por encima del récord previo del artista. Con Gerhard Richter —aún vivo—, los precios más altos se concentran en su producción temprana. La muerte, sin embargo, elimina la incertidumbre sobre la evolución del catálogo y, en artistas de la talla de Hockney, añade la prima de la producción finita.

Las obras de Hockney que ya estaban en el mercado secundario, especialmente la serie de piscinas californianas, partirán ahora de un suelo muy elevado. A Bigger Splash (1967) y los retratos dobles ya superaban los 15 millones de libras antes de hoy. El verdadero interrogante es si veremos, en los próximos trimestres, piezas mayores saliendo de colecciones privadas que hasta ahora retenían sus Hockney a la espera de este momento. De ser así, la presión compradora podría absorberlas sin que los precios bajen, dada la demanda global de trophy assets.

La oferta de obras maestras de Hockney se contrae: el factor escasez

La producción de Hockney abarcó desde el óleo tradicional hasta el iPad en plein air, pero son precisamente los lienzos de la década de 1960 y 1970 los que concentran la creación de valor. El artista no fue un creador masivo de obra para subasta. Según la base de datos de Christie’s, menos de un centenar de pinturas de su etapa dorada han pasado por salas de subastas en las últimas dos décadas. Esa escasez, combinada con una lista de espera informal de museos y coleccionistas para las piezas más deseadas, configura un escenario de oferta extraordinariamente rígida.

En el mercado del lujo y de los activos alternativos, la escasez es el vector más potente de revalorización a medio plazo. Hockney, al igual que un Hermès Birkin con lista de espera cerrada, se convierte ahora en un bien del que no se fabricarán más unidades. Los inversores que ya poseen obra del artista se encuentran en una posición de fortaleza; los que quieren entrar, ante una ventana de oportunidad que se estrecha cada semana que pasa sin que aparezcan nuevas obras en el mercado.

La muerte de un artista de la talla de Hockney no crea oferta, la congela. En un mercado donde la demanda global de arte de primer nivel sigue ensanchándose, eso se traduce en presión alcista inmediata.

La lección de Hockney: el valor del artista como activo generacional

Si algo enseña la historia del arte como clase de inversión es que la rentabilidad de un artista no se mide solo por los récords en subasta, sino por la capacidad de su obra para mantener valor durante ciclos económicos adversos. Mirando hacia atrás, el mercado de Andy Warhol tras su muerte en 1987 no explosionó de inmediato; tardó una década en consolidarse y luego, en los años 2000, los precios de sus Mao y Marilyn se multiplicaron por diez. Con Hockney, el punto de partida ya es mucho más alto.

El riesgo para el inversor que quiera sumarse ahora no está tanto en la valoración —sólidamente anclada en décadas de reconocimiento institucional— sino en la liquidez del activo. Las piezas por encima de los 10 millones de dólares tienen un mercado de compradores muy concentrado. No obstante, la obra de Hockney, por su iconicidad y su accesibilidad visual incluso para nuevos coleccionistas asiáticos, goza de una ventaja competitiva que pocos artistas de su generación pueden ofrecer. Es un arte que no intimida, que celebra la vida y que, paradójicamente, ahora se convierte en una reserva de valor póstuma.

La próxima cita para medir el pulso real del mercado será la subasta de arte contemporáneo de Christie’s en noviembre en Nueva York. Si alguna casa logra incluir un lienzo mayor de Hockney, el precio de martillo servirá como nuevo ancla para toda su producción. Hasta entonces, el mercado operará sobre expectativas, y en activos alternativos, las expectativas son un motor que mueve tanto como el propio hecho.

💎 Veredicto Wealth

Para inversores con perfil de revalorización agresiva, el momento de entrada es ahora, antes de que el mercado secundario ajuste precios al alza. La liquidez en obras superiores a 10 millones de dólares es limitada; se recomienda un horizonte de al menos cinco años.


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