La administración estadounidense ha decidido trasladar la estética del poder directamente a las carteras de los ciudadanos. En un movimiento que desafía una tradición legal y procedimental de más de siglo y medio, altos cargos políticos del Departamento del Tesoro han presionado de manera sistemática a la Oficina de Grabado e Impresión (BEP) para diseñar un billete de 250 dólares con el retrato de Donald Trump. El proyecto, revelado por The Washington Post, supondría la primera vez que un individuo vivo aparece en el papel moneda de los Estados Unidos desde el año 1866, rompiendo un tabú histórico en la iconografía institucional del país.
Detrás de este empeño se sitúan dos figuras clave de la confianza presidencial dentro del Tesoro: el tesorero de los Estados Unidos, Brandon Beach, y su asesor sénior, Mike Brown. Ambos funcionarios han exigido de forma reiterada a los técnicos de la agencia monetaria la elaboración de prototipos basados en un boceto encargado al pintor británico Iain Alexander. El diseño incluye el rostro de Trump flanqueado por su propia firma y la del secretario del Tesoro, Scott Bessent, todo ello decorado con los colores de la bandera estadounidense y un logotipo conmemorativo del próximo cuarto de siglo de la fundación del país.
Un pulso burocrático que fulmina a la cúpula del Tesoro
La propuesta no ha estado exenta de un crudo conflicto interno en los despachos de Washington. La directora de la oficina de impresión, Patricia «Patty» Solimene —una veterana del Ejército y la primera mujer en ocupar el cargo—, lideró la resistencia técnica frente a las exigencias de los líderes políticos. Solimene advirtió de que la producción de un billete de alta denominación requiere entre seis y ocho años de coordinación con la Reserva Federal y el Servicio Secreto, además de carecer de cobertura legal. El pulso concluyó el pasado mes de abril con la destitución y reasignación forzosa de la directora, quien se despidió de sus subordinados con un rotundo mensaje: «El dinero se detuvo aquí» (The buck stopped here), en alusión a su negativa a saltarse las normas.
El vacío dejado por Solimene ha sido asumido de forma interina por el propio Mike Brown, el cargo político que impulsaba los bocetos. Desde el punto de vista legal, la ley federal actual es tajante: está estrictamente prohibido retratar a personas vivas en los billetes, una norma aprobada en el siglo XIX después de que un burócrata del Tesoro imprimiera su propia cara en una moneda de cinco centavos. Aunque existe un proyecto de ley en el Congreso introducido por el republicano Joe Wilson para autorizar esta excepción, la norma se encuentra actualmente estancada en las comisiones de la Cámara de Representantes.
La firma del presidente ya está en las imprentas
A pesar de las trabas para sacar adelante el diseño de los 250 dólares, la Casa Blanca ya ha logrado un hito inédito en las rotativas de Washington. La dirección de la BEP sí consintió la impresión de billetes de 100 dólares que incorporan la firma de Donald Trump. Aunque ninguna ley prohíbe explícitamente que un mandatario estampe su rúbrica en el dinero de curso legal, los expertos confirman que se trata de la primera vez en la historia contemporánea de los Estados Unidos que los billetes corrientes llevarán la firma de un presidente en ejercicio, una distinción reservada tradicionalmente a los secretarios del Tesoro y a los tesoreros de la nación.
Este intento de rediseñar las divisas forma parte de una estrategia mucho más amplia de la Casa Blanca para capitalizar las celebraciones del 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos mediante símbolos de corte personalista. Los planes presidenciales ya incluyen la emisión de pasaportes oficiales con el rostro y la firma de Trump, así como la proyección de un arco de triunfo gigante junto al Cementerio de Arlington. Mientras la diplomacia norteamericana se enfrenta a un contexto internacional volátil, la política doméstica de Washington demuestra que la batalla por el relato cultural también se libra en el diseño del papel moneda que mueve los mercados del mundo.




