Wall Street cerró la semana con todos sus índices en máximos históricos. El Dow Jones Industrial Average rebasó los 51.000 puntos por primera vez en su historia y finalizó la sesión del viernes en 51.032,46 puntos, un 0,72% más. El S&P 500 sumó un 0,22% hasta los 7.580,06, y el Nasdaq Composite avanzó un 0,2% hasta los 26.972,62. Alentado por el rally de la inteligencia artificial y la posible tregua en Oriente Medio, el mercado encadenó su novena semana consecutiva de ganancias, algo que no se veía desde 2019.
Dell dispara el apetito por la inteligencia artificial
El principal catalizador del viernes fue Dell Technologies. La compañía presentó unos resultados trimestrales que batieron todas las expectativas y elevó sus previsiones anuales, impulsada por la demanda de infraestructura para IA. Las acciones de Dell se dispararon casi un 33% en la sesión, la mayor subida diaria de su historia.
El efecto se extendió de inmediato a otros valores vinculados a la inteligencia artificial. Micron Technology, fabricante de memorias para centros de datos, avanzó alrededor del 5%, mientras que Qualcomm sumó un 3%. El Technology Select Sector SPDR Fund, el principal ETF del sector, cerró la semana en máximos de 52 semanas tras acumular una subida cercana al 20% en mayo.
Software como Snowflake también se benefició del optimismo sobre el gasto empresarial en IA, después de que sus resultados reforzaran la tesis de que la revolución tecnológica aún tiene recorrido.
No todo fue verde. El segmento de servicios de comunicación cayó arrastrado por Alphabet, y el consumo básico retrocedió con Costco y Walmart a la baja. Las automovilísticas también cedieron terreno después de que la administración Trump planteara elevar al 82% el contenido regional para acogerse al nuevo tratado comercial de Norteamérica.
El petróleo cede y el optimismo geopolítico gana terreno
A la calma que trajo la IA se sumó un alivio inesperado en el frente geopolítico. Los mercados reaccionaron a los informes de que Estados Unidos e Irán habían alcanzado un memorando de entendimiento de 60 días para prorrogar el alto el fuego y reabrir el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial.
El presidente Trump aseguró que tomaría una decisión definitiva sobre el acuerdo en una reunión en la Sala de Situación, pero adelantó que Irán debe comprometerse a no desarrollar armas nucleares y a reabrir el tráfico marítimo de inmediato. Los futuros del petróleo West Texas Intermediate cayeron un 1,73%, hasta los 87,36 dólares por barril, y el Brent bajó un 1,77% hasta los 92,05 dólares.
La IA y la tregua con Irán han convertido a mayo en uno de los meses más rentables para Wall Street en años.
¿Tiene fuelle este rally?
A pesar del entusiasmo, conviene no bajar la guardia. La inflación de abril aceleró al mayor ritmo en tres años y el PIB del primer trimestre fue revisado a la baja hasta una tasa anualizada del 1,6%. Un cóctel que, en teoría, invita a la prudencia.
Varios miembros de la Reserva Federal ya han advertido de que la presión inflacionista ligada a la energía podría no ser pasajera. Jeffrey Schmid, presidente de la Fed de Kansas City, señaló que el último shock energético puede durar más de lo previsto, mientras que Michelle Bowman, vicepresidenta de Supervisión, apuntó que una inflación persistente obligaría a endurecer la política monetaria.
El mercado de futuros, sin embargo, descuenta tipos estables durante la mayor parte del año, aunque no descarta una subida de 25 puntos básicos en diciembre. A mi juicio, el mercado está descontando demasiado pronto la calma geopolítica; la decisión de Trump es una incógnita y el riesgo de un repunte del petróleo sigue ahí.
En este escenario, Wall Street ha decidido centrarse en lo positivo: una tecnología que promete productividad récord y un conflicto que podría desactivarse. La pregunta es cuánto de ese optimismo es real y cuánto es simple momentum. Por ahora, los números cantan: el Nasdaq subió más del 8% en mayo, el S&P 500 un 5% y el Dow casi un 3%.




