Elecciones Armenia 2026: la sombra de Rusia y la presión del gas marcan la votación del domingo

El partido de Nikol Pashinian lidera las encuestas, pero Moscú amenaza con revisar el precio del gas subsidiado, tres veces más barato que en Europa. Bruselas y Washington refuerzan sus lazos diplomáticos, aunque sin garantías de seguridad.

Armenia acude este domingo 7 de junio a unas elecciones parlamentarias que trascienden las fronteras del país caucásico. El primer ministro Nikol Pashinian, quien lidera las encuestas con el 24,3% de intención de voto, se enfrenta a un bloque de fuerzas prorrusas encabezado por el empresario Samvel Karapetián. Pero lo que realmente está en juego no es solo un cambio de gobierno, sino la orientación geopolítica de Armenia: ¿seguirá anclada en la órbita de Moscú o continuará su acercamiento a Occidente?

La campaña, que cerró ayer, ha tenido como telón de fondo el trauma de 2023, cuando Azerbaiyán recuperó Nagorno Karabaj en 24 horas y más de 100.000 armenios étnicos huyeron. Las fuerzas de paz rusas no intervinieron, lo que fracturó la histórica alianza de seguridad con Moscú. Pashinian, que sobrevivió a aquella crisis, ha acelerado su proyecto de normalización con Turquía y Azerbaiyán, y ha dado pasos concretos hacia la Unión Europea. La oposición, agrupada en torno a Armenia Fuerte, cuenta con el respaldo implícito del Kremlin y de los sectores que aún ven en Moscú al protector tradicional. Las encuestas otorgan a Pashinian una ventaja de casi diez puntos, pero la participación será determinante en un país donde la injerencia rusa se extiende de las restricciones comerciales a la amenaza de cortar el suministro de gas.

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El gas como instrumento de presión

Entre las medidas aplicadas por Moscú en las últimas semanas figuran:

  • Prohibiciones fitosanitarias a las importaciones de flores, agua mineral, vino, coñac, frutas y verduras armenias.
  • La amenaza explícita de revisar el precio del gas subsidiado, fijado en 177,5 dólares por cada mil metros cúbicos.

«No permitiremos una segunda cabeza de puente antirrusa en el Cáucaso Sur.» — Vladímir Putin, presidente de Rusia, en declaraciones de mayo de 2026.

Putin ha dejado claro que la pertenencia a la Unión Económica Euroasiática es incompatible con el avance hacia la Unión Europea. La ausencia de Pashinian en la cumbre de la UEE en Astana la semana pasada confirmó la distancia con Moscú. El vínculo no se ha roto, pero está seriamente deshilachado, y el precio del gas se ha convertido en una palanca directa sobre la economía armenia y sobre el bolsillo de los votantes.

Armenia obtiene el 80% de su gas de Rusia. La factura de 177,5 dólares es más de tres veces inferior a la que pagan los países europeos (633 dólares por cada mil metros cúbicos). Si el Kremlin revisara ese precio, la inflación armenia se dispararía y el coste de la calefacción y la electricidad se convertiría en un problema inmediato para millones de familias. La amenaza no es teórica: el propio Pashinian ha reconocido que el acuerdo de 2013 es un contrato vinculante, pero la experiencia de 2020, cuando Rusia no activó sus compromisos militares en Karabaj, pesa en la memoria colectiva.

Occidente apuesta por el Cáucaso Sur sin garantías militares

En paralelo, Estados Unidos y la Unión Europea han intensificado su presencia diplomática. El secretario de Estado Marco Rubio visitó Ereván hace semanas y firmó una Carta de Asociación Estratégica Integral, un memorando sobre minerales críticos y un acuerdo para desarrollar el corredor TRIPP, que conectaría Azerbaiyán con Turquía a través de Armenia. Un mes antes, más de cuarenta líderes europeos participaron en la Cumbre de la Comunidad Política Europea en la propia capital armenia.

Sin embargo, ninguno de estos movimientos ofrece garantías de seguridad ni una perspectiva real de adhesión a la OTAN. El compromiso occidental es, por ahora, económico y diplomático. La pregunta es si eso bastará para contrarrestar la influencia rusa.

Lo que veo en estos comicios es una encrucijada sin opciones fáciles. Si Pashinian revalida su mandato, el acercamiento a Europa puede acelerarse, pero la respuesta rusa podría ser aún más agresiva. Si gana la oposición, el eje se reequilibrará hacia Moscú y los acuerdos recién firmados con Occidente podrían congelarse. En cualquier caso, el precio del gas seguirá siendo la variable económica decisiva para los hogares armenios y para la estabilidad del Cáucaso Sur.

🌍 El impacto en España y Europa

Para la Unión Europea, y también para España, estas elecciones no son un asunto lejano. Un giro armenio hacia Occidente reforzaría la diversificación energética europea, debilitando la dependencia del gas ruso y fortaleciendo corredores alternativos como el Southern Gas Corridor, del que España es consumidor indirecto a través del mercado único. Además, el precio del gas —si Rusia lo revisara— podría elevar las tensiones en los mercados globales de energía, con un eventual efecto al alza sobre los precios mayoristas europeos y los costes de la electricidad en la Península. En un contexto de precios energéticos ya tensionados, cualquier revisión al alza del precio del gas ruso a Armenia podría repercutir en las cotizaciones internacionales y, por tanto, en la factura de la luz en España. La estabilidad del Cáucaso Sur es, cada vez más, una variable de la seguridad energética europea.


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