El diésel se planta en 1,78 euros por litro este sábado 1 de agosto, un 24% más caro que en el mismo día de 2025. La gasolina también aprieta, pero es el gasóleo de automoción el que marca el paso al alza justo en el fin de semana de mayor desplazamiento del año.
La razón inmediata del nuevo pellizco en el surtidor es la reducción de la bonificación fiscal a los carburantes, que desde hoy pasa de 16 a 10 céntimos por litro. Una medida que el Gobierno justifica por la mejora de los precios mayoristas, pero que llega en el peor momento para los conductores.
En los últimos doce meses, el diésel ha engordado su factura un 24% el mayor incremento interanual desde el pico inflacionista de 2022. La escalada de tensión en Oriente Medio con el conflicto iraní de fondo ha llevado al barril de Brent a coquetear con los 95 dólares, y las refinerías europeas están operando con márgenes bajo mínimos.
El diésel marca un nuevo máximo anual en plena operación salida
La operación salida de agosto es uno de esos momentos en los que millones de españoles miran el precio del combustible con el ceño fruncido. Este año, el ceño se convierte en mueca: llenar un depósito medio de 46 litros cuesta 11 euros más que en agosto de 2025. Para las familias que enganchan la caravana o recorren 800 kilómetros hasta la costa, el desplazamiento de ida y vuelta se encarece en más de 20 euros.
Las gasolineras de las principales ciudades y autopistas ya reflejan el nuevo precio. En la AP-7, a la altura de Tarragona, el diésel rozaba esta mañana los 1,82 euros. Y la gasolina 95 no se queda atrás: promedia 1,71 euros por litro, casi un 19% más que hace un año.
La factura del transporte se encarece justo cuando más se necesita: la demanda de movilidad en agosto absorbe cualquier subida sin pestañear.
La rebaja fiscal mengua y los surtidores reflejan seis céntimos más
El impuesto especial sobre hidrocarburos vuelve a ser noticia. La bonificación extraordinaria que el Gobierno puso en marcha en 2022 entonces de 20 céntimos lleva meses encogiendo. Este sábado se reduce otros seis céntimos, de 16 a 10, lo que automáticamente encarece gasolina y diésel.
El Ministerio de Hacienda argumenta que los precios del crudo se han estabilizado y que la medida ya no es necesaria. Sin embargo, el transportista autónomo que repone el depósito cada dos días lo ve distinto. Para un camión de 800 litros, la combinación de subida del precio base y pérdida de la bonificación supone un sobrecoste mensual de más de 200 euros.
Transporte, logística y cesta de la compra: los márgenes que se evaporan
El sector del transporte por carretera más de 100.000 empresas en España, la mayoría pymes y autónomos opera con márgenes de entre el 2% y el 4%. Cada céntimo que sube el combustible adelgaza esa rentabilidad, y la situación actual obliga a muchos a replantear tarifas. Las grandes cadenas de distribución ya están presionando a los transportistas para que absorban parte del incremento, pero la cuerda se tensa.
El coste del diésel se traslada a la cadena logística y, con un decalaje de semanas, a los lineales del supermercado. El IPC de alimentos que en julio subió un 3,8% interanual podría recibir un empujón adicional en septiembre. Es un círculo vicioso: el mismo combustible que encarece los desplazamientos vacacionales también encarece la fruta, el pan y la leche.
Cuesta imaginar un respiro a corto plazo. La Agencia Internacional de la Energía ya avisó en su último informe mensual de que la demanda mundial de petróleo batirá récords este verano, y mientras las tensiones geopolíticas sigan apretando, el diésel seguirá mordiendo la cartera. Agosto empieza con mal pie en el surtidor.




