Raoul Pal no es un criptoevangelista al uso. Fue responsable de ventas de fondos de cobertura europeos en Goldman Sachs antes de fundar Real Vision, y su mirada sobre bitcoin viene del mundo macro, no del foro de Reddit. Esta semana, ante el aluvión de voces que aseguran que las criptomonedas han perdido fuelle frente a las tecnológicas, ha respondido con un solo gráfico y dos cifras. El resultado desmonta la narrativa de que ‘cripto está muerto’.
Desde el mínimo del ciclo de liquidez de 2022 —marcado por el colapso de FTX, que llevó a bitcoin a rozar los 15 700 dólares en noviembre— bitcoin ha subido alrededor de un 318 %. En ese mismo periodo, el índice Nasdaq 100 ha avanzado un 187 %. Una diferencia de 131 puntos porcentuales que Pal, ahora al frente de Global Macro Investor, exhibe como prueba de que el dinero no está migrando hacia las acciones tecnológicas, sino que se mueve al compás de los ciclos de liquidez global.
La respuesta de Pal llega en un momento delicado para los mercados. Más de 500 000 millones de dólares se esfumaron de la renta variable estadounidense en apenas veinte minutos durante una sesión reciente, con los inversores inquietos ante una Reserva Federal que podría endurecer su política monetaria y unas negociaciones estancadas entre Irán y Estados Unidos. El S&P 500 y el Dow cedían terreno, y los datos de empleo privado de ADP —122 000 puestos netos en mayo, por encima de lo esperado— dejaban margen a la Fed para seguir apretando las tuercas.
“La narrativa de que las criptomonedas están muertas y todo el capital fluye hacia las tecnológicas es atractiva, pero estos son los resultados reales desde el mínimo del ciclo de liquidez de 2022”, escribió Pal en su cuenta de X. El exdirectivo sostiene que los ciclos de liquidez, y no las modas narrativas, son el verdadero motor de los precios de los activos. Una idea que lleva defendiendo desde 2005 y que considera refrendada por el rendimiento de bitcoin incluso después de una corrección severa: el token ha llegado a caer un 50 % desde máximos, y las altcoins hasta un 80 %, según el propio Pal.
En el momento de escribir estas líneas, bitcoin cotiza en torno a los 65 800 dólares, muy lejos de los 126 080 que marcaron su récord histórico. Su capitalización de mercado aún supera los 1,3 billones de dólares, pero la caída desde el pico ha reavivado voces agoreras. El temor a que la inteligencia artificial y los fabricantes de chips hayan drenado el apetito especulativo es real para algunos analistas, pero Pal rebate: bitcoin se negocia con descuento respecto a las condiciones de liquidez que proyectan sus modelos, y apunta a un objetivo mayor una vez que las condiciones financieras vuelvan a relajarse.
La corrección actual no es el fin del ciclo, sino la pausa que los mercados necesitan para alinear expectativas con la realidad de un entorno de tipos altos.
La relación entre bitcoin y el Nasdaq se ha estrechado en el último año, un vínculo de doble filo. Cuando el índice tecnológico baja, bitcoin suele amplificar los movimientos. No obstante, la brecha de rentabilidad desde 2022 sugiere que, a largo plazo, la criptomoneda ha sabido desmarcarse. “El comportamiento de bitcoin en ciclos de liquidez expansivos no es nuevo”, recuerdan desde la firma de análisis on-chain Glassnode. “Lo relevante es que, incluso con la volatilidad de los últimos meses, la tendencia sigue siendo de acumulación institucional”.
Más allá del gráfico: por qué importa la disputa de narrativas
El cruce de argumentos entre Pal y los escépticos no es solo un choque de egos. Toca la fibra de cómo se valora bitcoin cuando convive con un nuevo paradigma tecnológico. Si el dinero está entrando en la inteligencia artificial y dejando de lado los activos digitales, el potencial de bitcoin como reserva de valor a largo plazo se resiente. Pero si los datos de Pal son correctos y es la liquidez global la que empuja a ambos, entonces la corrección actual sería una oportunidad de compra, no una señal de salida.
Los críticos señalan que el ex de Goldman ha elegido el punto más bajo exacto del mercado —el suelo posterior a FTX— para calcular los porcentajes. Es cierto que, a partir de ahí, cualquier activo de riesgo rebota con fuerza. Aun así, la ventaja de bitcoin sobre un índice tan representativo como el Nasdaq se mantiene incluso suavizando la base de cálculo: otros mínimos locales dentro del mismo ciclo arrojan diferencias de dos dígitos a favor de la criptomoneda.
Pal no está solo. Analistas como los de Trading Economics reconocen que los datos de empleo privado de mayo, mejores de lo esperado, dan argumentos a la Fed para mantener los tipos altos mientras lucha contra la inflación. Eso presiona las valoraciones de las tecnológicas y, por extensión, de los activos de riesgo. En ese contexto, el margen de bitcoin para recuperar terreno cuando las condiciones monetarias se relajen sigue siendo amplio.
Cripto y tecnológicas: el falso dilema de la liquidez
Lo que el gráfico de Pal no muestra es la complejidad de los flujos de capital, y él mismo lo sabe. Pero la tesis de fondo es sencilla: los ciclos de liquidez, y no las historias del momento, dictan los grandes movimientos. En 2022, la Reserva Federal y otros bancos centrales drenaron liquidez para combatir la inflación. En 2026, la expectativa de un giro moderado devuelve el atractivo a activos como bitcoin.
La ironía es que esta disputa se repite cada vez que el mercado cripto corrige. Ya ocurrió en 2018, cuando el llamado ‘criptoinvierno’ hizo creer a muchos que el sector nunca se recuperaría. Y en 2022, tras el colapso de Terra y FTX, la narrativa de la muerte de las criptomonedas se instaló con fuerza. Sin embargo, el dato de Pal —un 318 % de revalorización desde aquel suelo— es un recordatorio de que, en finanzas, la memoria suele ser más corta de lo que conviene.
Mientras tanto, la correlación entre bitcoin y el Nasdaq sigue evolucionando. Para el inversor medio, la lección es doble. Por un lado, el dato de Pal invita a no dar por muerto un activo solo porque corrija. Por otro, advierte de que la alta volatilidad de bitcoin puede amplificar las caídas bursátiles, y que los gráficos de rentabilidad pasada, por muy vistosos que sean, no garantizan el futuro. En este tira y afloja de narrativas, la liquidez manda, y las decisiones del banco central estadounidense serán, una vez más, el juez último.




