China ha puesto el acelerador a su programa nuclear. En sólo una década, ha duplicado su parque de reactores hasta rozar los 60 GW, y en 2025 comenzó a levantar seis nuevas unidades a escala de gigavatio. Según un análisis del MIT Technology Review, el país está en camino de superar a Estados Unidos y la Unión Europea en capacidad atómica instalada antes de 2030.
La velocidad oriental: reactores en la mitad de tiempo
El contraste con Occidente es abrumador. Mientras EE. UU. apenas ha sumado dos reactores desde 2016 —las unidades 3 y 4 de la central de Vogtle, en Georgia—, China ha erigido nuevas centrales con un cronometraje de fábula. El tiempo medio de construcción de un reactor chino se sitúa entre cinco y siete años, según el estudio. La media mundial ronda los nueve, y los dos últimos reactores estadounidenses necesitaron unos quince para enchufar su primer kilovatio a la red.
Francia, segundo mayor parque nuclear del mundo y país que obtiene casi dos tercios de su electricidad de los átomos, tampoco sale mejor parada. Conectó su último reactor a la red en diciembre de 2024, el primero en más de veinte años. La inercia burocrática, la complejidad de los diseños y los presupuestos disparados han frenado la construcción en ambos lados del Atlántico.
El manual chino: estandarización y dinero público
La clave de la velocidad china cabe en una palabra: estandarización. El país ha implantado un sistema uniforme de gestión de proyectos que abarca desde la licencia hasta la construcción. Los reactores —casi todos de agua a presión de gran tamaño— se levantan por lotes de seis o más unidades, lo que permite comprar materiales, contratar equipos y formar personal a escala industrial. Es la misma economía de escala que Occidente sueña para los pequeños reactores modulares (SMR), pero aplicada a las colosales máquinas de 1.000 megavatios.
A esa receta hay que añadir un ingrediente decisivo: la inversión pública masiva. El Estado chino financia proyectos que en Occidente tardarían décadas en recuperar la inversión inicial. Los reactores gigantes producen electricidad más barata por unidad de energía que los diseños reducidos, una ventaja crítica en un momento en que la demanda eléctrica del país se dispara.
China aplica a las gigantescas centrales de agua a presión la misma lógica de cadena de montaje que la industria automotriz, mientras Occidente debate si los reactores pequeños son la salvación.
Grande o pequeño: la encrucijada nuclear global
El gran debate de la industria occidental gira en torno al tamaño. Estados Unidos ha apostado fuerte por los reactores modulares pequeños (SMR) y los microrreactores para sortear los costes desorbitados de las grandes centrales. El pasado 5 de junio, Antares, una empresa californiana, logró que su reactor de demostración Mark-0 alcanzase la criticidad dentro del programa piloto del Departamento de Energía. El ingenio apenas genera entre 100 kilovatios y un megavatio —mil veces menos que un reactor comercial— y aún carece de sistemas de conversión de potencia. La compañía no espera producir electricidad hasta finales de 2027.
Sin embargo, y aquí viene el dato que más chirría para la estrategia occidental, los reactores grandes ofrecen electricidad más barata por unidad producida. China lo sabe y, aunque también tiene su propio proyecto de SMR —el Linglong-1, que podría empezar a verter energía a la red este mismo año—, está volcando el grueso de su inversión en las máquinas de toda la vida. El coste nivelado de la energía (LCOE) de un reactor de 1.000 megavatios es inferior al de diez reactores de 100 megavatios. La industria nuclear estadounidense, atrapada en proyectos como Vogtle que se alargaron más de una década, aún no ha demostrado que los SMR puedan competir en precio.
A mi juicio, la apuesta china es una lección de industrialización. Pero la velocidad tiene un reverso. Las prisas pueden comprometer los estándares de seguridad que Occidente ha tardado décadas en consolidar tras Chernóbil y Fukushima. El análisis del MIT Tech Review no entra en este terreno, pero cualquier lector con memoria recordará que la catástrofe de Fukushima ocurrió precisamente en un país donde la energía nuclear se había desplegado con rapidez y fuerte apoyo estatal. China deberá demostrar que no sacrifica los controles independientes en su carrera hacia el liderazgo atómico.
Mientras tanto, la pregunta que flota sobre los despachos de Bruselas y Washington es incómoda: si los SMR no logran bajar sus costes lo bastante rápido, el deshielo nuclear occidental será definitivo. La ventana de oportunidad se estrecha y los reactores chinos siguen levantándose, uno tras otro, a un ritmo que Occidente ya no recuerda.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué revela el estudio: China superará a EE. UU. y la Unión Europea en capacidad nuclear instalada antes de 2030 gracias a un modelo de construcción estandarizado y veloz.
- Dónde: Las nuevas centrales se concentran en China, mientras que en Occidente apenas se añaden unidades.
- Institución responsable: Análisis de MIT Technology Review, publicado en su boletín The Spark.
- Cuándo: 11 de junio de 2026.
- Impacto a futuro: El dominio chino en energía nuclear podría redefinir la geopolítica energética y el acceso a una fuente eléctrica baja en carbono a escala mundial.




