Las grandes cadenas de supermercados arrastran ya un sobrecoste acumulado de 70 millones de euros en transporte y energía como consecuencia de la guerra en Oriente Medio, según ha confirmado este viernes la patronal Asedas. La factura de la electricidad y los fletes se ha disparado un 15% desde el inicio del conflicto, elevando el precio de materias primas como celulosas, polietileno y hojalata. Sin embargo, ese incremento no se ha trasladado al ticket del consumidor: el IPC de los alimentos se moderó en mayo hasta el 2,2%, cuatro décimas menos que en abril, de acuerdo con los datos del INE. La guerra de precios entre los grandes grupos de distribución absorbe por ahora todos los costes extra, pero la pregunta no es si lo hacen, sino hasta cuándo podrán mantenerlo.
El sobrecoste de 70 millones que nadie ve en el ticket
La crisis en Oriente Medio ha encarecido dos vectores fundamentales para la distribución alimentaria: la energía y el transporte marítimo. Según el comunicado de Asedas —que agrupa al 75% del sector—, el precio de la energía acumulaba a finales de mayo un incremento del 15% desde el estallido de las hostilidades. A eso se suma el alza de los fletes, especialmente sensible en los archipiélagos, donde la dependencia del barco dispara aún más el coste de traer los productos al lineal.
El encarecimiento no se limita a la factura de la luz o el gasóleo. Materias primas derivadas del petróleo como las celulosas (envases y embalajes), el polietileno (bolsas y film) y la hojalata (conservas) también han subido. Lo mismo ocurre con insumos agrarios, como los fertilizantes, que encarecen la producción en origen. «Afecta a toda la cadena agroalimentaria», ha subrayado la patronal.
La contención de precios: una estrategia que se traga los márgenes
Pese a la tormenta de costes, el consumidor no ha visto subir los precios de los alimentos más allá de la moderada inflación general. De hecho, la tasa anual del IPC de alimentos se situó en el 2,2% en mayo, cuatro décimas por debajo de la registrada en abril. «No hay evidencia de que se haya encarecido ningún producto alimentario debido a la crisis en Oriente Medio», insiste Asedas, que interpreta ese dato como la prueba de que la cadena de distribución está ejerciendo de «barrera de contención».
Esa barrera, sin embargo, tiene un coste directo para las cuentas de los supermercados. Los 70 millones de sobrecoste acumulado ya lastran la rentabilidad de un sector que compite ferozmente en precios. Mantener estables los lineales mientras los costes operativos suben es la nueva vuelta de tuerca de la guerra comercial que libran Mercadona, Carrefour, Lidl y el resto de cadenas.
📊 La comparativa de un vistazo
| Indicador | Valor actual | Variación |
|---|---|---|
| Sobrecoste acumulado energía y transporte | 70 millones € | Desde inicio del conflicto |
| Incremento del precio de la energía | +15% | Frente a nivel preconflicto |
| IPC alimentos (mayo 2026) | 2,2% | -0,4 puntos respecto a abril |
Absorber 70 millones de sobrecostes sin mover el precio de los alimentos es un ejercicio de contención que rara vez se ve en otros sectores. La pregunta es si los márgenes de la distribución aguantarán otra vuelta de tuerca.
Los datos del INE corroboran que la inflación alimentaria se está desacelerando, en un contexto donde las materias primas internacionales siguen tensionadas. El sector celebra poder contener los precios, pero ya advierte de la «incertidumbre sobre la duración del conflicto» y de los efectos de «segunda ronda», como el incremento de intereses y alquileres, que golpearán directamente la cuenta de resultados de las cadenas.
La situación es especialmente delicada en Canarias y Baleares. La dependencia del transporte marítimo, cuyos costes han aumentado con fuerza, estrecha aún más el margen para los operadores insulares y podría poner en riesgo el surtido y la frecuencia de los abastecimientos si la crisis se prolonga.
¿Hasta cuándo aguantará la contención? El dilema de la distribución
El actual escenario recuerda a otras guerras de precios del pasado, pero con un agravante: los costes no ceden. En ocasiones anteriores, la competencia llevaba a las cadenas a apretar los precios en un contexto de costes estables o a la baja. Ahora, la pelea por el cliente se libra con la energía y el transporte disparados, lo que erosiona los márgenes de manera continua. La patronal ha sido clara: las empresas actúan como «barrera de contención» para garantizar el suministro de productos de primera necesidad al precio más reducido posible.
Pero esa estrategia tiene un límite. Si el conflicto se alarga, los efectos de segunda ronda (alquileres, intereses, mayor coste de financiación de los inventarios) se sumarán a la factura energética. No es descartable que, llegado el momento, alguna cadena decida hacer un ajuste selectivo de precios o reducir la profundidad de las promociones. «Estamos preparados», afirma Asedas, aunque admite que la incertidumbre es alta y el impacto final, difícil de estimar.
Para el consumidor, el mensaje es agridulce. Los precios no suben, y la cesta de la compra se mantiene más contenida que en los picos inflacionarios de años anteriores. Pero el margen de maniobra de los supermercados se estrecha, y lo que hoy es una factura de 70 millones absorbida puede convertirse, mañana, en un eventual traslado parcial al ticket si la tormenta de costes no amaina.
🛒 El Veredicto de Compra
- El ticket, por ahora, no sufre: los precios de los alimentos se mantienen estables y la inflación se modera. No hay razón para compras de acopio ni alarma.
- Ojo al surtido y las promociones: si los sobrecostes persisten, es probable que las cadenas ajusten ofertas o reduzcan gamas. Comparar marcas y formatos se vuelve más importante que nunca.
- La marca blanca, refugio: ante un eventual traslado de costes encubierto, los productos de distribuidor suelen amortiguar mejor los incrementos y siguen siendo la opción con mejor relación calidad-precio.





