Autónomo, gestor o borrador: más del 50% de las declaraciones de la renta contienen fallos ocultos

La abogada Ariadna López revela que la mitad de los borradores de Hacienda omiten deducciones clave. Para optimizar la renta, aconseja revisar con lupa los gastos diarios, cambios familiares y plazos, evitando el costoso error de aceptar a ciegas.

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Cada primavera, cientos de miles de autónomos se enfrentan al mismo ritual: abrir el borrador, echarle un vistazo y pulsar aceptar. O llamar al gestor de toda la vida y asumir que ya se encargará. En ambos casos, el resultado suele ser el mismo: una declaración correcta sobre el papel pero con dinero dejado encima de la mesa.

Según Ariadna López, abogada, más del 50% de los borradores que emite Hacienda están mal, o más exactamente, no están optimizados. La diferencia es importante. No siempre se trata de errores que hacen cambiar el signo de la declaración, pero sí de deducciones ignoradas que, acumuladas, suponen un gasto real. Para el autónomo, donde cada euro deducible cuenta, ese descuido puede doler especialmente.

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Autónomo: El error más caro es el que nadie ve

Autónomo: El error más caro es el que nadie ve
Fuente: agencias

El primer grupo de afectados es el más numeroso: quienes aceptan el borrador sin profundizar. Hacienda construye ese documento con la información que tiene, pero no sabe si el contribuyente paga un gimnasio con prescripción médica, si ha hecho donativos a una ONG, si tiene un familiar con grado de dependencia o si vive de alquiler en una comunidad autónoma que contempla deducciones por ello. Nadie va a llamar para decirlo.

El segundo grupo es el de quienes delegan en un gestor. Aquí la trampa es más sutil. Un buen profesional conoce las grandes partidas, las que pesan más: hijos a cargo, hipoteca, régimen fiscal del autónomo. Pero el día a día se le escapa. López lo vivió en primera persona: en su boda decidió hacer un regalo benéfico a todos los invitados y su gestor jamás le preguntó si quería incluir esa donación en la renta. No lo hizo. Ese dinero se fue sin pena ni gloria.

El autónomo tiene una exposición especial a estos olvidos porque su declaración es más compleja que la de un asalariado. Deducciones de suministros si trabaja desde casa, gastos de formación, cuotas colegiales o de sindicato, material profesional. Son partidas que exigen proactividad, no pasividad. Esperar a que el gestor lo pregunte o a que Hacienda lo recuerde es, en la práctica, regalar dinero.

Cambios de vida que cambian la declaración

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Uno de los fallos más frecuentes, y menos intuitivos, tiene que ver con los cambios familiares a lo largo del año. Todo el mundo recuerda apuntar el nacimiento de un hijo o una boda. Pero hay modificaciones menores que pasan desapercibidas y que tienen impacto real: una variación en la pensión de alimentos tras un acuerdo de divorcio, un hijo que cambia de custodia, una madre que adquiere un grado de dependencia reconocido. Para el autónomo que además gestiona su fiscalidad con más variables, ese olvido puede traducirse en una declaración que replica la del año anterior sin reflejar una realidad que ya cambió.

Lo mismo ocurre con inversiones, criptomonedas o bienes en el extranjero, un campo donde López ve errores de todo tipo en su consulta diaria. Desde personas que declaran propiedades que no son suyas hasta quienes olvidan que las ganancias obtenidas en plataformas de inversión extranjeras, aunque el broker no sea español, deben reflejarse en la renta. El autónomo que diversifica su patrimonio más allá del negocio principal necesita revisar estas partidas con especial cuidado.

Otro punto que genera confusión año tras año es la declaración conjunta con la pareja. La creencia generalizada es que siempre sale más cara que la individual, pero no siempre es así. Depende de los ingresos de cada miembro de la unidad familiar, de las deducciones aplicables y de la comunidad autónoma. Hacer los dos borradores y comparar antes de decidir es un paso que cuesta poco tiempo y puede suponer una diferencia considerable.

Por último, el error más evitable de todos: la prisa. La campaña de la renta va de abril a finales de junio, y presentar fuera de plazo tiene consecuencias directas. López cuenta el caso de un familiar que tenía derecho a devolución y lo presentó un día tarde. El resultado fue una multa que convirtió los 70 euros que le tocaban en 170 euros a pagar. Para el autónomo, acostumbrado a gestionar plazos fiscales a lo largo de todo el año, este debería ser el aviso más innecesario. Y sin embargo, cada campaña se repite.


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