Barcelona eliminará las bicicletas compartidas en 2026 por el uso masivo de turistas

Collboni argumenta que el servicio apenas lo usa el 10% de los residentes y que el espacio público debe priorizar al vecino. Las empresas de bicisharing tendrán que retirar sus flotas antes de que caduquen los permisos este año.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Ayuntamiento de Barcelona no renovará las 3.500 licencias de bicicletas de uso compartido privadas. La decisión se debe al uso casi exclusivo por turistas (90%) y a las más de 5.500 sanciones acumuladas desde enero de 2025.
  • ¿Quién está detrás? El alcalde Jaume Collboni, que defiende priorizar el espacio público para los residentes y potenciar el servicio municipal Bicing (8.000 bicicletas y 170.000 abonados).
  • ¿Qué impacto tiene? Las empresas de bicisharing (Donkey Republic, RideMovi y otras) tendrán que retirar sus flotas de la calle a lo largo de 2026. Los turistas perderán la opción de alquiler ocasional, y se espera una mayor presión sobre el Bicing y los negocios de alquiler locales.

Barcelona eliminará las licencias de bicicletas compartidas de uso privado. El alcalde Jaume Collboni anunció este jueves que el consistorio no renovará los 3.500 permisos que permiten operar a empresas de bicisharing en la ciudad, argumentando el mal uso, la saturación turística y el elevado número de sanciones acumuladas.

Las 3.500 bicicletas compartidas desaparecerán de Barcelona antes de final de año

La medida supone un golpe directo a los operadores de bicicletas compartidas privadas, que desde 2021 contaban con permisos del Ayuntamiento para ofrecer alquileres por minutos. Compañías como Donkey Republic o RideMovi, que concentran la mayor parte de esas 3.500 licencias, tendrán que retirar sus vehículos de las calles progresivamente a lo largo de 2026, cuando caduquen las autorizaciones vigentes.

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El anuncio se produjo en una entrevista en Catalunya Ràdio, donde Collboni defendió que la ciudad ‘debe proteger mucho el espacio público’ y priorizar al residente frente al visitante. ‘Ha habido un desconcierto, ha habido un mal uso, y la ciudad de Barcelona debe proteger mucho el espacio público’, subrayó el alcalde.

Turistas, el 90% de los viajes y más de 5.500 sanciones

El detonante de la retirada de estas bicicletas son dos cifras elocuentes. En primer lugar, apenas el 10% de los usuarios son residentes; el 90% restante son turistas. En segundo lugar, desde enero de 2025 se han impuesto 5.500 sanciones relacionadas con el servicio, principalmente por estacionamiento indebido y circulación fuera de zonas permitidas.

La apuesta municipal pasa por reforzar el Bicing, el sistema público que ya cuenta con cerca de 8.000 bicicletas (5.000 eléctricas), 74 estaciones y 170.000 abonados, según los datos aportados por Collboni. Para el consistorio, este modelo garantiza un uso más ordenado y orientado exclusivamente al vecindario.

La decisión supone un giro radical: es el primer gran ayuntamiento español que elimina un servicio de micromovilidad compartida por el uso turístico.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El adiós a las bicicletas compartidas privadas tiene un impacto inmediato en dos frentes. Por un lado, los operadores comerciales ven cómo se esfuma su negocio en Barcelona, una de las ciudades europeas con mayor densidad de viajeros. Por otro, los turistas que se desplazaban en estas bicis azules y naranjas —muchos sin conocer las normas locales— se quedarán sin esa alternativa, lo que puede trasladar presión al transporte público o a los negocios tradicionales de alquiler de bicicletas del Eixample y Ciutat Vella.

La zona cero es, sobre todo, el centro histórico y los barrios más turísticos. Allí las aceras se llenaban de bicicletas mal aparcadas, una imagen que ha colmado la paciencia vecinal. El Ayuntamiento da un paso que recuerda a la prohibición de patinetes turísticos en París en 2023, aunque en aquel caso fue una consulta ciudadana la que forzó la medida. En Barcelona, la decisión nace directamente del equipo de gobierno, que no ha abierto un proceso participativo específico pero sí enmarca la medida en su política de limitación de pisos turísticos y otras restricciones al visitante.

La lectura estratégica es clara: el consistorio refuerza su apuesta por el Bicing metropolitano como pilar de la micromovilidad y envía un mensaje contundente a otras ciudades españolas que lidian con la saturación de bicicletas compartidas. El precedente histórico no es menor: Barcelona fue pionera en 2007 con el Bicing, y ahora vuelve a marcar territorio al dar marcha atrás en la vertiente privada del modelo. El pulso con los operadores está servido, aunque el margen legal para recurrir es escaso si las licencias caducan sin renovación.

Lo que observamos es que la medida alivia la presión sobre el espacio público en el centro, pero deja sin una opción cómoda y barata a miles de turistas que, probablemente, acaben usando el Bicing (aunque requiere registro y está pensado para residentes) o los servicios de VTC. La ciudad se juega una convivencia más ordenada a costa de un servicio que, bien regulado, podía haber sido un complemento. La próxima ventana crítica será la retirada efectiva de las flotas, que fuentes municipales sitúan en el último trimestre de 2026.


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