Los futuros de los principales índices de Wall Street amanecen hoy prácticamente planos, una pausa después de que el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq Composite marcaran ayer nuevos máximos históricos. La sesión del miércoles fue una tormenta de optimismo impulsada por dos factores: el avance hacia un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán que, según fuentes cercanas, solo espera la firma del presidente Trump, y la inesperada moderación de la inflación subyacente en abril, que refuerza la narrativa de un aterrizaje suave.
Los futuros del Dow Jones caen un 0,03%, los del S&P 500 permanecen estables y los del Nasdaq 100 avanzan un leve 0,05%. Esta calma tras el huracán escondía cierta cautela entre los inversores, que no quieren perder el tren alcista pero temen una recogida de beneficios en cualquier momento.
Acuerdo con Irán: el catalizador que encendió los récords
La Casa Blanca y Teherán han intensificado los contactos en las últimas semanas, y varios medios apuntan a que el texto del acuerdo está prácticamente cerrado. El eje central pasa por la desnuclearización progresiva de Irán a cambio de un alivio completo de las sanciones, incluida la reapertura de sus exportaciones de crudo. Para Wall Street, la señal es clara: menos riesgo geopolítico en Oriente Medio significa más estabilidad para los mercados energéticos y para las cadenas de suministro globales.
El petróleo Brent, de referencia en Europa, cayó ayer por debajo de los 80 dólares por barril, una cota psicológica que no se rompía desde hace semanas. Las acciones de empresas de energía renovable y de logística marítima también se vieron favorecidas por la perspectiva de un canal de Suez más tranquilo y de fletes más baratos.
Sin embargo, la firma de Trump sigue siendo el último obstáculo. Aunque el presidente ha expresado en público su deseo de sellar un pacto, aún debe sortear las resistencias internas de su propio partido y los recelos de Israel, que sigue los acontecimientos con malestar. «!– /wp:paragraph –>
La inflación da un respiro y allana el camino a la Reserva Federal
El otro motor del rally del miércoles fue el dato de inflación subyacente de abril. El índice de precios del gasto en consumo personal (PCE, por sus siglas en inglés), la medida favorita de la Fed, subió un 0,2% frente al 0,3% esperado, y la tasa interanual se moderó al 2,6%. Fue la sorpresa que el mercado necesitaba para creer que el banco central estadounidense podrá empezar a bajar los tipos de interés antes de final de año.
Los futuros de los fondos federales reflejan ahora una probabilidad superior al 70% de un primer recorte de 25 puntos básicos en la reunión de septiembre, frente al 50% de hace apenas una semana. La rentabilidad del bono del Tesoro a diez años cayó hasta el 4,12%, y el dólar se debilitó frente a las principales divisas. Todo ello pinta un cuadro clásico de «risk on»: acciones al alza, bonos al alza y materias primas a la baja.

Un rally con pies de barro: los riesgos que la euforia ignora
Mi lectura es que el mercado se mueve por dos hipótesis optimistas que, si fallan, podrían provocar una corrección incómoda. La primera es que el acuerdo con Irán se firme y se ejecute sin contratiempos. Por ahora, solo hay promesas. La segunda es que la inflación siga una senda descendente sin interrupciones, algo que ni la propia Reserva Federal se atreve a garantizar.
Esta sensación de complacencia se refleja en el mercado de opciones, donde el índice VIX, el denominado «termómetro del miedo», ha caído por debajo de 14. Históricamente, niveles tan bajos de volatilidad preceden a sobresaltos inesperados. No estoy anticipando un crash, pero sí me parece prudente recordar lo que ocurrió en 1998, cuando un exceso de confianza similar llevó a un desplome en otoño tras la crisis de Rusia y el colapso de Long-Term Capital Management.
También hay que considerar el calendario político. A medida que nos acerquemos a las elecciones legislativas de noviembre, el debate fiscal volverá al primer plano. La deuda pública estadounidense sigue escalando y, con los tipos aún en niveles restrictivos, el coste de los intereses alcanza ya los 1,1 billones de dólares al año. Un Congreso dividido podría poner en duda la sostenibilidad de las cuentas públicas y hacer saltar las alarmas.
El mercado compra el rumor con entusiasmo, pero no conviene olvidar que la realidad siempre pasa factura.
En cualquier caso, la tendencia de fondo sigue siendo alcista mientras la economía no entre en recesión y los beneficios empresariales aguanten. La clave estará en los próximos datos macro y en la evolución de la firma presidencial. Si el acuerdo con Irán se firma antes del fin de semana, podríamos ver otro tramo de subidas. Si se tuerce, el atracón de optimismo encontrará su resaca.





