Estados Unidos ha impuesto este 11 de junio sanciones directas contra Unión Cuba-Petróleo (CUPET), la compañía estatal de petróleo y gas de la isla. La medida, anunciada por el secretario de Estado Marco Rubio, congela cualquier activo que la empresa pueda tener bajo jurisdicción estadounidense y prohíbe a toda entidad con operaciones en EE.UU. hacer negocios con la petrolera. La decisión recrudece un bloqueo energético que desde enero ha dejado a Cuba con un solo cargamento de crudo ruso.
En la práctica, esta sanción convierte a CUPET en un actor tóxico para el sistema financiero global. Cualquier banco, aseguradora o naviera que toque un puerto estadounidense debe cortar lazos con la empresa so pena de sanciones secundarias. Lo que Washington denomina ‘armonizar la energía’, La Habana lo interpreta como un arma de asfixia económica. Yo me detengo en lo que esto significa para el día a día de la isla: apagones, colas de semanas para llenar el depósito y generadores que no llegan a los hospitales.
CUPET en el punto de mira: las acusaciones de Rubio
Marco Rubio ha justificado la sanción con dos argumentos. El primero, que CUPET es una ‘herramienta del aparato represivo’ del régimen. El segundo, que sus activos fueron ‘expropiados ilegalmente a propietarios estadounidenses hace años’, en referencia a la nacionalización del sector petrolero cubano en 1960, que a su vez fue una respuesta al corte de suministro decretado por el presidente Eisenhower. Las palabras del secretario de Estado no dejan margen a la interpretación:
Mientras el pueblo cubano sufre escasez de combustible y apagones por décadas de falta de inversión, los líderes comunistas han desviado los recursos energéticos para llenarse los bolsillos.» — Marco Rubio, Secretario de Estado de EE.UU., comunicado del 11 de junio de 2026
Rubio añadió que la familia Castro ‘vuela en jet privado’ y que el Gobierno prioriza mantener la electricidad en los hoteles de lujo antes que en los barrios. El lenguaje es duro, pero no es nuevo: forma parte de la campaña de máxima presión que Donald Trump reactivó al regresar a la Casa Blanca. Desde enero, Washington cortó las exportaciones de crudo venezolano, amenazó con aranceles a cualquier país que envíe petróleo a la isla y, ahora, golpea directamente a la empresa que gestiona la maltrecha infraestructura energética cubana.
Más allá de CUPET: una escalada con ecos de 1960
Lo que veo aquí es una estrategia diseñada para provocar un cambio de régimen, no para negociar. En marzo, Trump comparó sus intenciones sobre Cuba con la ofensiva militar del 3 de enero contra Venezuela, que terminó con la captura de Nicolás Maduro. ‘Cuba está en sus últimos momentos de vida tal y como era’, dijo entonces. Este mes, el secretario de Defensa Pete Hegseth advirtió a la isla de no tomar ‘decisiones equivocadas’ que creen ‘el tipo de amenaza que EE.UU. podría tener que enfrentar’. En paralelo, un portaviones —el USS Nimitz— llegó al Caribe en mayo, y altos mandos militares han visitado la base de Guantánamo en semanas recientes.
La retórica belicista contrasta con las conversaciones discretas que ambas partes mantienen. En marzo, The New York Times reveló que la Administración Trump propuso la salida del presidente Miguel Díaz-Canel, algo que La Habana rechaza de plano. Además, el mes pasado EE.UU. presentó una acusación penal contra el expresidente Raúl Castro por el derribo de un avión civil en 1996. Díaz-Canel denunció que se trataba de un intento de ‘justificar la locura de una agresión militar’. Mientras, sobre el terreno, los apagones se multiplican: solo en marzo hubo dos desconexiones totales de la red.
El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Turk, advirtió esta misma semana de que las restricciones de combustible y las sanciones extraterritoriales están ‘dañando directamente a los cubanos, especialmente a los más vulnerables’, y denunció que niños mueren porque los médicos carecen de suministros esenciales. Es un dato que la Administración estadounidense omite en sus comunicados, donde toda la responsabilidad recae sobre el ‘régimen comunista’.
🌍 El impacto en España y Europa
Esta nueva vuelta de tuerca tiene implicaciones directas para la Unión Europea. La sanción a CUPET activa los mecanismos extraterritoriales que históricamente han chocado con el bloqueo comunitario a la Ley Helms-Burton. Cualquier empresa española o europea con intereses en Cuba —en sectores como el turismo, la energía o las infraestructuras— podría verse expuesta a sanciones secundarias si se considera que mantiene relación comercial con la petrolera sancionada. España, como primer inversor europeo en la isla, es el socio más señalado.
Bruselas ha rechazado sistemáticamente este tipo de medidas unilaterales, pero en la práctica el músculo del dólar y el acceso al sistema financiero estadounidense pueden obligar a las compañías a elegir entre el mercado cubano y el norteamericano. La incertidumbre jurídica es máxima. De momento, el Euríbor no se verá afectado —esto es geopolítica dura, no política monetaria—, pero las empresas españolas con exposición a Cuba deberán revisar sus contratos con urgencia mientras el bloqueo energético sigue apretando y los tambores de guerra suenan cada vez más cerca.




