Ethereum cotiza en torno a 1.684 dólares este 10 de junio de 2026, un 3% al alza en la sesión, pero muy lejos de los máximos de enero. Sin embargo, no es el precio lo que llama la atención esta semana, sino un indicador on-chain que apenas se menciona fuera de los círculos más técnicos: el MVRV Z-Score. Este medidor acaba de caer a -0,7, su lectura más baja desde diciembre de 2018, y eso enciende la señal de infravaloración extrema que solo ha aparecido tres veces en la historia de la criptomoneda.
El MVRV Z-Score mide la diferencia entre el valor de mercado de ether y el coste medio al que lo adquirieron todos sus tenedores. Luego, esa diferencia se ajusta según la volatilidad histórica de la red. Cuando el indicador entra en negativo, significa que el precio ha caído por debajo del coste medio de los holders: en otras palabras, la mayoría de quienes tienen ETH están en pérdidas y el activo parece barato en términos históricos.
El MVRV Z-Score entra en zona verde
El dato de -0,7 sitúa al indicador dentro de la franja de infravaloración que los analistas on-chain, como los de Glassnode, consideran zona de compra potencial. Es la tercera vez que ocurre desde el lanzamiento de Ethereum: a finales de 2018, a mediados de 2022 y ahora. En las dos ocasiones anteriores, ether inició una recuperación notable en los meses siguientes, aunque conviene recordar que el indicador se mantuvo en negativo durante un tiempo antes de que el precio despegara.
De hecho, la señal no es un interruptor que active una subida automática. En 2018, el MVRV Z-Score estuvo por debajo de cero varios meses hasta que el mercado encontró suelo. En 2022, pasó algo parecido tras el colapso de Terra y la quiebra de FTX. Así que el dato actual, aunque llamativo, invita más a la observación que a la euforia.
Las dos veces que el MVRV Z-Score llegó a este nivel, ether multiplicó su precio en los meses posteriores.
Solo en esas dos ocasiones anteriores, el rebote mínimo desde el suelo hasta el máximo posterior superó el 300 %. Pero el camino hasta la cima estuvo lleno de vaivenes y, en ambos casos, la recuperación tardó más de lo que muchos inversores esperaban.
Los saldos en exchanges cuentan una historia más cauta
La valoración deprimida aún no ha provocado compras masivas en todo el mercado. Los datos de saldos en plataformas de intercambio muestran que el suministro de ether en exchanges cayó desde los 8,5 millones de ETH en diciembre hasta un mínimo de 6,82 millones a finales de abril, una señal de acumulación. Sin embargo, durante la venta de mayo parte de esos tokens regresó, elevando la cifra hasta 7,7 millones, para luego bajar ligeramente a los 7,28 millones actuales.
El flujo neto en los últimos días es ligeramente positivo, con una entrada de 32.100 ETH. Eso sugiere una distribución a corto plazo, aunque la tendencia de acumulación a largo plazo sigue intacta. Dicho de otro modo, no vemos el movimiento claro de salida masiva de monedas de los exchanges que suele acompañar a los grandes procesos de compra institucional.
La atención social también pinta un cuadro de agotamiento más que de pánico. El dominio social de Ethereum, que mide la conversación relativa en redes, llegó a un pico de 4,0 a principios de abril y desde entonces ha caído hasta 1,22. El volumen social se ha desplomado a 94, un nivel que en ciclos anteriores coincidió con momentos de suelo.
Las ballenas, según los datos on-chain, siguieron comprando mientras el público minorista miraba hacia otro lado. Esa divergencia es justo lo que se suele ver al final de una tendencia bajista larga. Pero, como advertíamos antes, la baja participación es solo una condición necesaria, no el detonante de la recuperación.
La lección de los ciclos anteriores y los riesgos actuales
Los paralelismos con 2018 y 2022 son tentadores, pero hay diferencias que conviene no pasar por alto. En 2018, Ethereum era una red mucho más pequeña, sin el ecosistema DeFi desarrollado ni los rollups que hoy le dan soporte. En 2022, el desplome vino acompañado de un pánico sistémico en el sector cripto. Ahora, en 2026, el contexto es distinto: hay aprobación institucional con ETFs operando en Estados Unidos, una hoja de ruta técnica que avanza con upgrades como Pectra, y un staking consolidado que reduce la oferta líquida en circulación.
Sin embargo, el riesgo de que la baja atención social no sea solo un síntoma de agotamiento, sino de pérdida de relevancia de la narrativa de Ethereum frente a otras cadenas, está ahí. Los protocolos de capa 2 absorben gran parte del volumen transaccional, y algunas voces del sector empiezan a preguntarse si la mainnet se está vaciando de actividad económica directa.
Lo que marcará el punto de giro no será solo que el MVRV Z-Score rebote, sino que lo haga acompañado de una salida neta de ether de los exchanges y un repunte sostenido en el precio. La historia on-chain nos dice que estamos en zona de compra, pero la prudencia nos recuerda que el suelo puede ser un rango, no una vela diaria.




