La tensión comercial entre Brasil y EE.UU. escala: Trump amenaza con aranceles del 25% y Lula arremete contra Rubio

La amenaza de Washington de imponer aranceles del 25% a las exportaciones brasileñas desata la furia de Lula, que acusa a Marco Rubio de despreciar a Latinoamérica. Brasil prepara represalias en pleno año electoral.

La tensión comercial entre Brasil y Estados Unidos ha dado este jueves un nuevo salto cualitativo. Washington ha amenazado con imponer aranceles adicionales del 25% a las exportaciones brasileñas, y la respuesta de Luiz Inácio Lula da Silva no se ha hecho esperar. He analizado los detalles y, francamente, veo un patrón que se repite, apenas un año después de que Donald Trump utilizara los gravámenes como herramienta de presión política contra el gigante sudamericano.

La amenaza arancelaria y la contundente respuesta de Lula

El argumento esgrimido por Estados Unidos son «prácticas desleales» en el intercambio comercial. Un eufemismo, en muchos sentidos, de lo que parece una escalada calculada. Lula no ha tardado en personalizar el conflicto: ha arremetido directamente contra Marco Rubio, el secretario de Estado, a quien acusó de despreciar a América Latina.

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«Ya le dije a Trump que a Marco Rubio no le gusta Latinoamérica y mucho menos Brasil. Es un latinoamericano frustrado», — Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, 5 de junio de 2026.

La frase resume el deterioro de una relación que, hasta hace poco, Lula describía como un «amor a primera vista» con Trump. El presidente brasileño ha redoblado su advertencia: «Vamos a luchar para que este país no sea tratado como una republiqueta insignificante. Somos muy grandes y tenemos mucha historia». Brasil, en efecto, no es una economía menor: es el principal socio comercial de la UE en la región y un exportador neto de materias primas, alimentos y productos industriales.

Un precedente incómodo: los aranceles del 50% de 2025

No es la primera vez que Trump utiliza los aranceles como arma geopolítica contra Brasilia. Hace un año, en vísperas del juicio al expresidente Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023, la Casa Blanca impuso gravámenes del 50% a los productos brasileños con una motivación exclusivamente política. Entonces, el argumento fue la defensa del ex capitán del Ejército, aliado incondicional de Trump. Ahora, con Flávio Bolsonaro —hijo del exmandatario— como candidato presidencial de la ultraderecha en las elecciones de octubre, el patrón reaparece.

Me detengo en este punto porque la repetición del modus operandi no es casual. La economía brasileña, que creció un 2,5% en el primer trimestre y ha contenido la inflación en el 4,1%, puede absorber aranceles puntuales sin una crisis inmediata. Pero la señal es inquietante: Washington instrumentaliza el comercio bilateral para interferir en la política interna del mayor país latinoamericano.

Lo que veo en esta escalada: un patrón de coerción económica

Desde mi perspectiva, la amenaza de aranceles del 25% no responde a desequilibrios comerciales objetivos —el déficit de EE.UU. con Brasil es moderado y centrado en materias primas—, sino a una lógica de poder. Es la misma lógica que Trump ha aplicado con China y que ensayó con México: vincular el acceso al mercado estadounidense al comportamiento político interno de los socios. El riesgo es una guerra comercial en toda regla. Si Brasil responde con una subida selectiva de aranceles sobre bienes industriales estadounidenses, como ha sugerido su equipo económico, la Organización Mundial del Comercio podría quedar desbordada. Y en pleno ciclo de reshoring y reconfiguración de cadenas de suministro, cualquier interrupción adicional en los flujos de materias primas, desde el mineral de hierro hasta la soja, tendrá un efecto inflacionista global.

De hecho, el real brasileño se ha depreciado un 0,8% en la sesión, reflejando la cautela de los mercados ante una posible guerra comercial. Lo más relevante para el inversor europeo es que la tensión comercial Brasil-EE.UU. añade una prima de riesgo geopolítico a los activos emergentes. Veo a Brasil atrapado entre dos frentes: la presión proteccionista del Norte y la necesidad de cerrar un acuerdo UE-Mercosur que lleva años estancado. Cada escalada verbal aleja la posibilidad de un entorno comercial estable.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España, el efecto más inmediato no está en los aranceles en sí, sino en la incertidumbre que generan. Las exportaciones españolas a Brasil, que superaron los 5.000 millones de euros en 2025, podrían ralentizarse si la economía brasileña se ve afectada por represalias y menor inversión. Además, un encarecimiento de las materias primas agrícolas —Brasil es el mayor exportador mundial de soja, café y carne— presionaría al alza los precios de los alimentos en Europa, justo cuando el BCE intenta consolidar la inflación cerca del 2%. Por último, el terremoto diplomático complica cualquier avance en el acuerdo comercial UE-Mercosur, una prioridad para la diplomacia española. De momento, la única certeza es que, en un año electoral brasileño, la Casa Blanca ha encontrado en los aranceles una palanca para influir en el resultado. Y eso es un mal precedente para todos.


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