BCE sube tipos pero Lagarde frena un segundo aumento en julio

La presidenta del BCE descarta prisas adicionales pese a una inflación que sigue lejos del objetivo. El euro se deprecia y los mercados europeos cierran sin grandes movimientos.

El Banco Central Europeo cumplió el guion previsto y elevó hoy sus tipos de interés en 25 puntos básicos, situando la tasa de depósito en el 4,50%. Pero fue la rueda de prensa de Christine Lagarde la que enfrió las expectativas de un nuevo movimiento en julio. La presidenta evitó comprometerse con más endurecimiento y subrayó que el Consejo de Gobierno actuará «reunión a reunión» en función de los datos. Una señal de pausa que los mercados interpretaron como el principio del fin del ciclo alcista.

La subida era descontada por analistas e inversores. El verdadero foco estaba en el tono de Lagarde, y ahí el BCE optó por la cautela. «No estamos diciendo que hayamos terminado, pero hemos recorrido un camino significativo», afirmó, en un intento de no asustar a quienes temen un frenazo económico. La inflación de la eurozona sigue en el 5,2 %, lejos del objetivo del 2 %, pero los indicadores adelantados muestran una moderación en los precios de la energía y los alimentos.

Publicidad

La decisión y la señal de pausa

El BCE justificó la décima subida consecutiva por una inflación que, aunque en descenso, se mantiene demasiado elevada. Sin embargo, el comunicado oficial eliminó la referencia a que «los tipos se situarán en niveles suficientemente restrictivos durante el tiempo necesario». En su lugar, introdujo un lenguaje más neutro, aludiendo a que «las futuras decisiones garantizarán que los tipos se sitúen en niveles que contribuyan a un retorno oportuno de la inflación al objetivo».

Lagarde fue preguntada explícitamente por la posibilidad de una pausa en julio. Su respuesta, sin cerrar puertas del todo, resultó elocuente: «No tenemos un calendario predeterminado. Lo que haremos en julio dependerá de los datos que recibamos». Acto seguido, recordó que la economía de la eurozona apenas creció en el primer trimestre y que el crédito bancario se ha debilitado, argumentos que apuntalan la idea de una tregua.

Mercados: euro débil, bolsas planas y un euríbor que respira

La reacción de los mercados fue inmediata. El euro perdió la cota de los 1,08 dólares y cayó hasta 1,075, su nivel más bajo en tres semanas. Las plazas europeas cerraron sin grandes variaciones: el IBEX 35 sumó un 0,2 %, el Dax alemán un 0,1 % y el Euro Stoxx 50 se dejó apenas un 0,05 %. La deuda soberana también se relajó, con la rentabilidad del bund alemán a diez años bajando seis puntos básicos, hasta el 2,48 %.

El euríbor a 12 meses, la referencia para la mayoría de las hipotecas en España, dio un ligero respiro al marcar una caída de tres milésimas, hasta el 4,02 %. Aunque el descenso es testimonial, frena la escalada de las últimas semanas y alivia, al menos momentáneamente, la carga de quienes revisan su cuota próximamente.

Llama la atención que las expectativas de subida en julio se desplomaran: los futuros sobre los tipos del BCE pasaron de descontar un 70 % de probabilidad a apenas un 35 % tras la comparecencia de Lagarde. Un giro brusco que refleja hasta qué punto los inversores necesitaban escuchar una señal de pausa.

El BCE ha pasado de apretar a ritmo constante a sugerir que la mochila ya pesa suficiente. Y los mercados, esta vez, le han creído.

Análisis: ¿adiós a las subidas o pausa breve?

La pregunta ahora es si esta pausa se convertirá en un punto final o si, tras el verano, la inflación persistente obligará a retomar las subidas. Veo razones para ambas hipótesis. Por un lado, los efectos de las alzas acumuladas —425 puntos básicos desde julio de 2022— aún no se han transmitido por completo a la economía real. La inversión empresarial se está contrayendo y la demanda de hipotecas ha caído a mínimos de una década en varios países de la eurozona. Seguir subiendo tipos en ese contexto podría provocar un aterrizaje innecesariamente brusco.

Por otro lado, la inflación subyacente sigue en el 5,1 %, un dato que el propio BCE considera incómodo. Los márgenes empresariales, especialmente en servicios, no muestran signos claros de compresión, y los salarios negociados avanzan a ritmos incompatibles con el objetivo de estabilidad. Si esos dos frentes no ceden en los próximos tres meses, la pausa podría ser breve y volveríamos a ver otro repunte de tipos en septiembre u octubre.

El factor diferencial respecto a la Reserva Federal añade complejidad: mientras el BCE se detiene, la Fed mantiene sus tipos y no da señales de bajarlos a corto plazo. El diferencial de tipos entre el euro y el dólar se estrecha, lo que debilita al euro y, paradójicamente, importa inflación a través de los bienes energéticos cotizados en dólares. Lagarde evitó referirse directamente al cruce de divisas, pero en Fráncfort saben que un euro débil no ayuda a contener los precios.

En el plano doméstico, la pausa del BCE es una noticia positiva para las familias y empresas españolas que viven con el euríbor en la nuca. Pero no hay que cantar victoria: aunque el índice hipotecario se estabilice, las cuotas seguirán siendo elevadas en comparación con los años de dinero barato. La digestión de las subidas pasadas durará, como mínimo, hasta bien entrado 2027.


Publicidad