Amazon ha encendido la mecha de la guerra de las entregas en España. Durante la cumbre Delivering the Future celebrada en Londres, la compañía presentó un nuevo algoritmo basado en inteligencia artificial que ya permite envíos en apenas dos horas en Madrid y que en 2026 se expandirá a 25 ciudades europeas. La jugada, adelantada por El Confidencial, es mucho más que una mejora de velocidad: es un órdago en toda regla a operadores tradicionales y plataformas rivales.
Claves de la operación
- La inteligencia artificial que adivina tus compras. El algoritmo anticipa lo que vas a pedir en función de tu historial, las compras de tu barrio y los picos de consumo. La mercancía se preposiciona en almacenes urbanos antes de que hagas clic, reduciendo el trayecto a pocos kilómetros.
- De tienda online a sistema operativo logístico. Amazon Supply Chain Services quiere repetir la historia de AWS: empaquetar su colosal infraestructura de almacenes, flota y software para vendérsela a cualquier empresa. Grandes como Procter & Gamble ya han empezado a integrarse.
- Presión sobre los gigantes tradicionales y los retailers españoles. Seur, MRW, DHL o UPS ven cómo el gigante de Seattle se convierte en un competidor directo. Mientras, plataformas como El Corte Inglés o Mercadona online se enfrentan a un estándar de entrega que dispara las expectativas del consumidor.
El corazón del sistema es el anticipatory shipping. El nuevo motor analiza tu patrón de compras en tiempo real y cruza esa información con variables externas como la meteorología o la demanda en la manzana de al lado. El resultado es que, cuando pulsas «comprar», el producto ya está a tres kilómetros de tu casa esperando la etiqueta. Amazon ya no se apoya solo en macrocentros en la periferia: está llenando los núcleos urbanos de pequeñas naves de proximidad. Como explican fuentes de la compañía a El Confidencial, el objetivo es que el plazo máximo desde el pago hasta la entrega no supere las tres horas.
La ambición no se detiene en los pedidos propios. El verdadero negocio es vender esa capacidad logística a terceros. La nueva división, bautizada como Amazon Supply Chain Services, aspira a hacer lo mismo que Amazon Web Services (AWS) hizo con los servidores hace veinte años. En 2006, la empresa montó una infraestructura informática colosal para aguantar los picos de Navidad y luego decidió alquilar el excedente a otras empresas; hoy es el pilar más rentable del grupo. Ahora quiere calcar la jugada con las cajas de cartón: que cualquier comercio, desde Shopify hasta Walmart, pueda enviar sus pedidos por la red de Amazon. Para el cliente final, el camión será el de siempre, pero la orquesta la dirigirá el gigante de Seattle.
Este movimiento dispara la tensión en el sector logístico europeo. Operadores como DHL, UPS o FedEx, que durante años han dominado el transporte de mercancías, se enfrentan a un rival que controla datos en tiempo real y recalcula rutas al instante. La ventaja competitiva de Amazon no está en sus furgonetas Rivian ni en sus aviones de carga —aunque posee la tercera mayor flota aérea del mundo—, sino en la anticipación. Un transportista convencional trabaja con previsiones estáticas; el algoritmo de Amazon aprende y corrige sobre la marcha. En España, la noticia añade presión a empresas como Seur o MRW, que ya compiten contra la todopoderosa red de centros logísticos que el gigante ha desplegado desde que abrió su primer almacén en San Fernando de Henares en 2011.
En paralelo, el nuevo estándar de entrega va a transformar el comercio electrónico local. Las plataformas españolas que no igualen las dos horas verán cómo sus clientes migran a Amazon. El Corte Inglés ha reforzado su servicio de entrega en el día y Mercadona avanza en su supermercado online, pero ninguna dispone aún de una red de almacenes urbanos del calibre de la que está tejiendo el gigante estadounidense. Mientras tanto, los fabricantes de bienes de consumo como Procter & Gamble o 3M ya han empezado a externalizar su logística con Amazon, convencidos de que una sola compañía que gestione toda la cadena es más eficiente que coordinar varios transportistas.
Amazon ha decidido que ya no necesita que compres en su plataforma: quiere que todo pedido, venga de donde venga, viaje por su red.
Amazon ya no es una tienda: quiere ser la infraestructura de todo el comercio electrónico
La lógica es aplastante porque la factura de la inversión ya está pagada. Durante los últimos diez años, el CEO Andy Jassy ha enterrado miles de millones de dólares en automatización, flotas y software para que la maquinaria aguante los picos de Black Friday o Navidad. El resto del año, sobra capacidad. Convertir esa infraestructura ociosa en un servicio para terceros es, en esencia, la misma estrategia que convirtió a AWS en un monstruo de 90.000 millones de dólares anuales. La diferencia es que ahora el activo no son los servidores, sino los camiones, los aviones y los mini centros urbanos que están apareciendo en las grandes capitales europeas.

En el evento de Londres, la compañía también anunció Add To Delivery, una función que permite añadir productos a un pedido ya en camino y que aterrizará en España a lo largo de 2026. Es otra forma de engrasar la máquina: cada clic adicional rentabiliza la ruta. Además, Amazon Now, un servicio experimental que en treinta minutos lleva comida o productos de primera necesidad, ya opera en zonas de Reino Unido y Estados Unidos. El objetivo es que la entrega ultrarrápida llegue a pueblos y pequeñas ciudades. En su mercado natal, la compañía invertirá 4.000 millones de dólares para reforzar la presencia en áreas rurales, una promesa que de momento no se ha extendido explícitamente a la España vaciada.
La presión competitiva sobre el sector logístico y el comercio online español
El aterrizaje de este algoritmo en el mercado español es un desafío directo para los operadores tradicionales, pero también una oportunidad para los fabricantes. La propuesta es irrechazable para una marca: le das las llaves de toda tu cadena de suministro a una sola empresa y te olvidas de pelear con cuatro transportistas. El riesgo, sin embargo, es la dependencia total. Si Amazon se convierte en el sistema operativo de las furgonetas, cualquier fallo en su infraestructura colapsa el comercio de cientos de compañías. Además, Bruselas observa con lupa. La misma arquitectura predictiva que acorta los envíos utiliza datos personales de forma masiva, y los reguladores europeos podrían escudriñar si el algoritmo discrimina o abusa de su posición dominante.
En España, la empresa ya tiene 28 centros de distribución y logística, una red que crece año tras año. El despliegue de los microalmacenes urbanos será la próxima frontera. Ciudades como Barcelona, Valencia o Sevilla tienen todos los números para ser las siguientes en disfrutar —o padecer— entregas en dos horas. Para los consumidores, la promesa es tentadora; para la competencia local, un nuevo examen de resistencia.
Amazon no gana dinero por ser más rápido que nadie: gana dinero por convertir la velocidad en un producto empaquetado que vende a los demás. La pregunta que deja el anuncio de esta semana es si el ecosistema minorista español está preparado para moverse tan rápido como el propio gigante, o si acabará alquilando espacio en sus camiones para no quedarse fuera.





